capitalismo · historia · Prehistoria

La evolución de la sociedad de clases

Demasiado a menudo leemos o escuchamos la atribución de todos los males al capitalismo, como si el feudalismo faraónico nos fuera a salvar de algo, como si el capitalismo hubiese inventado la opresión y la explotación… Eso es por falta de conocimiento de la historia y prehistoria, lo que es peligrosísimo.

No podemos culpar de ello al marxismo, Engels en particular hizo un esfuerzo de comprensión de la acumulación histórica y el surgimiento del patriarcado (quizá la primera forma de explotación y opresión), de la formación del estado mismo como entidad inevitablemente oligárquica a partir de las élites militares. A veces critico a quienes blanden “El Origen…” como verdad última (porque no es conocimiento actualizado sino de hace siglo y medio, y además el 90% del mérito no es de Engels sino del olvidado antropólogo Lewis Morgan, al que Engels cita una y otra vez a pesar de no ser explícitamente socialista) pero esta gente que al menos ha leído a Engels sabe mucho más en cualquier caso que quienes no saben salir del presentismo capitalista, como si nunca jamás hubiera existido otra cosa, como si el capitalismo hubiese inventado algo que no fueran instrumentos de contabilidad, como si el capitalismo tuviera enjundia y no fuera un episodio derivado, una fase quizá terminal de la era de la explotación que comienza aproximadamente en la Edad de Cobre o Bronce con la aparición de la civilización, la especialización profesional y la sociedad de clases (o castas). Ignoro aquí de momento, por simplicidad, el problema del origen del patriarcado, ya que es más oscuro, seguramente más gradual y casi sin duda con múltiples focos y no sólo uno.

Incluso el origen de la explotación, de la sociedad de clases es un tanto oscuro y probablemente tuvo cierta gradación en su formación. Así vemos como, en Europa, al neolítico igualitario, donde no se aprecia jerarquía alguna (aunque sí puntualmente violencia inter-grupal), se ve parcialmente reemplazado (en zonas de los Balcanes nada más) por una segunda oleada invasora (y violenta), aún neolítica (pre-metales) que establece una estructura jerarquizada de los poblados, con lo que es una especie de palacio fortificado en lo alto, clara señal de caciquismo, elitismo, clasismo…

Dimini
Dímini (reconstrucción, ·> fuente)

Y este proceso lo vemos una y otra vez a medida que avanza la, muy desconocida pero muy importante, prehistoria tardía. Por ejemplo se puede ver muy claramente en Iberia, donde a un neolítico igualitario sucede una Edad de Bronce netamente clasista (vide: Chilhood and death in Neolithic and Bronze Age Iberia). Es curioso observar cómo las culturas que eventualmente se hacen dominantes (indoeuropeos, semitas) no son necesariamente más clasistas pero sí que se manifiestan como más patriarcales (patriarcado extremo greco-romano, decretos misóginos de Sargón de Akkad, etc.), aunque cabe la duda de si este patriarcado extremista es producto de su rol como invasores (mayormente hombres guerreros) en las regiones correspondientes.

Sea como fuere en el detalle, el caso es que la Historia (escrita) amanece como un conjunto de sociedades clasistas y patriarcales, en las que los detalles de las formas de explotación de clase y de género pueden variar algo pero tienden a ser muy similares. Se trata de sociedades agrarias y por lo tanto netamente pre-capitalistas, aunque en algunos momentos pueden tener desarrollos que podemos considerar proto-capitalistas (p.e. la Atenas clásica y democrática, donde el partido oligárquico de base agraria se veía confrontado por los partidos comercial o “burgués”, de base portuaria, y proletario, de base urbana (aunque por supuesto mujeres, inmigrantes y esclavos estaban excluidos). Se trata en todo caso de un proto-capitalismo mercantil como el que vemos en la Edad Media o en la antigua Mesopotamia incluso, no de un capitalismo industrial, que es un desarrollo único reciente pero no absolutamente separado del proto-capitalismo mercantil, que es su raíz sin duda, y del cual es una expresión peculiar y distintiva.

Tenemos así quizá el siguiente proceso de “acumulación” (de formación de jerarquías clasistas y riqueza/poder en manos privadas), con estas fases:

  1. Militar: los guerreros y comandantes adquieren un poder en base a su monopolio creciente de la violencia. En paralelo puede ocurrir un desarrollo de la clase sacerdotal o propagandista, no siempre bien diferenciada.
  2. Agraria: las élites guerreras (y sacerdotales) se apropian de crecientes cantidades de tierra, anteriormente bien distribuida entre la población de manera más o menos equitativa o gestionada comunitariamente. Esta expropiación privada de la tierra es la injusticia primigenia y la base de toda explotación, incluso en el capitalismo.
  3. Mercantil: la clase burguesa aparece rápidamente en el contexto previo de privatización terrateniente, con dos formas distintivas aunque a veces solapadas: el artesano y el comerciante. En el primer caso se trata de gente que usa su habilidad (y probablemente la de otros trabajadores a quienes explota) para sobrevivir con cierta dignidad en un contexto ya económicamente desigual y privatizado en gran medida; en el segundo caso se trata de gente que usa su habilidad para viajar (de nuevo seguramente explotando a otros trabajadores como p.e. marineros), comprando barato y vendiendo caro, lo que en algunos casos genera grandes fortunas y (dependiendo del contexto) posible movilidad social hacia arriba, hacia la clase terrateniente.
  4. Capitalista: la clase burguesa mercantil es por fin capaz de usar esa riqueza acumulada no sólo para medrar en un contexto agrario-terrateniente, sino para convertirse en súper-artesanos industriales, no necesariamente por su capacidad personal, sino por su capacidad de organizar y movilizar a muchos trabajadores y, crucialmente, dar el salto tecnológico de la industrialización o mecanización de la producción.

De nuevo he tenido que obviar el problema del patriarcado/sexismo por simplicidad pero que quede claro que está presente en todos los niveles del desarrollo de la socio-economía explotadora. Analizarlo requeriría al menos un artículo separado, al que este esquema puede servir como base conceptual. Pero en cualquier caso debería quedar claro que los guerreros que se convierten en terratenientes son patriarcas y consolidan ese patriarcado con formas aún más duras si cabe en casi todos los casos.

Hay que decir también que el capitalismo, por su naturaleza mercantil, tiene un aspecto decodificador y tiende (según evidenciaron Deleuze y Guattari en su opus magna ‘El Anti-Edipo’) a destruir, mediante corrupción, los códigos heredados de la fase agraria o territorial, dejándonos sólo con la naturaleza humana desnuda (aunque en medio de la urbe industrial alienante), lo que a mi entender lleva a desarrollos que podemos considerar proto-socialistas o proto-comunistas: desde la democracia formal al feminismo (pasando por muchas otras cosas que son difíciles de juzgar, porque nuestra naturaleza es muy compleja y es fácil de corromper y confundir en la feria mercantil capitalista). Por supuesto el nudo gordiano del capitalismo, la propiedad privada, no puede ser cortado sin cambiar radicalmente de sistema socio-económico, y eso es un límite absoluto de la decodificación que es capaz de tolerar el régimen burgués, pero en otros campos, incluido el del feminismo o cuestionamiento de la tradición patriarcal y machista, el capitalismo puede (y quizá hasta debe) hacer concesiones perfectamente (no sin sufrir contradicciones pero no parecen ser contradicciones fundamentales — y corregidme con argumentos si me equivoco en esto por favor).

