Europa · guerra de clases

Tenemos hambre!

La estrategia Anglosajona durante al menos cinco siglos ha sido la de impedir la unidad del subcontinente europeo, tomando partido siempre contral cualquier poder que pudiera estar cerca de lograr algo semejante, primero contra los Habsburgo (en especial la rama española), luego contra Francia (tanto la borbónica como la revolucionaria y la napoleónica), luego contra una Rusia que había salido reforzada de la derrota de Napoleón, luego contra la nueva Alemania que desafiaba la hegemonía económica inglesa hace ya más de un siglo, luego de nuevo contra Rusia convertida en URSS y ahora sobre todo contra Rusia pero también contra las tendencias federalistas en la Unión Europea. Esta geoestrategia, como otras a nivel mundial, ha sido heredada por Estados Unidos, aunque por lo general Gran Bretaña (Gran Inglaterra) continúa teniendo un papel muy activo en esta política. Polonia es un peón clave en esta estrategia desde su reconstitución en 1918, ya que sirve de peón y cuña para la confrontación tanto con Rusia como con Alemania, las dos mayores potencias europeas (Ucrania desde Maidan y los semi-vacíos estados bálticos son mera extensión de Polonia a todos los efectos).

Por ello la sumisión europea a los designios terribles de Anglosajonia (Imperio Estadounidense, Neo-Inglés o como se quiera llamar) es algo desesperante y no sorprendía mucho que hubiera algunas voces incluso en el extremo centro burgués del pensamiento único «liberal», como Macron on Borrell, que cuestionaran esta situación aunque sólo fuera de boquilla, pidiendo una UE más unida y soberana, sobre todo en el campo militar, que es en última instancia el que verdaderamente importa. Lamentablemente el agravamiento de la crisis nazi de Ucrania ha demolido de golpe cualquier veleidad independentista europa… al menos a corto plazo.

A medio plazo ya se verá, porque lo que está claro es que, sea cual sean las intenciones ocultas de los actores principales de este juego macabro, a veces difíciles de descifrar, el resultado obvio es que Europa es la víctima. Víctima de su propia sumisión institucional y semi-colonial a Estados Unidos y sus peligrosísimos juegos con el fascismo (no sólo en Ucrania, sino en general, no sólo ahora sino desde hace demasiado tiempo) y la guerra sin fin, guerra que cada día está más cerca de nuestros frágiles hogares y que está siendo usada para demoler nuestra economía, nuestras sociedades y nuestras libertades y derechos humanos.

«Tenemos hambre» decía una pintada del 1º de Mayo en París. Esa es la situación terrible en la que estamos cada vez más europeos y europeas gracias a la absoluta falta de estadistas en posición de liderazgo político real. La profecía de Chirac, «después de mí todos serán mercachifles», es muy cierta; aunque en algún grado Chirac también fuera un poco mercachifle los que vinieron después lo son mucho más; el estadismo más o menos logrado de líderes como De Gaulle, Miterrand o incluso el conservador centrista Chirac en menor grado, co-autor junto con el ahora maldito Schröder (cancelado por pro-ruso) de la UE que de hecho tenemos para bien y para mal. Merkel misma era una mercachifle patética y Schröder la maldijo entre dientes porque estaba «destruyendo mi Europa».

De aquellos polvos (Sarkozy, Merkel, Rajoy, etc.), estos lodos. Pero el salto al vacío que estamos dando, que nos están dando a base de hostias (ley mordaza, estado policial covifascista, sanciones anti-rusas que son de hecho anti-europeas, etc.) es cualitativamente distinto de lo que hemos padecido en la última década o dos. El nivel de empobrecimiento generalizado, de hambruna incluso, de epidemia de desalojos, de generalización de muertes y sufrimiento por pura demolición social (sanidad, estado del bienestar, accesibilidad de servicios públicos, desestructuración del tejido social por distanciamiento social y divisiones en torno a la aceptación o no de la propaganda y dogma liberal extremo-centrista en sus diversas manifestaciones, que es una forma de fascismo, suave sólo en apariencia.

