capitalismo · geopolítica

Imperialismo(s)

Una de las grandes confusiones en el desolador espectáculo de la izquierda postmoderna en sus diferentes facetas es la de los autodenominados «antiimperialistas», generalmente muy leninistas pero que al parecer nunca han leído a Lenin, al menos no en este tema. Léase por favor: V.I. Lenin, «El Imperialismo, fase superior del Capitalismo», 1916.

Estos autodenominados antiimperialistas creen, como el socialdemócrata Kautsky, contra quien Lenin escribió esta obra maestra, quizá la razón principal por la que uno puede admirar la genialidad de Lenin a pesar de sus errores revolucionarios, que el imperialismo puede ser unipolar, que sólo existe al parecer un campo capitalista o imperialista y que todos los demás actores de la geopolítica global, sean grandes como la China ultra-capitalista (que aún pretende vagamente ser «comunista» pero no lo es en absoluto) o pequeños como Siria o los Talibanes, son unos santos «antiimperialistas» más inmaculados que la sagrada concepción de María, la supuesta virgen del cuento de la paloma mensajera caída del cielo.

Proyección militar estadounidense, el único imperialismo según los ciegos.

La realidad es que sin poder popular comunista, todo actor es capitalista y por lo tanto está entrampado necesariamente en la geopolítica imperialista, que es siempre multipolar. Era multipolar cuando los actores eran Portugal y Castilla (pero también el Imperio Otomano entre otros), era multipolar cuando nuevos y más plenamente capitalistas actores europeos (Holanda, Inglaterra, Francia, etc.) se introdujeron y también cuando Marruecos imitaba a Portugal y Castilla en sus campañas coloniales contra Songhay o cuando el Califato traficaba en esclavos mediante la mediación del estado terrorista Kanem-Bornu, precursor conceptual de Boko Haram, así como de las nada honorables repúblicas mercantiles italianas. Incluso en época romana había otros actores imperialistas que no eran Roma, notablemente el Imperio Sasánida (Persia) pero también en alguna medida las tribus germánicas que habían devastado la civilización incipiente de los celtas, o los celtas mismos antes de ellos, etc.

En este sentido, Apo Öcalan tiene toda la razón cuando relativiza la diferencialidad capitalista respecto al terratientismo patriarcal previo: en el fondo son demasiado parecidos. Pero centrémonos en el imperialismo específicamente capitalista como lo analizaba Lenin hace un siglo.

Como con los modernos antiimperialistas de pacotilla, hace un siglo, decía Lenin (capítulo 9) que «los imperialistas alemanes intentan seguir de cerca los movimientos de liberación nacional en las colonias, particularmente, por supuesto, en las no alemanas. Destacan el malestar y las protestas en la India, el movimiento en Natal (Sudáfrica), en las Indias holandesas, etc.» Y es que el imperialismo alemán, arribado tardíamente al reparto del planeta y con un capitalismo «de estado» que en casi nada se diferencia del de China o Rusia actuales, buscaba colaborar constructivamente con los países semicoloniales como el Imperio Otomano residual, Brasil, Argentina, Rusia o China, con un imperialismo más sutil y más moderno si se quiere, en el que la intervención directa no era necesaria en general. Así el II Reich financiaría por ejemplo el ferrocarril de Bagdad, que ahora es una vía muerta que hace de frontera artificialísima entre Siria y Turquía, cortando por en medio de Kurdistán.

La política exterior de China en particular es muy parecida si no idéntica: trabaja con los poderes realmente existentes, a menudo corruptos y tiránicos (y desde luego para nada socialistas) en beneficio de las empresas y finanzas chinas. Supuestamente eso ayuda al desarrollo local pero eso es muy supuesto y en nada se diferencia de lo que hace el imperialismo occidental articulado en la OTAN y sus extensiones del Océano Pacífico y Asia Occidental.