En definitiva: hay que entender bien el proceso de acumulación y explotación y no imaginar que el capitalismo es la raíz del problema: no lo es, es probablemente el desarrollo terminal de esa fase histórica socio-evolutiva que es el militarismo terrateniente (o latifundismo militarista si se prefiere). Y es una fase que en algún grado al menos es subversiva, aunque no deje de ser explotadora. No es que el capitalismo sea proto-socialista, sino que el proto-socialismo encuentra huecos y grietas donde manifestarse (como derechos humanos limitados, como libertad de manifestación y huelga, como feminismo, como pseudo-democracia incluso, etc.) pero de forma mermada, lo mismo que el proto-capitalismo encontraba formas de manifestarse en la era terrateniente.

Entiendo que, por la cantidad de contradicciones que genera, tanto de liberación parcial y muy incompleta de la naturaleza humana equitativa, libertaria, científica e igualitaria, como de devastación ecológica, así como de transposición urbana de la explotación y alienación humanas (formación de una única clase proletaria con plena capacidad de tomar las ciudades en las que habita, nodos económicos y políticos, una vez que la consciencia y voluntad de clase se manifiesten), el capitalismo es extremadamente inestable y que de hecho se aproxima muy rápidamente a su final ineludible. Aunque es un final que bien podría arrastrar consigo a la Humanidad entera (así como a muchas otras especies) si no somos capaces de crear algo mejor: ecosocialismo. Pero hay que entender que el capitalismo no es la raíz última de la explotación (tanto humana como ambiental) sino sólo su manifestación última y necesariamente terminal.

No colonizaremos Marte (un desierto mucho peor que el Sáhara y la Antártida juntos), los límites del crecimiento han sido alcanzados y sobrepasados, la disyuntiva de la supervivencia de la Humanidad, necesariamente a través de la superación de la explotación tanto humana como ambiental, es aquí y ahora.

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“LOS NUESTROS”

Economía desde el otro lado

En solidaridad con Juanjo Basterra

Por Nekane Jurado, economista

“En el tiempo real, en la historia, cada vez que un ser se enfrenta con diversas alternativas opta por una y pierde las otras” (jorge Luis Borges)

La Izquierda Abertzale Oficial (IAO), con su giro de estrategia, optó por una vía que cada día es más nítida, y no solamente se alejó de la lucha social y de clase, sino que está a la caza de quienes no claudicamos en el logro de la Independencia y el Socioecofeminismo, no felicitamos a Trump, no sostenemos en el gobierno al partido que creó a los GAL e impuso el relato de Garzón sobre toda disidencia. Tratan de silenciar y apartar todo el que no haya girado con ellos, y lo hacen así para no verse fotografiados en su distanciamiento con los valores revolucionarios que han sustentado la resistencia de este pueblo en las…

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capitalismo · ecología · guerra de clases

Evolución capitalista y obrera hasta la mega-crisis planetaria actual

Marx en sus escritos póstumos anticipa con visión casi profética una evolución del Capitalismo en tres fases: fase primitiva de obrero artesano, fase media de “subsunción formal del Trabajo en el Capital” y fase tardía de “subsunción real del Trabajo en el Capital”. Con la ventaja de escribir más de un siglo después Negri nos explicaba en Fin de Siglo que la subsunción formal se corresponde con el Fordismo (c. 1908-1968) y la subsunción real con el Toyotismo (d. c. 1968) y nos describía a éstos de manera mucho más clara:

  1. Fordismo (subsunción formal) es fábrica disciplinaria y obrero masa: capitalismo industrial clásico y clase obrera industrial clásica, con sus partidos “de masas” y sus característicos monos azules manchados de grasa… una estampa casi “de postal” hoy día (pero que algunos se empeñan en reivindicar como “auténtica” clase obrera).
  2. Toyotismo (subsunción real) es fábrica difusa y obrero social: capitalismo “de servicios” postmoderno y clase obrera cada vez más precaria y atomizada. La misma producción industrial Toyotista, que no deja de ser central a pesar de la terciarización masiva, se basa en el “just in time” (JIT), lo que lleva a la deslocalización “globalista”, que desplaza gran parte de la industria pesada a la periferia semicolonial (sin que eso evite la terciarización de ésta), incrementando el coste ecológico del transporte y (algo muy evidente estos días de pandemia) la fragilidad capitalista ante las disrupciones del flujo globalizado de mercancías y servicios.

Cabe también comentar que Marx en El Capital menciona brevemente en relación con el ascenso del colonialismo que se estaba formando ya en su época en ciertas partes de Europa una subclase de “lacayos” dentro del proletariado, una especie de “tíos Tom” blancos que empezaban a disfrutar de mayor nivel de vida gracias a sus roles como servidores terciarios más directos de la élite burguesa. A mi entender este proceso se aceleró mucho en el Fordismo, sobre todo en su fase keynesiana, produciendo lo que a veces llamo “lumpenprolatariado de lujo”: un segmento semi-privilegiado de la clase proletaria que por lo general carece de conciencia de clase o la tiene muy debilitada y que ve en el sindicalismo una mera herramienta de lucha gremial y no de clase, aunque por lo general prefiere “buscarse la vida” en solitario. Esto se exacerba con el Toyotismo, ya que la subsunción real implica en general la asunción por la clase obrera de la ideología capitalista de esfuerzo individualista y falacia meritocrática. Estamos hablando en el fondo de Capitalismo plenamente desarrollado y de clase obrera también plenamente desarrollada al servicio de este sistema explotador (al menos en la medida en que éste es capaz de satisfacer las necesidades proletarias en un grado razonable, lo que no es estable y lleva a contradicciones pero al tiempo).

Por otro lado el aspecto toyotista de obrero social se manifiesta muy especialmente en dos aspectos: por un lado la difuminación de la identidad de clase en categorías poco claras como “ciudadanía” (que sí, al 80% ó 90% es proletaria sin duda, que en el lado positivo enfatiza la característica urbana, y por lo tanto política, del proletariado pero tiene riesgos de manipulación burguesa también al semi-ocultarse la lucha de clases), por otro las tremendas contribuciones sociales, a menudo altruistas, otras veces insertadas en el capitalismo terciarizado y precarista, que se producen sobre todo en la Internet (p.e. Wikipedia, a pesar de sus limitaciones). También se manifiesta en la amalgama “postmoderna” de exploración de la diferencia y demanda de respeto para las minorías y también mayorías oprimidas (mujeres, mega-gueto semicolonial global), lo que en sí mismo es indicador de un altísimo grado de conciencia de clase (expresado como empatía, como Humanismo y humanidad) pero que a veces difumina inadecuadamente la identidad central de clase.

