Asia Occidental · genocidio · imperialismo

Gaza es el gueto de Varsovia

Gaza es el gueto de Varsovia en nuestro tiempo y está a punto de sufrir el mismo destino. Según escribo esto las fuerzas armadas sionistas, vanguardia neo-cruzada del Imperio Occidental, se apilan frente al muro del gueto palestino, disparando su artillería con objetivos poco claros y seguramente procederán a invadirlo físicamente en los próximos días.

Probable secuencia del plan imperialista y genocida en marcha

En 2017, el exiliado saudí Khalid bin Farhan al Saud expuso el acuerdo cuatripartito para la solución final en Gaza. El heredero saudí Mohamed bin Salman habría acordado con Washington el placet e incluso financiación del desplazamiento forzoso del millón largo de habitantes de la Franja de Gaza. Al parecer el estado sionista tendría entre sus planes la construcción de un segundo canal entre el Mediterráneo y el Mar Rojo, así como obtener el completo control de los campos de gas de las aguas territoriales gazatíes y poner a todos esos palestinos bajo el control directo de su aliado: la dictadura militar egipcia de Al Sissi.

A cambio de todo esto, Bin Salman obtendría el reconocimiento estadounidense de su sucesión al trono, un asunto siempre espinoso en la complicada dinastía saudí. En los últimos años, aunque el plan de genocidio en Gaza no ha acabado de materializarse (hasta hoy), Bin Salman ha consolidado masivamente su posición política en Riad, donde esencialmente emboscó a todos sus rivales con el cebo del infame robot que otrora quería asesinar a todos los humanos, Sofia, a quien luego le dio la ciudadanía honorífica saudí a pesar de no llevar hijab (supongo que si es robot no cuenta, yo qué sé!)

Mientras tanto, Egipto, ya en 2017, cedió dos islas de su soberanía a Arabia Saudita con el único fin de asegurar que el acceso al Golfo de Aqaba, única salida al Mar Rojo de Israel, se convirtiera en aguas internacionales.

Sin embargo en estos cuatro años el plan de genocidio en Gaza no ha acabado de avanzar, no está del todo claro por qué. Uno de los problemas más obvios fue cuando, en 2017, Arabia Saudita bloqueó al emirato vecino de Qatar, y parecía amagar una invasión, similar a la que lleva haciendo desde 2011 en Baréin contra las demandas populares democratizadoras y en su propio territorio oriental de mayoría chiíta, así como en Yemen, donde los saudíes no acaban de ganar su guerra genocida contra el gobierno revolucionario «hutí». Entonces Turquía (cuya relación con Saudia es más bien hostil desde que divergieron en los asuntos de Siria, Egipto y Libia) intervino decisivamente e impidió que Qatar fuera invadido pero el bloqueo continuó hasta fechas recientes.

Mientras tanto la colonia israelita se sumía en crisis políticas sin fin que pivotan en torno a la corrupción del Primer Ministro Benjamín Netanyahu (sus crimenes de lesa humanidad contra palestinos no importan a una sociedad enferma de racismo extremista como es la israelí pero su corrupción y autoritarismo interno aparentemente sí). A esta crisis se sumó la de la pandemia, a la que el régimen neocruzado a respondido con la vacunación más masiva de todo el planeta (sólo para el grupo privilegiado), pero que probablemente ha retrasado aún más los planes genocidas de Bibi.

Es muy posible que el divisivo Donald Trump fuera incapaz de reunir el consenso internacional suficiente para que apoyara semejante plan genocida, pero está claro que Biden-Harris sí (para eso les ha nombrado la oligarquía estadounidense, para reforzar la cohesión imperial y promover la e-censura, permitiendo continuar con los planes imperialistas previos en Asia del Oeste y Europa del Este).

Los detalles son difíciles de desentrañar pero lo que está claro, entiendo, es que esta crisis de violencia en Palestina ha sido creada por Israel, por Netanyahu y su camarilla, para intentar completar su plan genocida contra Gaza y, muy probablemente, de paso, que el caudillo israelí pueda continuar en su puesto de una u otra manera. Qué mejor campaña electoral en el estado más racista del mundo que un genocidio, no?

No podemos quedarnos mirando. Quizá no podamos impedirlo pero desde luego no podemos ser cómplices de esta nueva masacre racista, colonial y genocida.

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