Euskal Herria · guerra de clases

División y debate a cara de perro en la izquierda vasca

Están las redes que arden. Llevan ya un tiempo caldeadillas pero el reciente artículo de Eneko Compains en Gara criticando a la recién surgida Gazte Koordinadora Sozialista (bofetón autogestionado juvenil a Ernai y Sortu tras los ataques contra Ikasle Abertzaleak y su actitud destructiva en el conflicto del Gaztetxe Maravillas, entiendo) las está haciendo arder.

Ayer respondía Kolitza con un artículo bastante demoledor y hoy hace lo mismo Borroka Garaia Da!, más o menos en la misma línea aunque con elementos que me gustan incluso más.

Quizá lo más irónico y en cierta manera revelador de todo el entuerto es algo que ambos enfatizan: que si uno lee únicamente Gara, la primera noticia que tendría del surgimiento de GKS sería a través del artículo de Compains, ya que mientras todos los otros medios vascos se hicieron eco de esta rueda de prensa, Gara ni les había mencionado.

Pero hay otro elemento que a mí me fascina incluso más, que es: nación o clase como prioridad. Una de las críticas que hace Compains es precisamente que GKS ni siquiera mencionan en su rueda de prensa “la República Vasca”, a lo que tanto Kolitza como BGD! responden en clave de clase obrera, cada cual con sus palabras e ideas, que no dejand de estar bastante cerca de las mías a decir verdad. El primero enfatiza que los marcos nacionales no son ya funcionales ni para la burguesía ni para el proletariado, que el marco mínimo de actuación para la clase trabajadora vasca es el europeo (no es que no sirva el marco vasco, es que tampoco sirve el marco español de otro proyecto agotado por su nacionalismo: el de Podemos). El segundo es más vasquista quizá en su enmarcamiento pero enfatiza que no se puede simplemente renunciar a la realidad cosmopolita de las ciudades de Euskal Herria. El dato de que uno de cada tres vascos y vascas vive en el Gran Bilbao es algo que he repetido más de una vez yo mismo, ya que se me hace impensable conquistar la emancipación como clase y como nación sin conquistar Bilbo Andia, así como las otras ciudades, una contradicción que la Izquierda Abertzale histórica nunca supo resolver, conformándose con una base principalmente semi-rural incapaz de llevar la revolución vasca adelante.

En definitiva: que el debate se ha encendido y creo que puede ser muy fructífero. Habría mucho más que decir sin duda, pero mejor lo dejo para otra ocasión, que ya hay bastante lectura en los enlaces.

América · guerra de clases

Haití en huelga general, silencio mediático

Como pasa con el democidio en Yemen o Gaza, o incluso las masivas protestas y represión en el vecino estado francés, la situación en Haití no parece ser “newsworthy”, es decir: digna de ser mencionada por los medios del régimen. Sin embargo el país lleva ya meses de protestas continuas exigiendo la dimisión del Presidente Jovenel Moise, cuya elección está plagada de dudas y cuyo gobierno recuerda al de la dictadura de Duvalier, y elecciones limpias. Ahora están en huelga general, el país entero ha parado y salido a la calle.

Haiti2

Fuente: https://www.facebook.com/radioadesalambrar/posts/401811250594817

 

Euskal Herria · fascismo · guerra de clases

Los esclavos mineros del fascismo en Bizkaia

LOS PRESOS DEL BATALLON MINERO Nº 1 DE VIZCAYA.

Cerca de un millar de presos, del llamado Batallón Minero n 1 de Vizcaya, pasaron entre 1937 y 1939 por los Campos de Concentración que formaban el espacio geográfico de las tres localidades limítrofes de Abanto Zierbena, Trapagaran y Galdames, en la “Zona Minera”, para trabajar de forma esclava para las empresas mineras.

Continuar leyendo en: https://cronicasapiedefosa.wordpress.com/2017/10/14/los-presos-del-batallon-minero-no-1-de-vizcaya/

economía · guerra de clases · historia

“No corráis que es peor…!”