En todo caso hay que entender que el Toyotismo es una entidad en muchos sentidos diferente del Fordismo y que intentar aplicar fórmulas fordistas (es decir: leninismo) al mundo moderno está condenada al fracaso. El hecho de que no haya habido revoluciones de modelo leninista desde Cuba (o a lo sumo las revoluciones africanas contra el fascismo portugués en los años 70) es extremadamente significativo: el leninismo ha muerto, sus restos se han convertido al Capitalismo porque en el fondo nunca fueron otra cosa (aunque hay una dualidad transicional innegable en estas revoluciones burguesas sin burguesía, por supuesto, simplemente pertenecen a esa época y a condiciones periféricas inaplicables en otros contextos). El Fordismo es disciplinario y masivo y produce cosas como el leninismo pero también el fascismo clásico; el Toyotismo es difuso y social y no puede producir eso… y de momento no ha producido revoluciones socialistas más que socialdemocracias sandinista-bolivarianas a lo sumo, quizá por la cruda realidad de la subsunción real (subordinación total) del trabajo (clase obrera) en el Capital (orden capitalista). Pero sí que puede y de hecho se manifiesta como demandas antiautoritarias, anti-disciplinarias, anti-fordistas y contrarias a los restos del orden feudal-patriarcal que el Capitalismo ha reciclado a su servicio.

Por eso, hace 52 años, cuando las “primaveras” del amanecer toyotista sacudían el mundo, aquellos regímenes que se negaron a reformarse colapsaron, sea el gaullismo, sea el franquismo, sea la URSS. Aunque hay que matizar que en este estadio temprano ésto sólo se aplicaba al mundo desarrollado o centro capitalista global, y que la periferia colonial tiene un retraso significativo en este desarrollo, por eso aún vemos regímenes disciplinarios en lugares como China, Irán o Saudia, aunque todos ellos están al borde del abismo, a una crisis de colapsar nada más.

Por contra en el centro desarrollado, p.e. en EE.UU., los intentos fascistoides son seniles y carecen de vigor y sólo tienen éxito por la falta de democracia que impide que la oposición real se manifieste eficazmente… traslandándose la lucha a las calles de manera semi-espontánea (hay organización de clase en el trasfondo pero es difusa, para nada leninista). Estas luchas seguramente aún no sean capaces de generar la revolución pero son sin duda un gran paso adelante en el camino a ésta, al tiempo.

Compárese con la situación más subdesarrollada de Brasil, donde el Bolsonarismo sí que es capaz de aglutinar fuerzas de tipo fascista (cristo-fascista) con cierto vigor “juvenil” aunque aún está por ver su poder real, que sospecho limitado por su obsolescencia intrínseca, por representar una reacción absolutamente inútil y dañina para los intereses objetivos no ya de la clase obrera brasileña sino de la nación sudamericana en su conjunto (la propia burguesía e intelectualidad “nacional” se siente incómoda ante semejante reacción medievalista improductiva que subordina sus intereses nacional-burgueses al extranjero de manera totalmente impropia incluso para el fascismo).

En todo caso en el centro capitalista global algo similar es inviable y el Trumpismo claramente se basa únicamente en el aparato policial-militar del estado mismo: no o apenas es capaz de movilizar camisas pardas, ya que sus votantes son ancianos que no están ya para marchas de antorchas y linchamientos racistas. Nunca una reacción fue tan intrínsecamente obsoleta. Lo sorprendente si acaso es que la oposición legal del partido clon “demócrata” es incapaz de ofertar nada que pueda derrocar al cacique fascistoide naranja, que la misma oposición que la burguesía es capaz de tolerar no es capaz de lanzar una contraoferta medio creíble a este absurdo decadentísimo.

Y eso es así porque la única alternativa real a esta decadencia sin fin es el comunismo (democrático y ecologista) y eso es inaceptable para todas las facciones del régimen capitalista. A diferencia del Fordismo, en el que pronto se manifestaron las contradicciones periféricas llevando a las revoluciones de corte leninista, en el Toyotismo, sin duda un Capitalismo mucho más perfeccionado, las contradicciones son domadas a base de externalización de los costes, en gran medida externalización ambiental. Pero este camino tiene sólo un recorrido limitado.

Frente a las teorías antiguas que enfatizaban las contradicciones sociales e intrínsecamente económicas del Capitalismo (guerra de clases, crisis de stock), en el Toyotismo, aunque la guerra de clases prosigue sin duda, con formas nuevas y “difusas” a menudo, la contradicción es primariamente ecológica. Es una contradicción muy extrema porque la Naturaleza no tiene conciencia ni es capaz de defenderse activamente, así que estamos de alguna manera condenados a enfrentarnos a la ecocatástrofe más extrema, es decir: a darnos de bruces contra el muro del colapso planetario y la internalización de los costes “de vuelta” a la guerra de clases. Eso ya está ocurriendo pero se va a agravar muchísimo en esta década de los terribles años 20, en los que el sufrimiento humano va a alcanzar cotas nunca vistas, en los que la crisis va a ser mucho más profunda que la de los años 30 del siglo pasado, que la crisis del Ancien Régime a fines del siglo XVIII, que el colapso del Imperio Romano o incluso que la mayor catástrofe de todas: el colapso civilizacional de la Edad de Bronce Final.

Y esto es así porque el Capitalismo ha liberado las fuerzas “productivas” humanas hasta niveles absolutamente sin precedentes, pero lo hace inevitablemente en un ecosistema limitado, cuyos límites ignorábamos hasta hace poco y cuya trascendencia es imposible (al menos por muchos siglos). Como especie humana estamos condenados a gestionar correctamente este planeta que nos sirve de soporte, que nos alimenta y nos mantiene vivos. Desde “siempre” hemos sido depredadores, incluso en las épocas presuntamente paradisíacas de la caza-recolección que definen nuestra herencia genética, nuestros instintos sociales y comunistas (pero también gregarios y nacionalistas, no hay diferencia fundamental). Este “depredacionismo” y expansionismo egoísta (a menudo egoísta “de grupo”) fue agravado en la era agrícola-civilizacional y su sucesor capitalista con ideologías como la judaica (cristiana, musulmana) que enfatizan que el mundo está ahí para que lo explotemos. Esto es así porque esa ideología de explotación ha sido hasta ahora mismo (pero no ya más) funcional al éxito de las entidades socio-políticas (naciones, civilizaciones, sistemas socio-políticos en general).

Esta crisis, esta mega-crisis, no tiene precedente alguno, no vamos a poder resolverla mirando al pasado, sea el pasado leninista, capitalista, feudal, romano-fascista o incluso anarco-primitivista. Si bien creo que tanto Bakunin como Marx tenían parte de razón en el debate sobre el “homo novus” (son nuestros instintos cazadores-recolectores los que nos empujan al comunismo sin duda y se manifiestan no sólo en la lucha por la colectivización, sino en la lucha por la libertad, la ciencia, la democracia y los derechos humanos en general), hay una necesidad imperativa de renovar de alguna forma la naturaleza humana para adaptarnos culturalmente a esta nueva realidad que no sólo debe ser comunista o radicalmente socialista, sino también absolutamente ecologista, algo que sólo recientemente hemos empezado a aprender.

Y algo que vamos a aprender más aún a la fuerza, porque al menos algún grado de la ecocatástrofe más masiva jamás desde al menos la erupción del supervolcán de Toba, hace unos 74.000 años, es ya ineludible y nos va a golpear, nos está ya golpeando, de manera brutal.