Una interpretación de la geoestrategia imperialista china (Cinturón y Ruta)

Si la estrategia del Imperio Occidental (NATOplus) es bastante conocida, aunque apenas debatida en el fondo, ya que a menudo se reduce a proclamar la existencia de «petróleo», sin entender siquiera la importancia del petróleo como «nuevo patrón oro» detrás de la hegemonía financiera del dólar estadounidense (por el pacto Nixon-Saud, el petróleo en general se vende sólo en esta moneda, lo que le da inmensas ventajas financieras, desafíadas apenas por Rusia, Irán y Venezuela en las últimas décadas), la estrategia del imperialismo Chino no es sustantivamente diferente y se caracteriza por la estrategia llamada «Cinturón y Ruta», ampliación con énfasis en Rusia (cinturón estepario) de la anterior «Ruta de la Seda», también conocida como laberinto de Oleoductistán (Pipelinistan) orientada sobre todo a Asia Central y Occidental. Siguiendo esta estrategia China se ha posicionado no sólo en Asia Central (donde deja hacer a Rusia, un aliado demasiado importante para andar pisándole los callos, pero ha establecido una base en Tayikistán y ejerce clara influencia en varios estados, incluidos Irán y Pakistán), sino sobre todo en la ruta marítima a lo largo de Asia Meridional, donde hace ya más de una década estableción una serie de bases navales alrededor de India (lo que explica en gran medida el realineamiento de India con Occidente) llamadas muy finamente «collar de perlas», recientemente ha establecido una base en Yibuti, que también arrienda su posición clave a Francia, EE.UU. y Etiopía (Rusia mientras tanto ha establecido una base naval en el vecino Sudán). Los intereses chinos en África son masivos y básicamente domina indirectamente al gran bloque «sudafricano», así como a Nigeria y en algún grado a Etiopía, mientras que EE.UU. debe contentarse con el mini-imperio «tutsi» de Uganda y la zona de influencia francesa en África Occidental y Central, cada día más contestada por fuerzas islamo-fascistas de obediencia turca.

El absoluto dominio de la producción industrial global por parte de China, que le obliga a buscar y proteger sus mercados.

Y es que el imperialismo no se acaba en las dos superpotencias, cada estado capitalista de cierta enjundia tiene su propia estrategia imperialista, a veces más subordinada a una superpotencia (caso extremo es Gran Bretaña, prácticamente el estado nº51 de USA, pero también Francia en gran medida y claramente Alemania, al menos con la dubitativa Merkel, desde luego Japón), otras veces más autónoma pero sin duda alineada (Rusia, Irán, Sudáfrica, Nigeria) y en raros casos jugando a dos o tres barajas a la vez (notablemente Turquía). Rusia, aunque alineada con China a fuerza de sanciones occidentales y maniobras desestabilizadoras en su frontera meridional, es sin duda un actor muy autónomo que querría poder serlo más aún pero no puede por la agresividad occidental en Ucrania muy particularmente. Rusia exporta armamento, combustibles fósiles y contrainformación. Siendo un régimen muy autoritario, da paradójicamente (y muy inteligentemente) cobertura a los disidentes occidentales en formas que la totalitaria China jamás podría hacer (de hecho a Snowden le recomendaron huir de China, donde jamás le darían asilo).

A nivel geopolítico Rusia es un caso particularmente interesante porque en muchos sentidos es una potencia de segundo rango, comparable a Alemania o Francia (pero muchísimo mayor en geografía y armamento, también nuclear). Sus intereses imperialistas son más de defensa que de expansión, puesto que tiene grandes espacios propios en Siberia y cierta influencia heredada de la difunta URSS en Asia Central sobre todo y no es lo bastante industrial como para ser una potencia exportadora en busca de mercados (excepto en nichos como el de armamento, desde luego, o en el de materias primas como los hidrocarburos o cereales). Tampoco es poderosa en aspectos como el financiero, recordando a la Prusia del siglo XVIII: muy dinámica militarmente sobre todo pero una potencia segundona sin duda y relativamente poco desarrollada, aunque autónoma. Como ocurrió con el Imperio Británico siendo absorbido por EE.UU., es razonable pensar que poco a poco y de manera siempre «amistosa», China la vaya reemplazando, pero, a no ser que el Imperio Occidental colapse, de manera que la presión militar de la OTAN se relaje mucho, Rusia está condenada a entenderse con China. Trump (con más sabiduría de la que habitualmente se le concede) intentó desengancharlos, sacrificando los deseos del segmento subordinado europeo, pero su geoestrategia nunca acabó de consolidarse, porque no manda el Presidente, manda el Pentágono y el gobierno en la sombra de los oligarcas capitalistas, y éstos no le permitieron desarrollar su estrategia «pro-rusa» (monolíticamente anti-china).