Artículo de colaboración para Borroka garaia da! Autor: Iñaki Gil de San Vicente

En nuestro inocente antifranquismo juvenil creíamos que lo peor era echar a correr cuando cargaba la policía o la guardia civil porque si nos quedábamos quietos no nos pegarían ni nos patearían en el suelo, ni nos arrastrarían agarrándonos por los pelos, ni nos detendrían, torturarían y encarcelarían… Dada nuestra virginidad política, y embelesados por la ideología democraticista abstracta, pensábamos que las fuerzas represivas respetarían los «derechos humanos». Muy pronto aprendimos que lo mejor era salir corriendo… para organizar la defensa y contraatacar. Comprendimos que una manifestación debía organizarse militarmente a pequeña escala, con sus objetivos, estrategias, tácticas de aproximación, avance y protección de flancos, y cómo no, sobre todo de retirada segura. Siempre había que tener una retaguardia. Poco después, descubrimos que los mismos criterios elementales, convenientemente adaptados, servían para toda lucha política, sindical, social, cultural, pacífica, estudiantil, vecinal, no-violenta, de masas, etc., debido al contenido político de lo militar y al contenido militar de lo político. Y con sonrojo nos dimos cuenta que no habíamos inventado el fuego: un necesario baño de humildad.

Pero se nos insistía en que lo mejor era la espera, la no provocación, porque el ruido de sables impedía negociar con la «burguesía democrática». Se nos decía que la impaciencia ultraizquierdista de Rosa Luxemburg al decir que «quien no se mueve no siente las cadenas», sólo reforzaba al búnker porque la gente tenía miedo a la represión y, además, era cierto aquello que «más vale malo conocido que bueno por conocer». La «izquierda» explicaba exultante que ya no existían fuerzas represivas sino «trabajadores del orden», que con un SÍ a la «democracia» resolveríamos todos los problemas; al poco esa «izquierda» disciplinó a sus bases amenazando que «quien se mueve no sale en la foto». Y aceptó y pactó a la baja lo que el capital quiso: unidad española, propiedad privada, continuidad reforzada del Estado terrorista, monarquía e Iglesia – «dios nos lo da, dios nos lo quita», «dios aprieta, pero no ahoga» … ¿y si ahoga? -, amnesia social y mentira histórica, desindustrialización para «entrar» en Europa y empobrecimiento para enriquecer al capital… Un diluvio de hielo apagó en muchos sitios el fuego de la libertad, y el grueso de la izquierda renegó de la esencia político-militar del marxismo.

Desde la segunda mitad de los ’70 el capitalismo lanzó una contraofensiva mundial destinada a recuperar la tasa de ganancia, destrozar a la URSS y derrotar la lucha de clases en su generalidad, en especial a las organizaciones armadas. La amnesia social, el abandono de la teoría y la moda post creada por la industria político-cultural, han extirpado de la historia reciente la tenaz resistencia del proletariado. A la vez, los efectos de la desindustrialización y del fetichismo de la mercancía se sumaron a los del reformismo. Todo ello logró que el capitalismo se recuperara mal que bien sobre un rastro de sangre y devastación, con la euforia del aplastamiento de la URSS ocultando que ello fue debido más a razones internas que externas. La sucesión de subcrisis y crisis parciales cada vez más frecuentes e intensas, fue ignorada por la burguesía y eran ridiculizados los pocos marxistas que advertían de la proximidad de la debacle que, como sabemos, estalló a finales de 2007. En las dos últimas décadas, el capitalismo ha cambiado en sus formas, ha desarrollado contradicciones nuevas y lo que es peor, ha agudizado al extremo su esencial irreconciliabilidad con la vida.

Ahora, sobre este desierto, avanza el neofascismo; la represión ha culminado con éxito el asesinato legal de Oier Gómez; aumenta el número de prisioneras y prisioneros políticos y sociales, y de exiliadas y exiliados; planifica el encarcelamiento de Nines Maestro, María Barriuso y Beatriz y de muchas otras personas de bien, sindicalistas, periodistas, militantes…; ahora, el Estado ha endurecido su ataque a GARA buscando cerrarlo para siempre: se equivocan quienes reducen este golpe a un simple problema de libertad de expresión, lo mismo que se equivocaron quienes simplificaban la brutalidad contra la juventud de Altsasu a un hecho aislado del contexto vasco, o quienes niegan la función estratégica de la ofensiva contra los gaztetxes o la ferocidad patronal contra el movimiento obrero y sindical, o los ataques a la cultura popular vasca; ahora se perciben mejor que nunca antes los límites insuperables de las «nuevas» estrategias, estatutos, partidos, confluencias y ciudadanismos, mareas…