Estamos en definitiva en pleno fin de era, de la era toyotista, de la era capitalista e incluso de la era de la humanidad primitiva en el sentido de especie depredadora expansionista. Nos enfrentamos a una crisis no ya civilizacional, que también, sino existencial, casi biológica, porque tenemos que saber sacar lo mejor de nuestros instintos, de nuestra base biológica para salvarnos como especie y restablecer el equilibrio ecológico planetario. Podemos fracasar y extinguirnos, nada está escrito.

Ecosocialismo o extinción.

Europa · historia · imperialismo

Romani ite domum!

De la necesidad de la descolonización de Europa Occidental

Estos días, en medio de la muy justa ira anticolonialista, antiesclavista y antirracista que recorre el mundo, la absurda estatua a Julio César en un pueblo de Flandes apareció saboteada con la palabra “krapuul” (“ladrón”), levantando cierta polvareda: debemos juzgar a la Antigüedad según nuestros baremos éticos?, se preguntan muchos, yo diría que sí, al menos en algún grado y hay muy buenas razones para ello.

A mediados del siglo XX, Federico Krutwig apelaba a la descolonización interior de Europa Occidental, es decir: a la emancipación de las naciones oprimidas de esta parte del mundo frente a los grandes estados opresores: francés, británico y español. Estando muy de acuerdo, tengo que añadir que se quedaba corto, que lo veía en una perspectiva muy de los años 60 y 70, en la que la mera independencia parecía suficiente para marcar la diferencia. Por desgracia no es así: la “independencia” en los términos del colonizador, sin una revolución que marque la diferencia, que establezca un antes y un después en los términos del colonizado, no se logra gran cosa sino perpetuar el régimen colonial con formas nuevas, autónomas pero igualmente explotadoras y enemigas de los pueblos.

Quien ignora su historia de esclavitud está condenado a ser esclavo

Europa Occidental ha sido potencia colonial durante siglos (sus estados principales cuando menos), pero antes de ello fue colonia. Y eso no debemos olvidar, o más bien debemos empezar a recordar porque parecería que nunca lo hemos asimilado y mucho menos corregido; fue colonia o, para ser preciso, colonias (plural) de Roma, por extensión de Italia. En aquella época el término colonia, palabra latina, se refería a lugar de colonización, de asentamiento, pero el concepto moderno de colonia es más genérico y se refiere a territorio supeditado a una metrópolis para servirla económica y políticamente. Los romanos para ello usaban el término provincia, de “pro-vinci-a”, es decir: territorio conquistado. La primera provincia (colonia) romana fue Sicilia, convertida en auténtica colonia de plantación esclavista, y que aún no se ha recuperado de aquello, pero después vendrían muchas más: Cerdeña-Córcega, Hispania Citerior (Països Catalans y Murcia), Hispania Ulterior (Andalucía), Macedonia, África (Tunicia Kabilia y Tripolitania), Asia (Anatolia Occidental), Galia Narbonense (Occitania, inicialmente llamada Galia Transalpina), etcétera.

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Colonias (provinciae) romanas (italianas) en Occidente (época de Augusto).

Naturalmente el polémico Julio César es famoso sobre todo por haber añadido otras dos provincias al imperio colonial de la República Romana: Galia Céltica y Galia Bélgica (Aquitania fue también conquistada en esa época pero por su comandante Craso el Joven), así como por realizar el primer intento de conquista de Britannia (Gran Bretaña). Así mismo fue quien efectivamente liquidó la nada democrática República Romana, reemplazándola por una dictadura militar que llamamos Imperio (técnicamente el primer “emperador” o “princeps” es su sucesor Octavio Augusto pero en realidad fue César el que forjó esa dictadura, Augusto sólo la consolidó).

Era una dictadura populista inicialmente pero ese populismo era sólo para los ciudadanos romanos, no para los innumerables provinciales o súbditos coloniales, que no pintaban absolutamente nada, como los eslavos en los planes megalomaníacos de Hitler o los negros y los indios en los de los imperialismos europeos. Ciudadanos romanos eran para entonces todos los italianos no esclavos (concesión de la Guerra Social), así mismo Italia era el único territorio de la República/Imperio que no tenía categoría de “provincia” (colonia), produciendo hasta entrada la crisis del siglo III todos los emperadores y la casi totalidad de la administración imperial. Sí, hubo algunos emperadores nacidos en las provincias pero todos eran descendientes de familias aristocráticas italianas, no “provinciales” en absoluto. El primer emperador no italiano es Maximinus Thrax, que marca un punto de inflexión junto al decreto de Caracalla (anterior) y las feudalizantes reformas de Diocleciano (posterior), pero esto es ya el final casi: durante más de cinco siglos, desde la Primera Guerra Púnica hasta Caracalla, Roma fue un imperio colonial, y durante la mayor parte de ese período fue un imperio colonial italiano, cuya metrópolis era Italia, nación forjada por Roma más que ninguna otra. Sí, ocasionalmente se concedía la ciudadanía a algunos provinciales “por los servicios prestados”, pero eso es la excepción, no la regla.

El decreto de Caracalla (concesión de “ciudadanía” a todos los súbditos imperiales no esclavos) y la resultante crisis del siglo III, que culminó en la toma de poder por los generales balcánicos (Diocleciano y sucesores) tampoco supuso ninguna ventaja sustantiva para los pueblos colonizados de Europa Occidental. Estos nuevos emperadores orientalizantes, a menudo ferozmente “anti-romanos” (Diocleciano casi muere de ira tras ser tratado de “tú” en Roma, su sucesor Constancio Cloro quería rebautizar el Imperio como “Imperio Dacio”, aunque fue disuadido de ello, Constantino adoptó una religión oriental popular entre los griegos, etc.) sólo favorecieron a Grecia (senso lato), mientras que sus “reformas” feudalizantes fueron muy dañinas para el pequeño campesino libre, que se vio presionado para convertirse en “colono”, es decir: cuasi-esclavo, siervo de la gleba, llevando a la desafección y la revuelta de clase: a la bagauda. Si Roma estaba lejos y era opresora colonial, Constantinopla estaba aún más lejos y oprimía aún más, aunque de otra manera, ya camino de lo medieval.

Adversus Hispaniam

En definitiva, Europa Occidental fue colonia y no o apenas ha criticado esa herencia, pesada como una losa de mármol. Y eso nos lleva a seguir presos de ese legado terrible, a reproducirlo incluso sobre otros pueblos, pero crucialmente a no ser capaces de emanciparnos, a no lograr hacer borrón y cuenta nueva. El caso más notorio sin duda es Hispania, donde, con la excepción muy notable pero ya casi totalmente derrotada de la bagauda vasca, no ha habido revolución alguna jamás. Esto explica desde el caciquismo gallego hasta el latifundismo andaluz, pasando por el arrogante militarismo castellano, que básicamente son herencia colonial romana, herencia sangrante que debería de haber caducado hace más de 1500 años pero que fue perpetuada por diversos estados neo-romanos hasta la actualidad, muy notablemente el Reino de Castilla (rebautizado como “España” por Napoleón Bonaparte en 1808).

