capitalismo · guerra de clases

El hachazo post-epidémico que sí que nos matará

Leo atónito que La IzquierdaTM de EE.UU. (con un par de excepciones honorables por beligerantes) ha dejado caer la moratoria de desalojos y que millones de familias se enfrentan de golpe y porrazo a vivir en las calles o en las miserables chabolas que puedan construir bajo la mirada vigilante de una policía que nunca fue descapitalizada en absoluto a pesar de los eslóganes y que sigue trabajando para el régimen burgués. Leo que la culpa es de Biden, de Pelosi, de las vacaciones en los chalets de lujo de los mercenarios políticos de la burguesía que pretenden ser de izquierda, leo que si el mega-fondo buitre Black Rock tiene línea directa con la Casa Blanca (y me pregunto por qué nadie nunca menciona a The Vanguard Group, que los posee a todos y nadie sabe quién es su dueño: el capitalismo monopolista más extremo… aquí y ahora).

Dejo de leer e imagino, siento en primera persona porque yo mismo no estoy demasiado lejos de estar en esa misma situación y lo sé, el dolor de millones súbitamente expulsados de sus hogares y condenad*s a una muerte lenta, sucia, fría y humillante en las calles de el país más rico del mundo. Sin posibilidad de trabajar, de cobrar ayudas, de votar siquiera ya… porque todo eso depende de tener casa. Algo tan sencillo y convertido en tan imposible como tener una jodida casa, aunque sea de alquiler, pero no de okupa, eso no te lo admiten.

Mientras tanto en Galicia… la sanidad pública implota: miles esperan y esperan para poder hacerse una radiografía o una operación. Es sólo una muestra de una gestión sanitaria horrible característica del capitalismo degenerado tardío, empeñado en hacer pagar por todo, incluso por sobrevivir, y empeñado también en distraer culpabilizando a la ciudadanía de los males que el propio régimen burgués genera o magnifica, sean los plásticos de los supermercados, sea el cambio climático, sea la sanidad de mierda.

La teoría “conspiranoica” (que al final no lo va a ser tanto) del “great reset” afirma que el Capitalismo está conspirando para forzar al proletariado a “su lugar”, a la desposesión más absoluta, a volver a ser proletariado (desposeíd*s) de manera radical. Un problema añadido es que nadie va a contratar a una persona sin-techo, a no ser en condiciones altamente ilegales de semi-esclavitud, típicamente en la prostitución u otras mierdas, cualquiera que haya estado aunque sea unos meses viviendo en la calle lo sabe perfectamente: es un callejón sin salida que sólo lleva a la muerte… o al talego (o manicomio) si tienes agallas para matar a alguien, supongo.

Una chabolización súbita de las sociedades desarrolladas nos lleva de lleno a Das Kapital… pero en versión Toyotista degenerada. Millones de personas sin techo, sin esperanza y sin lugar alguno a donde huir/emigrar siquiera, amontonándose en las aceras, algunas mendigando, otras robando, otras quizá traficando con drogas… o con armas… o a saber! Una sociedad que de pronto está fuera de control y radicalmente desocializada. Un proletariado puro, sin siquiera el mono azul del obrero industrial clásico… pero con una educación adquirida y en números inmensos.

Porque proletari* no significa otra cosa que desposeíd*. Es un palabro latino, tomado de la antigua Roma en la que los “sin nada” (los hombres, era una sociedad muy patriarcal) aún podían explotar a sus hij*s (prole), bien como trabajador*s precari*s, bien vendiéndol*s como esclav*s. Su única riqueza era su “prole”, ahora ya ni siquiera eso… el proletariado moderno no tiene ya nada de nada, de hecho ya ni siquiera parece ser capaz de vender su fuerza de trabajo, porque cada vez hay menos trabajos: casi todo está mecanizado o transferido a un consumidor dispuesto a trabajar gratis en demasiadas cosas (desde autoservicio de gasolina a reciclar plásticos para el chanchullo falsi-ecolo), el “trabajo muerto” (las máquinas) ha reemplazado en gran medida al trabajo vivo y ya sólo queda cruzar el umbral atroz de la “singularidad” de la Inteligencia Artificial para que la Humanidad entera (o casi) se convierta en desechable como los otrora imprescindibles caballos. Quizá ya hemos cruzado ese umbral y no lo sabemos, quizá The Vanguard Group está controlado por una AI genérica que conspira para destruir a la Humanidad (o la mayoría de ella) en un escenario Terminator. O quizá no, quizá los jefes de todo sean aún humanos, imposible de saber con el oscurantismo creciente en el capitalismo financiero degenerado y terminal que padecemos.

En todo caso no importa demasiado: la famosa lucha final que menciona La Internacional, himno de la frustrada Comuna de París hace siglo y medio, está aquí: si el enemigo de clase es humano o máquina ya no importa, sigue siendo la misma lucha por la Humanidad y de manera creciente por la supervivencia individual, que es también la supervivencia colectiva.

Lamentablemente estamos muy mal preparados: demasiada gente ha perdido demasiado tiempo con el reformismo posibilista, ha invertido demasiado de sus vidas, de su “capital vital”, de sus esperanzas, en esta quimera demostradísimamente falsa (no hay reformas sociales progresistas desde Reagan por lo menos, hace ya 41 años, ni siquiera con gobiernos de izquierda) y falta organización revolucionaria (y la que hay está demasiado sectarizada a lo largo de líneas enraizadas en disputas que ya tienen más de un siglo de antigüedad pero que siguen lastrando demasiado).

Pero las revoluciones no son, en lo esencial, procesos organizados, ordenados, sino caóticos. La nueva organización emerge espontáneamente, al menos en gran medida, des esos procesos caóticos que Bakunin (que no se autodenominaba “anarquista” sino “socialista revolucionario”) concebía como momentos de “anarquía” a explotar por las fuerzas revolucionarias (clase proletaria y sus organizaciones).

Con esta reproletarización forzosa del proletariado (lumpenizado a base de “zanahorias”, reproletarizado a base de “palo”) nos enfrentamos a una nueva fase de crisis creciente, piense lo que piense la dirección capitalista, crisis incontenible en última instancia, que podría llevar por supuesto y por desgracia a una guerra mundial que no puede sino ser nuclear, pero que también puede ser detenida desde abajo por un proletariado que no tiene sino que descender en masa desde sus nuevos barrios de chabolas, que proliferarán como setas a raíz de estos desalojos masivos sin duda, y tomar las ciudades en las que el Capitalismo les ha confinado para dormir aunque sea por una noche en las mullidas camas de la burguesía.

Qué puede hacer la burguesía? Bombardear las ciudades? Quizá, no sería ni sorprendente ni novedoso (de nuevo ruge el recuerdo de l*s mártires de París hace siglo y medio), pero, incluso si pueden contener una vez o varias la ira del proletariado plenamente desarrollado que somos nosotr*s mism*s, no van a lograr nada sin abordar el problema de fondo que es el de una sociedad destrozada, desarticulada y sin estrategia. Y mientras no se solucione este problema va a seguir rugiendo la marabunta.

Es hora de prepararse para lo peor y de planificar para construir lo mejor. Estamos en una era sin precedentes que requiere soluciones sin precedentes (y no, Vladimir: no eres un buen precedente, eres meramente transicional, periférico y muy problemático). No tenemos alternativa, esta vez no.

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