Hay que golpear lo más posible al pueblo trabajador en la medida en que éste se deje, pero las luchas proletarias en Euskal Herria indican que no se deja, o al menos resiste en parte. Hay que aplastar a otros pueblos para saquearlos: la burguesía vasco-española anhela la inmediata «reconquista» de Venezuela. Hay que estrujar la propia tierra vasca y la burguesía se salta sus limitadas leyes medioambientales siempre que puede. Hay que manipular a la población, y EiTB y la prensa se vuelcan con ahínco en ello. ¿Por qué?

Porque la economía ha llegado al límite del crecimiento: así lo dice nada menos que Janet Henry, importante analista burguesa. Scholz, ministro alemán de Finanzas, asegura que se ha acabado la época de las vacas gordas, mientras que China registra la tasa de crecimiento más baja desde 1990. La Eurozona crece un 1,8% en 2018, la tasa más baja en cuatro años, Italia también entra en recesión, Francia se estanca, el Brexit amenaza los cimientos, y, en privado, se reconoce que el crecimiento yanqui es artificial. La prensa española grita alborozada que crece un 2,8% sin reconocer que para la economía convencional un aumento del PIB de entre 2,5% y 3% es ya una «recesión técnica», que ese aumento se sostiene sobre el empobrecimiento masivo, que no aumenta la productividad y que, por no extendernos, el capitalismo estatal español ha retrocedido del puesto 8 en 2009 al 14 en 2017 y se discute si retrocederá al 15 o 16 en 2021. Se nos promete que la tecnociencia nos salvará, pero se rige por tres reglas vitales para el capital: derrotar al proletariado, multiplicar la productividad y el beneficio, y vencer en la guerra cainita interburguesa; luego, si sobra algo y según cuanta presión haga el pueblo, aliviar en algo sus penas.

Pues bien, en este nuevo contexto, se rescata la fracasada estrategia y se nos dice que volvamos a creer en la «democracia» tolerada por el capital como única forma de acción política; que frente al neofascismo y la irracionalidad oscurantista al alza, hay que aglutinar a las «fuerzas de progreso», desde el PSOE a la CUP pasando por el PNV; que no son buenos los radicalismos que asustan a la ciudadanía y que debemos esperar a mejores tiempos, a las famosas «condiciones objetivas» para que entonces y sólo entonces la lucha de liberación nacional de clase dirija desde la calle la acción en los parlamentos españoles por muy autonómicos y forales que parezcan. Mientras tanto, hay que esperar, pactar, consensuar. La capacidad de autoorganización y de creatividad del pueblo debe ser supeditada a la lenta burocracia institucional.

[Nota de Bagauda: el artículo es simplemente demasiado bueno para no reproducirlo integramente, algo que casi nunca hago, en todo caso recordar que el original está AQUÍ].

guerra de clases

2019 será peor que 2018

Pero es probable que sea menos malo que 2020 y 2021… quien no se consuela es porque no quiere.

Sí os deseo lo mejor pero en general sé que irá a peor, a mucho peor. Si bien los gillets jaunes nos dan un atisbo de esperanza, las causas para la desesperanza son mucho mayores, muy en particular la arrogancia criminal de Israel, Turquía y Saudia y el nazismo desatado de Bolsonaro en Brasil. Son años de plomo unidireccionales, llueve plomo desde las alturas y no tenemos paraguas alguno.

Y no tenemos paraguas porque no tenemos apenas organización de clase. Lo más parecido a ésto serían los CDR catalanes quizá pero eso sólo existe en Catalunya, fuera no tenemos nada de tejido socio-político popular de base. Uno tiene que irse a Kurdistán o las tierras zapatistas liberadas para encontra algo parecido. Sí, hay gaztetxes, algún sindicato que igual no está mal del todo, algo de contrainformación, poco más. Todo ello bastante minoritario, la penúltima trinchera de una clase obrera atomizada por el extremismo capitalista que reina feroz, sin el menor complejo, mostrándose cada día más cruel y violento, sin máscara ya casi.