Sin duda ningún estado post-colonial romano necesita una revolución como España. Mientras que los estados francés, británico, belga o incluso Portugal en algún grado, han experimentado procesos revolucionarios renovadores en diversos momentos de su historia reciente, el estado español ha sido absolutamente refractario a una renovación radical que necesita como agua de mayo. Por eso es un estado casi fallido, un estado sólo pseudo-capitalista subordinado en extremo a terceras potencias, por eso todo está tan podrido en el Reino de España: la corrupción no es bug, sino feature del sistema imperial romano, lo mismo que la horrible pederastia de la que gozaba el “español” Trajano, lo mismo que hacer carrera en la administración o en el ejército, tan característico de la “mentalidad castellana”, lo mismo que el latifundismo y la especulación inmobiliaria que plagan el maldito estado español, todo ello son legados de la estúpidamente celebrada Roma, de su colonialismo sobre la Península Ibérica (entre otros lugares, pero muy especialmente). Sí, Ayuso es Nerón tocando la lira entre las llamas.

Y ese legado horrible, degenerado, degradante, destructivo y sobre todo anti-democrático, contrario al Poder Popular, es algo que de una u otra manera Iberia debe sacudirse. Digo Iberia porque es nombre nativo (de ibar = rivera, vega, nombre del río Ebro y por extensión de la península entera, nombre también con el que los romanos y griegos conocían a los pueblos nativos pre-indoeuropeos de la zona: íberos). Hispania, España, tiene todas las connotaciones de colonia, ni siquiera es un nombre nativo sino seguramente griego (Hesperos = occidente, poniente > Hesperia = país de occidente > Hispania, relacionado en latín/romance: vespertino, víspera, de Vesperus = Hesperos). España no puede ser por lo tanto el nombre de ningún país o países libres, sólo de un país de esclavos, lo mismo que cuando el gran Sankara lideró la revolución en su tierra ultrasahariana, decidió sabiamente cambiar el nombre colonial de Alto Volta por el de Burkina Faso (país de la gente digna), cualquier abordaje serio a la “cuestión española” debe pasar por abolir el nombre colonial “España”, con todas sus connotaciones totalitarias e imperialistas gran-castellanas, y adoptar sin matices el indigenismo iberista con toda rotundidad. Debe oponerse a esa nueva Roma de pacotilla que es el monstruo urbanístico madrileño y debe defender y revalorizar las raíces aborígenes, que serían derrotadas por fenicios y romanos, pero tampoco tenían mucho que envidiarles, ni siquiera en términos civilizacionales (ciudades, civilización y probablemente escritura existían en Iberia mucho antes que en Italia, quizá incluso que en Grecia, pero por desgracia la historiografía romanista tiende a ignorarlas, desdeñarlas e incluso organiza inquisiciones infames contra nuestra propia historia).

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Ciudad de “Los Millares” (Andalucía)

En este sentido no está mal que los andaluces reivindiquen el Califato Omeya pero mucho mejor sería si investigaran y reivindicaran a la semi-mítica (pero sin duda muy real) Tartessos o a las civilizaciones “almerienses” de Los Millares y El Argar, raíz, junto al más modesto Bronce de Levante, de la fascinante civilización Ibérica, que derrotó a los celtas en Catalunya y Languedoc aunque fuera más tarde sometida por fenicios y romanos (a la fuerza ahorcan, ya se sabe). Y no estaría tampoco de más que estudiáramos, divulgáramos y celebráramos la épica resistencia cántabra a la conquista romana, cuya feroz e indomable estrategia guerrillera obligó al Imperio a desplegar innumerables legiones y cuya derrota le pareció tan vergonzosa al propio Emperador Augusto que se negó a sí mismo el triunfo correspondiente. Y no estaría de más tampoco que se estudiara la bagauda vasco-cántabra y sus implicaciones históricas con mucho más interés y seriedad, y que fuera todo esto conocimiento general de los pueblos de Iberia y que despertara así su orgullo autóctono, no como ahora que se celebra el haber sido esclavizados por Roma y el haber reproducido el modelo romano imperialista, militarista, corrupto… hasta la saciedad.

No a Roma, no a Hispania, no a España! Sí a Iberia: sí a los pueblos libres de nuevo enraizados en su autenticidad, que sólo en una capa muy superficial y muy degradante es romana. Romani ite domum! Es hora de descolonizar.

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Continúa el misterio del origen del “vasco campaniforme”

Una nota rápida sobre materiales que me han hecho llegar recientemente (gracias Roi Zorro) y que son de extremo interés para el entendimiento de nuestras raíces, tanto como vasc*s como como Europe*s en general.

El misterio del “vasco campaniforme”, o de dónde surgen las poblaciones modernas de Europa Occidental de genética básicamente “vasca”, inexistente o casi antes de la expansión del Vaso Campaniforme.

Fuente: https://www.pnas.org/content/early/2020/05/20/1918034117

O para ser exacto sus materiales suplementarios (libre acceso): https://www.pnas.org/content/pnas/suppl/2020/05/20/1918034117.DCSupplemental/pnas.1918034117.sapp.pdf

VascoCampaniformeMisterio

Nota: en la primera imagen la línea punteada indica el Artenaciense en su concepción extensa, mi único añadido además de señalar el outlier (de Le Gord o Artenaciense Norte?) en la imagen de abajo a la izquierda.

Mi hipotésis es que el Artenaciense es una cultura clave que daría origen al Campaniforme como “versión de lujo”, siendo ambas culturas arqueras. La apariencia de expansión de R1b-S116 desde “Francia” (probablemente Aquitania) a media Europa y su clarísima correlación con el Campaniforme, que se expande de sur a norte también de manera muy clara, así lo sugieren pero se necesita más investigación para confirmar esto, más genética antigua de las culturas clave.

Como referencia complementaria, este viejo mapa indicativo de la aparente expansión de R1b-S116 (azul) desde Aquitania o sus cercanías, basado en la distribución moderna, así como su origen lejano quizá en los Balcanes (alternativamente Asia Occidental, más probable quizá), es este linaje el que se asocia muy claramente con la expansión de la cultura del Vaso Campaniforme en toda Europa:

EuropeanR1b

guerra de clases · política

Platonismo-Leninismo

PLATONISMO-LENINISMO:

Platonismo: doctrina política anti-democrática de la antigua Atenas que promovía un régimen “ideal” de gobierno de los intelectuales (“aristocracia”) o, como “mal menor”, de los militares (“timocracia”) o de los caciques (“oligarquía”), cualquier cosa menos poder popular (“democracia”). El platonismo fue adoptado por todas las oligarquías tradicionales, sobre todo en conjunción con el cristianismo (neoplatonismo), para justificar dictadura de la clase terrateniente primero y la burguesa después (sufragio censitario, dictaduras militares, bonapartistas y fascistas), pero se vio obligado a ceder terreno ante las presiones del proletariado, estableciendo los oligarcas unas “democracias” restringidas y vigiladas como mal menor. Siempre el “mal menor” de los caciques frente al poder del pueblo soberano.

Blanquismo: secta socialista francesa de finales del s. XIX que, según Engels, era una organización dictatorial e intrínsicamente aislada de las masas proletarias que sólo podía llegar producir una dictadura si llegara a tomar el poder.