El problema que tenemos es que nuestros líderes son todos y todas traidoras, siervos vendidos y acobardados de la mafia terrorista Gladio, el brazo secreto de la OTAN, que es el verdadero estado, la verdadera dictadura que nos oprime y, mediante esta opresión, asegura nuestra explotación y miseria. Es cierto que tras ello hay un partido único burgués (atlántico y atlantista) en la sombra pero su estructura es más difícil de desentrañar y en todo caso sería el Senado consultivo y no el poder ejecutivo, que recae sobre la OTAN-Gladio primariamente (en estos momentos encabezada por Blinken, que es el verdadero presidente de hecho de Estados Unidos, ya que Biden es claramente incapaz, un rey que no reina porque apenas cogita ya dada su senilidad extrema).

No se salva ni Melenchon con su patético servilismo a la república burguesa y su orden policial antiproletario. Corbyn sí pero a Corbyn se lo cargaron con la maniobra del Brexit, que le dejó en gran medida fuera de juego, y la traición posterior de Starmer, que purgó en pocos meses el Partido Laborista de toda presencia radical o revolucionaria.

Así que estas tenemos: los y las europeas estamos siendo sacrificadas a la avaricia del Imperio Estadounidense, que ha conseguido con la guerra de Ucrania no sólo cerrar filas en una OTAN que parecía querer desintegrarse hace solo unos meses, sino vendernos su mierda de gas de fracking y cereal transgénico al doble de precio que una Rusia que ahora tiene que buscarse otros mercados (y no es que le falten: la economía Rusa está muy sana, incluso mejor que antes en algunos aspectos). Con una inflación absolutamente desbocada, con costes que no sólo llevan a la pseudo-ciudadanía proletaria a la miseria más absoluta, sino también a la pequeña burguesía al cierre por no poder asumir costes, la economía y sociedad europeas, las vidas mismas de la población, están siendo sacrificadas la avaricia y ambición geoestratégica de un Imperio Estadounidense que, a pesar de todo, está muy claramente en fase de decadencia terminal.

Por mucho que Europa sea destruida, Estados Unidos (o debería decir Estados Hundidos?) y su imperio de los siete mares no se va a salvar: el abandono forzoso de Afganistán es más que sintomático, mientras que el saqueo de Europa con pretexto rusófobo sólo puede darle un poco de aire a corto plazo, ya que poco a poco se volverá no sólo evidente la despiadada estafa, sino que la reacción en las calles, que ya está sucediendo, sobre todo en el estado francés, va a ser necesariamente enorme en cuestión de meses y eventualmente se volverá incontrolable. Porque todas las mentiras del mundo no pueden competir con la durísima verdad del hambre, la miseria, la falta de vivienda y empleo, etc.

Mucha gente creerá que exagero, están tan acostumbrados a un «esto es lo que hay» que cada vez es un poco o un mucho peor pero hasta ahora no ha sido lo bastante extremo ni generalizado en su crueldad capitalista más palpable, que no creen que pueda ser tan malo. Pero en pocos meses estarán todos y todas (o casi) reconociendo que es insoportable y que algo debe hacerse. Lo que no sabrán en muchos casos es «qué hacer?», como retóricamente preguntaba Lenin hace algo más de un siglo, y en consecuencia habrá muchos palos de ciego, dados con justa ira pero sin objetivo claro. Habrá probablemente un 1905, cuando el pueblo exija lo más básico de forma pacífica y sumisa por última vez y sean masacrados, luego vendrá 1917.

No hay otra: ni hay planeta B para la Humanidad, ni la burguesía tiene plan B alguno (siguen en modo «saquea mientras puedas», no tienen ni puñetera idea de qué hacer cuando «mientras puedas» se haya agotado que no sea soltar a sus perros con la máxima violencia para extender un poco más ese reino de terror y saqueo capitalistas.

Esto se acaba, Ragnarök ha llegado y los gigantes de fuego revolucionarios se agitan ya demando justicia y libertad, Loki (que es Sugar y Prometeo) se ha liberado de sus ataduras y tormento y agita la bandera roja de la ira popular, Hel extiende la alfombra arcoiris a las víctimas de la violencia terratenientista y patriarcal, los dioses de la explotación tiemblan porque su hora se aproxima.

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