Este año por ejemplo habrá elecciones y serán unas elecciones patéticas porque la izquierda realmente existente está tan a la derecha que much*s no les vamos a poder votar ya ni con pinza. Y la alternativa aún no se ha conformado. Arrasarán la abstención y el voto protesta, PACMA conseguirá escaños por falta de otras opciones.

Es posible que los gillets jaunes se apaguen o resurjan pero es casi imposible que consigan sus objetivos de derrotar a Macron y a la V República. Lo que sí que han conseguido ya es quitarle la careta: el estado europeo por antonomasia, Francia, es un régimen de terrorismo policial apenas maquillado de democracia ritual, que no real. Lo mismo es cierto por partida triple en España por supuesto.

Pero las crisis no se apagarán. Si se extinguen en un sitio, surgirán en otros tres. De nuevo no ganaremos (aún) porque nos falta tejido revolucionario del tipo CDR (comités revolucionarios de barrio y pueblo, contrapoderes no partidistas, sí democráticos y de clase).

Mientras tanto la burguesía seguirá apretando las tuercas, porque al parecer ese es todo su plan: “saquea mientras puedas”. En pocos años eso causará la quiebra radical del sistema imperial occidental (OTAN-plus), empezando quizá por una Unión Europea que claramente no puede apagar ya los propios fuegos que ha iniciado en su interior a base de austericidio democida. No sé si será en 2025 ó 2030 pero lo que está claro para mí es que esto simplemente no va a ninguna parte más que a la crisis más extrema y por lo tanto inevitablemente a algún tipo de revolución.

Si hay suerte lo veremos pero de momento hay que prepararse para lo peor: los jinetes del apocalipsis Trump, Erdogan, Macron y Bolsonaro cabalgan, seguidos de hordas de perros del infierno. Cuidaos mucho este 2019, será un año peligroso.

feminismo · guerra de clases · Kurdistán

El Comunismo concreto (Rojava)

“La institución más básica de la Federación son las comunas de barrios y pueblos, donde vecinas y vecinos se encuentran de forma periódica para compartir sus problemas y buscar soluciones a nivel colectivo. Las comunas son el organismo básico donde se organiza la sociedad”…

Leer más: https://www.regeneracionlibertaria.org/construyendo-la-utopia-un-ano-en-la-comuna-internacionalista-de-rojava

Euskal Herria · guerra de clases · historia · política

Memorias y autocríticas de los viejos autónomos…

Agintea Hausten publica un documento interesantísimo en el que varias personas de lo que fue el movimiento autónomo de Azpeitia reflexionan anónimamente sobre lo que fue aquel período de los 70 y 80 tempranos, LAIA y los Comandos Autónomos Anticapitalistas.

https://aginteahausten.wordpress.com/2018/08/31/autonomos-que-autonomos-la-experiencia-de-gerra-aundi-y-del-movimiento-autonomo-en-azpeitia/

Yo soy de la siguiente generación, la de los gaztetxes y el movimiento antimilitarista, que se mencionan de paso como grandes logros que surgieron fuera de su núcleo, aunque sin duda había una relación un tanto indirecta. Creo que también fueron muy importantes en esa segunda oleada los medios de contrainformación: las radios libres y revistas como el Resiste, etc., sin los que todo lo demás era impensable.

Me parece muy curioso como las personas, casi sin querer, evolucionamos de forma natural hacia la Autonomía, con todas las contradicciones que aparecen en esa conversación, que hago mías en alguna medida, y eso es así, creo, porque la Autonomía es el estado natural del ser humano.

Como se ha reconocido públicamente en más de una ocasión, el difuso y descentralizado Movimiento Autónomo (a menudo ni siquiera llamado así pero sin duda reconocible como tal), ha sido crucial en los desarrollos políticos y sociales de Euskal Herria (y otros muchos lugares) y lo sigue siendo, creando y manteniendo abiertas las contradicciones de la lucha de clases y dando vida a nuestras vidas, empoderándonos mediante la ocupación y la desobediencia.

Mucho queda por hacer sin duda pero ni un paso atrás!