Esa es una diferencia que tienen los regímenes ruso y chino: que el estado manda mucho allá aunque lo haga en favor de los grandes capitalistas, mientras que en Occidente el estado es débil frente a los oligarcas, sobre todo cuando éstos se ponen de acuerdo. Occidente se parece en este aspecto a la Rusia de Boris Yeltsin y eso es una debilidad tremenda sólo compensada por su hegemonía histórica, cada vez más cuestionada y seguramente insostenible (la situación en Afganistán, Mali, Líbano, Sahara Occidental, Libia, etc. evidencia la creciente debilidad del sistema imperial articulado en torno a EE.UU., cada día más incapaz de imponer sus términos y crecientemente atomizado por luchas intestitas difusas que se retroalimentan positivamente).

En definitiva hay una Segunda Guerra Fría que, al contrario que la Primera, es netamente imperialista, es decir: capitalista. Y que a veces parece que podría ir ganando China (aunque tiene contragolpes y puede reorganizarse de manera radical en cualquier momento, como ya ocurrió hace no mucho cuando India y Brasil abandonaron el bloque chino). China de momento ejerce su poderío de forma discreta, evitando en lo posible el intervencionismo militar directo que ha usado EE.UU. demasiado a menudo, pero eso cambiará y en todo caso sí que hay intervencionismo indirecto por ejemplo en Birmania y un muy claro posicionamiento militar en el Océano Índico y en menor grado (por asumir ese rol Rusia primariamente) en Asia Central. Eventualmente China se anexionará Taiwán, que es de máximo valor geoestratégico para Pekín y de poca importancia para EE.UU. en cambio, y ese momento de afirmación china como superpotencia está cada día más cerca sin duda, si no lo hacen aún es porque tienen miedo de que se convierta en un segundo Hong Kong en esteroides, más problema que ventaja para el régimen totalitario capitalista de partido único, asi como por no tentar la suerte en un conflicto bélico que podría alargarse y dañar al régimen chino falsicomunista (fascista), bastante problema tienen ya con Uyguristán, Tibet y Hong Kong.

Lo mismo que Occidente probablemente sufra un colapso en la próxima década, ya que el diseño socio-económico interno, basado en la especulación inmobiliaria extrema desde hace demasiado, es insostenible (encarece la mano de obra y genera tensión social máxima), China tiene también que enfrentar su propia crisis más pronto que tarde, crisis basada en la imposibilidad de mantener por mucho más tiempo el régimen político totalitario en condiciones de capitalismo toyotista una vez que el país se ha desarrollado tan plenamente como es concebible. El régimen ha ido ganando tiempo a base de «milagro económico» pero este crecimiento incontrolado necesita de un imperialismo que le provea de mercados y recursos, eventualmente encontrará un tope y creo que, dadas las masivas dimensiones demográficas de China, que el tope no está muy lejos. De hecho lo de Hong Kong, aunque sea sólo un territorio pequeño, y lo de Uyguristán son síntomas de un problema mucho mayor, que se manifiestan también en que la gente joven no quiere vivir para trabajar como sus sacrificadísimos padres y madres de extracción campesina o apenas primera generación proletaria si acaso.


Fuente de la imagen de cabecera: https://geoentrepreneurs.wordpress.com/2014/09/07/internet-imperialism-maps/

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