Leninismo: copia rusa del blanquismo a principios del s. XX sorprendentemente exitosa que demostró que Engels tenía razón en su análisis del blanquismo, ya que estableció una dictadura de su partido en nombre (sólo en nombre) de las masas proletarias y campesinas. Se forma así la primera “aristocracia” platónica jamás, en la que algunos intelectuales, los afiliados al partido bolchevique, gobiernan en beneficio del conjunto de la sociedad pero oprimiéndola en lo político, negando la democracia, el poder popular, de manera sistemática. Este sistema (o su variante estalinista, ver más abajo) fue muy exitoso en la periferia subcolonial del Capitalismo fordista (c. 1908-68) al establecer de hecho un “capitalismo sin capitalistas”, reemplazando esta intelectualidad del partido único a una clase burguesa inexistente o muy débil y supeditada a potencias extranjeras, lo que permitió el desarrollo nacional, en especial en las grandes potencias subdesarrolladas rusa y china. A largo plazo se demostró una vía original e híbrida en lo ideológico al capitalismo nacional, ni más ni menos, pero poco se puede caracterizar como “socialismo” y nada en absoluto como “comunismo” (literalmente “municipalismo” en francés e italiano).

Estalinismo: heredero de facto del leninismo, versión más totalitaria si cabe y extremadamente estatista, infame por su naturaleza extremadamente inquisitorial, por su persecución sistemática de toda disidencia dentro del socialismo. Estándar de hecho en los llamados “socialismos reales” de principios y mediados del siglo XX (fordismo periférico), incluso tras la “desestalinización” (que fue más formal que real). Imposible de reciclar.

Trotskismo: heredero alternativo del leninismo, oposición principal (no única) al estalinismo desde dentro del leninismo, eventualmente más ecléctico y flexible pero aún así muy arraigado en el platonismo-leninismo que es inevitablemente dogmático y sectario. Sin logros concretos más allá de la propia Revolución Rusa pero con buenos análisis críticos de lo que consideran “degeneración socialista” o incluso “capitalismo de estado”. Quizá reciclables pero no en la medida en que sigan siendo leninistas, es decir: concibiendo una revolución dirigida neoplatónicamente por “el partido”.

Maoísmo: ramificación original china (y albanesa) del estalinismo caracterizada por la agitación de base frente a la intelectualidad neoplatónica del partido único (revolución cultural), elemento que establece un contrapunto inestable y fugaz a esta dictadura neoplatónica sin llegar a derrotarla jamás puesto que nunca se cuestiona la existencia de un partido único, sólo se mantiene a raya a sus dirigentes mediante la espada de Damocles de la denuncia desde abajo, primariamente la organización juvenil. Aún así la revolución cultural tuvo sin duda un efecto mayor sobre las sociedades en las que actúo ayudando a romper esquemas medievales como la religión, que en los estados lenininistas/estalinistas normales pervivió sin problemas y experimentaría un gran resurgimiento tras el final de los regímenes leninistas. La revolución cultural se convierte así en el elemento más revolucionario de toda la familia leninista pero en última instancia no deja de ser un fenómeno sin efecto duradero en el régimen, que acaba cediendo al capitalismo igual igual.

CONTRAPUNTOS GENUINAMENTE COMUNISTAS DE NUESTRO TIEMPO:

Autonomía Obrera: “herejía” occidental de base que considera que el único “partido” es el movimiento obrero real en sus muchas formas (sindicatos, movimientos sociales, e incluso quizá los propios partidos en la medida en que sirvan al movimiento obrero real de base y sólo en ese caso).

Confederalismo Democrático o Ecosocialismo: “herejía” desarrollada por el intelectual comunista Murray Bookchin tras pasar por el trotskismo y el anarquismo y renegar de ambos, adoptada posteriormente por el movimiento revolucionario kurdo ante la crisis existencial del leninismo en el cambio de siglo. Defiende una democracia obrera real y tan directa como sea posible, renuncia al nacionalismo estatista en favor de la libre confederación de las comunidades reales, puede recordar al anarquismo pero desdeña el “purismo” anti-político en el que degeneró esta corriente refugio, siendo muchísimo más ecléctico, pragmático y con los pies en la tierra de la realidad social, étnica y política en la que pueden operar los movimientos revolucionarios reales, así mientras construye en el nordeste de Siria una, muy amenazada, federación comunista que es en lo político comparable a Suiza pero en lo socio-económico a Cuba o la URSS, en el estado turco ha intentado promover en cambio un partido que reúna a los revolucionarios kurdos con los turcos (y otras etnias como los cripto-armenios), con cierto éxito electoral. Se enfatizan apectos “sectoriales” como el feminismo y el ecologismo que suelen estar muy en segundo plano (o no estar en absoluto) en otras fuerzas más obsoletas.

capitalismo · economía · guerra de clases · pandemia

Comunismo o hambruna

… hasta un niño podría comprender
que nuestra paga era realmente demasiado pequeña.

 

En el poema “Demolición del barco Oskawa por su tripulación”, Bertolt Brecht nos explicaba magistralmente la contradicción fundamental del Capitalismo: que paga mal, lo bastante mal para que los y las trabajadoras, sin necesidad de ir a la huelga siquiera, se lo tomen como lo que es de hecho: una esclavitud que sabotear. Que se pudre la carne? Mala suerte, problema del empresario. Que el barco va al desguace y los obreros pierden su mierda de empleo? Mala suerte, problema del empresario, que hubiera pagado mejor.

El burgués se erige mediante su control de hecho del capital (recursos productivos: tierra, máquinas, etc.) en director, gestor, de la producción social, que, no sólo gestiona, directamente o a través de trabajadores-gestores, sino que parasitiza mediante lo que Marx llamaba plusvalía: el valor de la producción no convertido en salario (de supervivencia o peor). Esa extracción de plusvalía, esos salarios de hambre, esas condiciones de trabajo brutales… llevan a l*s trabajador*s a no tomarse su trabajo ni un ápice más en serio de lo que estrictamente necesitan para que no les echen. Bueno, miento, de hecho sí que se lo toman casi siempre mucho más en serio, sobre todo cuando las condiciones de explotación son menos extremas, pero hasta cierto punto, en general la persona trabajadora sabe que al final del día no tiene control alguno y que su trabajo, en especial si es precario, puede desvanecerse en cualquier momento por decisión arbitraria (y rara vez explicada) del empresario, se siente indefens*, alienad*, y por lo tanto no puede asumir, y por lo general no asume, la responsabilidad de la tarea productiva más allá del mínimo estrictamente necesario. Así son las condiciones de explotación: no las marca la persona trabajadora, sino la persona explotadora y quizá ni siquiera ésta, sino que es una dinámica, un “sistema”, que incluso a éstas les viene en algún grado dada y de la que no pueden evadirse sin perder mucho: estatus, poder y riqueza material.

En el mundo anterior a la crisis (histeria) pandémica, así era la normalidad… y funcionaba, mal que bien. De repente todo eso ha colapsado: no se permite viajar a las personas trabajadoras, o apenas, pero la burguesía es incapaz a su vez de subir los salarios o mejorar las condiciones laborales (quizá no pueda pero tampoco quiere: está muy mal acostumbrada a ganar siempre, a tener una oferta de mano de obra casi infinita a la que puede pagar miserias y mantener en condiciones de casi esclavitud, y a que, cuando hay problemas, “papá estado” venga a sacarles las castañas del fuego con leyes, policía y subsidios varios). Con la histeria del covid-19 eso ha tocado fondo y lo ha hecho de manera que a mí mismo me ha costado entender: las personas trabajadoras han llegado a activar huelgas en muchos sectores, empezando por Italia, demandando el cierre (temporal) de sus empresas hasta que se pueda garantizar una seguridad anti-vírica que difícilmente puede lograrse sin disparar los costes de producción. Naturalmente estos son l*s trabajador*s semi-privilegiados, aquell*s que tienen o tenían cierta confianza en su seguridad laboral y que son capaces de ejercer la lucha sindical clásica en mayor o menor grado; el proletariado más puro, el precariado, se ha visto por contra abocado casi siempre al paro, a menudo sin colchón social alguno, y por lo tanto al hambre y la miseria más extremas.

Aún así los costes de vida siguen siendo más altos que los salarios que estarían dispuestos a pagar los empresarios en demasiados casos: puede que la persona trabajadora tenga que venderse por un salario de supervivencia pura pero los costes de esta supervivencia están demasiado altos, y lo están porque la burguesía ha conseguido sabotear el propio mercado del que tanto alardean para conseguir mayores beneficios de los bienes más básicos, en especial la vivienda y la energía. Decía alguien que “hay personas tan retorcidas que son capaces de patearse el propio culo”, pues esto se aplica también colectivamente a la clase burguesa sin duda, sobre todo cuando encarece sus propios costes mediante el aumento artificial del coste de la vida. Este problema lo han paliado mediante la inmigración semi-forzada, una nueva forma de esclavismo “voluntario”, que les iba proveyendo de mano de obra desesperadísima y sin derechos que iba cubriendo esos puestos de miseria y chabolismo, esos trabajos extremadamente duros y muy mal pagados que nadie más quería. Ahora, con las fronteras cerradas y los desplazamientos internos limitadísimos, no encuentran quien recoja la fresa… o el ruibarbo.

Y digo el ruibarbo porque es la verdura nacional de Inglaterra (apenas producida o consumida en ningún otro lugar) y lo que me ha motivado a escribir esto es que un tal Charles Tudor, que se hace llamar Príncipe de Gales y es heredero de una de las mayores fortunas del planeta (y que se parece extrañamente al carnicero de mi barrio), no ha tenido mejor idea que animar a sus súbditos a “hacer patria” trabajando en la cosecha. No, no se le ha ocurrido que el estado intervenga o nacionalice los campos y asegure salarios dignos, sino que pide a los y las inglesas que se auto-esclavicen por una miseria para que nada cambie en el orden capitalista, para que su inmensísima riqueza no se desvanezca. Naturalmente la respuesta popular es: “cosecha tú, principito principiante, que no has dado un palo al agua en tu vida”.

Pero esta situación, no nos engañemos, como la de las huelgas profilácticas, es una situación de tipo Oskawa: una demolición incontrolada de la economía que inevitablemente lleva a un desastre. Los y las trabajadoras no tienen por qué saberlo, no se espera de ellas que tomen decisiones, que hagan análisis sesudos, sino que respondan de forma relativamente sencilla al palo y la zanahoria, el problema es que la zanahoria no existe y el palo ahora se usa sobre todo para que no puedas salir a la calle a buscarte la vida. La burguesía se muestra súbitamente incapaz de mantener las condiciones de explotación, y por supuesto es incapaz de reformarlas (tampoco los burgueses son tan sesudos, les falta visión de campo en la gran mayoría de los casos, su zanahoria será quizá más gorda y sabrosa, su miedo al palo más escaso, pero tampoco se espera de ellos que hagan análisis macroeconómico, para eso tienen “economistas”, convenientemente degradados en lameculos profesionales incapaces por lo general de dar una mala noticia, mucho menos de promover el cambio radical de paradigma que es súbitamente urgente y necesario). Por eso entramos en la peor crisis jamás: porque no hay nivel, no lo ha habido en muchísimo tiempo; hace un siglo burgueses como Ford o Keynes eran capaces de comprender que cierto “socialismo” era necesario para que el Capitalismo sobreviviera, Keynes famosamente se propuso “salvar al Capitalismo de sí mismo” y durante un par de décadas o así, sus seguidores lo lograron. Pero entonces vino Margaret Thatcher con la idea opuesta: la de maximizar la plusvalía como fuera, reemplazando a “papá estado” por una absurda tarjeta de “crédito fácil”, creando la mayor burbuja especulativa jamás. Ha bastado un virus invisible para que ese esquema Ponzi de la infladora de helados colapse de la forma más catastrófica concebible.

Aunque, para ser francos, estábamos avisados: ya había colapsado hace 12 años pero, en vez de remediar los problemas, se apuntalaron; en vez de abaratar el coste de la vida, por ejemplo permitiendo que cayera el precio de la vivienda, se hizo lo imposible para mantenerlo alto; en vez de permitir que l*s reformist*s reformaran, se hizo lo imposible para reformarl*s en perritos falderos incapaces de exigir nada; en vez de aprovechar la crisis para hacer algo inteligente, se promovió la estupidez más absoluta y destructiva.

De aquellos polvos, estos lodos. En todo caso aquí estamos: sin salarios y condiciones dignas de trabajo que motiven a la mano de obra a recoger una cosecha que tiene toda la pinta de que va a pudrirse en los campos en gran medida porque nadie tiene las agallas de intervenir el sector a tiempo, arriesgando la ira de unos bancos al borde la quiebra. Por supuesto que habrá quien aún haga dinero especulando en cereales y verduras pero una hambruna de estas dimensiones son palabras mayores, si la clase obrera ahora está en “modo Oskawa”, simplemente dejando que la burguesía pague por sus maldades de forma casi pasiva, cuando haya hambre de verdad, y ya empieza a haberla en demasiados casos por culpa meramente de la “cuarentenitis”, del estado policial profiláctico e impráctico, la situación se volverá absolutamente incontrolable. Y no es un foco concreto que quizá pudiera ser apagado mediante violencia, es global.

La situación es ya desesperada y nadie quiere enfrentarla, sobre todo nadie en posiciones de poder, sea la clase burguesa, sean sus políticos de mierda. Por desgracia tampoco el escasísimo “liderazgo” obrero está a la altura en la gran mayoría de los casos: la postura es en general de reformismo, corto-placismo y falta de análisis en profundidad. El mensaje de Thatcher de “no hay alternativa”, de “es lo que hay”, ha cuajado demasiado profundamente, demasiada gente parece incapaz de ver la ineficacia extrema del Capitalismo terminal, la necesidad urgentísima de comunismo (o eco-socialismo o como se le quiera llamar) para salvar no ya a la clase obrera, sino a la mismísma Humanidad.

Aprenderemos a hostias… o nos extinguiremos por idiotas. Es lo que hay, esta vez de verdad.

estado español · estado francés · pandemia

Modelo coreano ya!

Ya es tarde, ya se ha perdido demasiado tiempo, demasiadas vidas y demasiada economía a la pésima gestión (es un decir) totalitaria del Régimen Español neofranquista.

modelocoreano

No sólo se refiere al estado español, en realidad es lo mismo en el francés, el italiano, el estadounidense, la mayoría de los estados de América Latina, Gran Bretaña, etc. El modelo de mala gestión de la pandemia “italiano” o “latino”, a base de ordeno y mando arbitrario e inútil, no funciona, es extremadamente destructivo de la economía y de los derechos humanos, pone en peligro muchísimas vidas condenadas a la miseria y no o apenas resuelve el problema sanitario o epidémico en sí.

Hay que cambiar radicalmente de rumbo: intervenir las empresas para hacer tests, mascarillas, respiradores y todo tipo de apoyo logístico, y en general para que no eche el cierre definitivo y podamos rebotar de toda la destrucción de empleo y tejido económico al menos en alguna medida. El parque de vivienda también debe ser colectivizado para asegurar que, confinad*s o no, todo el mundo tiene un hogar aunque la economía se hunda. En estos momentos sólo el socialismo decidido puede funcionar, pero, además de eso, por favor modelo coreano de gestión de la pandemia, algo que no sea una mera campaña de propaganda militar odiosa y despreciable.

Será una “guerra” metafóricamente hablando, pero a los soldaditos eso de las metáforas se les da muy mal. Se les da fatal todo lo que no sea disparar a matar, así que acuartelarlos y desplegar personal civil en su lugar, alguien que sí que haga algo aparte de molestar.

Euskal Herria · pandemia

Extrapolando la realidad de la pandemia en Euskal Herria

Extiendo aquí al detalle de Euskal Herria el análisis que hice ayer para varios estados europeos, evidenciando lo que podría ser las cifras aproximadas de infecciones reales por covid-19 a falta de tests sistemáticos. La metodología es la misma.

extrapolazioa

Si esta extrapolación se aproxima a la realidad (y creo que sí), es evidente que la apariencia de gravedad que pueden producir las detecciones oficiales y la gravedad real oculta varía un poco y se aprecia directamente en la tasa de letalidad aparente (salvando el caso de Iparralde, aún prematuro para evaluar). Araba y Gipuzkoa están comparativamente peor de lo que las detecciones sugieren, mientras que Nafarroa está mejor (menos mal) e incluso se puede decir lo mismo de Bizkaia.

Convirtiendo las cifras extrapoladas a porcentajes, en Araba estaría infectada el 4,9% de la población (una cifra incluso mayor que la que estimo para Madrid, c. 4%), en Nafarroa el 0,6%, mientras que en Gipuzkoa y Bizkaia es el 0,5% aproximadamente. Aunque obviamente el problema existe en todo el país, la gravedad es muy distinta según los herrialdes, siendo casi diez veces mayor la incidencia real en Araba que en el resto del país (y dentro de Araba seguramente en localidades específicas como Gasteiz y Bastida sobre todo).

La incidencia (extrapolada, estimada) en el conjunto de Euskal Herria sería del 0,9% de la población.

A cuidarse, cuidar, tomar precauciones pero que no cunda el pánico, vale?

Europa · pandemia

Extrapolando la realidad de la pandemia en Europa a falta de tests sistemáticos

EJERCICIO DE EXTRAPOLACIÓN SOBRE LA PANDEMIA

extrapolación

Los tres primeros estados son los más claramente comparables, ya que la epidemia se expandió en ellos de forma casi simultánea, IT y GB son menos claramente comparables pero la diferencia de ritmo de propagación es de -1 y +1 semana respectivamente, como mucho, y muestran el mismo patrón de inconsistencia respecto a los datos de Alemania, donde al parecer se hacen muchísimos más tests.

Asumiendo que la tasa de mortandad real es aprox. la misma en todas las poblaciones (nada sugiere lo contrario), algo menos del 5% según los datos de China, algo más según los de Hubei, pero, ojo!,sólo c. 1,2% (sobre total de casos) según los de Corea del Sur, donde los tests son exhaustivos, entonces los muertos nos dicen (datos interpolados) aprox. cuánta gente tiene realmente el virus (mayormente no detectados).

En este ejercicio uso como referencia a Alemania (DE), el resultado no es necesariamente la verdad pero es una estimación, probablemente realista, aunque inevitablemente aproximativa, de la cantidad de casos ocultos, no detectados, con todo lo que ello implica, entre otras cosas que en Italia ya estaría infectada el 2% de la población y el 0,8% en el estado español, la inmensísima mayoría sin diagnosticar, gente que te cruzas en el supermercado, en el metro, en el trabajo, en tu propia casa quizá. Una cantidad que ya es imposible de controlar (harían falta millones de tests para localizarlos a casi todos).

Las medidas de confinamiento no pueden ya parar la dispersión de la pandemia (ni parándolo todo, recordemos que algunos de los focos son y han sido hospitales), pueden amortiguar algo pero sólo parecen extender la agonía y cargar el coste sobre la economía, cuyas consecuencias serán en breve aún más duras si cabe. Podría quizá amortiguarse si se distribuyeran mascarillas y guantes a toda la población pero cuando ni los sanitarios ni la policía los tienen, menos aún el común de los mortales. En Chekia han dado la orden de no salir de casa sin mascarilla, pero no te la dan, te tienes que buscar la vida, cosértela en casa en la mayoría de los casos (un poco kafkiano pero quizá funcione, desde luego mejor que disuadir del uso de mascarillas o no promoverlas).

Expectativas epidémicas: me temo que en la mayoría de los estados se infectará eventualmente la gran mayoría de la población, digamos el 80% y, aunque la tasa de mortandad final fuera sólo del uno por ciento, ello supondría cientos de miles de fallecimientos en cada uno de ellos, millones si la tasa es mayor. Eso sí, mucha gente ni sabrá que se ha contagiado: sus síntomas serán leves o inexistentes.

Expectativas socio-económicas: aunque el problema epidémico es muy grave, el efecto socio-económico de un parón prolongado será aún peor. La miseria mata, mata mucho.

Expectativas políticas: me da auténtico pánico el fascismo y la militarización que se está produciendo en torno a esta epidemia: al parecer los estados, al menos en la Europa Latina, sólo saben responder paseando a la policía y soldados, sin proporcionar medidas eficientes de tipo refuerzo real de la sanidad, tanto a nivel hospitalario como de calle. Si el hospital militar mayor del reino no tiene ni siquiera cañerías, cómo espera la gente que los militares solucionen nada?! Que los pongan a coser mascarillas si acaso! Que hagan algo útil, manduconear y aterrorizar a la población no sirve de nada, por lo menos no contra la epidemia. El lenguaje bélico-represivo tampoco sirve, que las ruedas de prensa sobre la pandemia parezcan una junta militar menos aún. Son los y las trabajadoras civiles quienes realmente mantienen todo funcionando y pueden ser organizados (de motu propio o por dirección estatal) a producir los bienes necesarios en una situación así. Pero eso no se está haciendo desde los estados, las medidas socialistas (planificación estatal) brillan por su ausencia. La centralización excesiva tampoco ayuda, porque en demasiados casos sabotea las iniciativas de ámbito territorial, que pueden ser tanto o más eficientes y generarían una diversidad de marcos de actuación, cuyas formas más eficaces pueden ser imitadas por quienes operan de manera menos eficiente al principio. La uniformidad no es útil: es rígida e ineficaz, la diversificación es mucho más creativa y maximiza la eficiencia de forma más dinámica y flexible.