Euskal Herria · política · Serie: Revolución en Vasconia

Comunismos varios en la Vasconia de hoy

Pondera un(a) anarquista, que escribe con el pseudónimo A Las Barricadas, sobre el éxito, aparentemente explosivo, de Gazte Kontseilu Sozialista (GKS) y su versión más genérica: Mugimendu Sozialista y los asociados Kontseilu Sozialistak. El artículo, titulado El Movimiento Socialista y el Anarquismo Organizado, es bastante decente y creo que merece la pena leerlo, ya que hace una síntesis de los desarrollos en la izquierda revolucionaria vasca y organizaciones similares en otras naciones de Iberia. Menciona que alguna gente con ideas anarquistas se aproxima a estas organizaciones pero advierte de su herencia leninista y su centralismo organizativo. Termina, cómo no?!, haciendo una apelación al Anarquismo para imitarlos.

Como ex-anarquista y cuasi-marxista puedo estar relativamente de acuerdo en muchas cosas, aunque, vaya por adelantado, también estoy muy de acuerdo con el discurso de GKS/MS, expresado por ejemplo en este vídeo (que también incluye una revisión histórica pero es muchísimo más interesante en el análisis que hacen, que suscribo en casi su totalidad). Lo que me interesa sobre todo de este artículo son sus ausencias, carencias o limitaciones, limitaciones que afectan de manera radical a cualquier cosa que quiera ser heredera del socialismo revolucionario antiautoritario.

Habría que empezar por el lenguaje desde una perspectiva histórica. Por alguna misteriosa razón, a pesar de que Bakunin usaba el término «anarquistas» de manera despectiva para referirse a los Proudhonistas, tras la purga autodestructiva de la Primera Internacional por parte del Marxismo originario y la social-democracia incipiente (sí, iban juntos y no iban muy lejos, al menos inicialmente: la Internacional se disolvería poco después tras el fiasco del Congreso de Nueva York, aunque sería reconstituída en los mismos parámetros décadas después), la gente que quedó fuera se reorganizó con los Proudhonistas, etc. y empezó a usar el término «anarquía» (sin líder, sin autoridad) de manera autodefinitoria y supuestamente positiva.

Aunque la etiqueta podría servir quizá de manera provisional en el consenso decimonónico en el que ocurrió, ha habido un enquistamiento no sólo en el label, sino en una serie de ideas o verbalizaciones asociadas como por ejemplo la insistencia en rechazar conceptos como comunismo, democracia o incluso política, dejando que sean otr*s quienes determinen tu lenguaje, en vez de reivindicar estas palabras como propias, con los matices que haga falta. Yo diría que la base ideológica del anarquismo es profundamente comunista (municipalista), democrática (en favor del poder popular) y política (relativo a la ciudad, multitud o la sociedad humana). Se llega incluso a cuestionar palabras comunes como poder, en vez de matizarlas, por ejemplo en el sentido de empoderamiento por mucho que se cuestionen las jerarquías. Todo esto, que a las personas anarquistas les parecerá seguramente trivial, impide al colectivo extenderse a la sociedad en general; puede que conecte con instintos básicos (que son comunistas libertarios por herencia paleolítica y en menor grado neolítica quizá) pero tropiezan con la realidad real, con una humanidad, una sociedad que habla un lenguaje común y no en clave ideológica heredada de cosas que pasaron hace más de un siglo.

El problema del lenguaje trasciende al de la organización misma: a pesar de ser oficialmente anti-estado la principal organización anarquista, el sindicato CNT, se organiza en ese marco y, peor aún, no tiene desde hace décadas organización, siquiera regional, de ámbito vasco: la federación regional correspondiente se llama, de manera cuasi-franquista, Federación Regional Norte. Norte de qué? A qué tipo de vasc*s se quiere (o incluso se puede) llegar con esta actitud tan abierta e insultantemente españolista? Se escudan en el «internacionalismo» pero internacional significa entre-naciones, no contra las naciones, mucho menos en favor de la nación-estado española.

L*s anarquistas se pueden quejar todo lo que quieran pero en gran medida sus problemas están causados por su pensamiento sectario de gueto ideológico, aislado de lo que es la sociedad real y en particular de la sociedad vasca y nuestra identidad nacional distintiva (que se funda en una revolución antigua casi desconocida). Y esto es un lastre que lleva demasiado tiempo enquistado en este sector ideológico, normal que haya gente que vea en el discurso, marxista pero actualizante, del nuevo Movimiento Socialista (tanto vasco como de otras naciones), una oportunidad de reconstruir al socialismo revolucionario de forma relativamente innovadora y adecuada a la realidad actual, que es la de la crisis final del Capitalismo sin duda.

Al final, marxista o anarquista… u otra cosa híbrida, nueva o lo que sea, las organizaciones revolucionarias o sirven a la sociedad, a las masas proletarias, a la gente desposeída… para destronar al Capitalismo y reemplazarlo por un Poder Popular… o no sirven para nada. No es una cuestión de quien tiene más razón en el ámbito teórico, es una cuestión, y es una cuestión muy urgente, de cómo acabar con el Capitalismo, tanto en Euskal Herria, como en Europa y el mundo entero. No es una cuestión de pureza, sino de eficacacia en esta democratización antagonista radical que es lo que propone el socialismo revolucionario desde que Bakunin usara esta etiqueta autodefinitoria.

Aparte de que no hay tanta pureza en el anarquismo real, como ya he indicado anteriormente sobre su estatismo de hecho y anti-nacionalismo sólo contra las naciones oprimidas (cuando el viejo Bakunin se declaraba por el contrario patriota de todas ellas en su internacionalismo más genuino), sino también en el hecho de que se vota en las asambleas, en vez de buscar el consenso, lo que sería más genuinamente libertario.

Abdullah Öcalan

Irónicamente GKS/MS, aunque se organizan en el ámbito nacional vasco, no enfatizan ya el independentismo, sino que, correctamente a mi entender, favorecen el internacionalismo con los marcos nacionales que corresponda. Sin serlo exactamente, se parece algo al Confederalismo Democrático, que en Asia Occidental (una región global muy ligada a Europa histórica y prehistóricamente) promueve el movimiento revolucionario kurdo y sus aliados multiétnicos, movimiento que ha sido celebrado por los y las anarquistas del mundo entero pero que tiene raíces leninistas innegables para bien o para mal. Hay otras organizaciones, notablemente Jarki, que son muy similares pero enfatizan más la independencia nacional en forma estado.

Al final otro problema histórico-político (sí: político!) que tiene el Anarquismo es que no tiene ningún plan para organizar a 8.000.000.000 personas, que son las que habitamos la Tierra en este momento. Ni siquiera tiene un plan realista para organizar al millón de personas que vivimos en Bizkaia. Y para poder derrotar al poder «árquico» (jerárquico y explotador) del Capitalismo (y la morralla terratenientista-patriarcal que arrastra consigo de manera residual) hace falta un proyecto constituyente de contrapoder revolucionario más o menos realista (no algo rígido pero definitivamente algo más que mero sectorialismo asambleario a pequeña escala — y eso es crítica también a la Autonomía, que solía considerar mi caseta ideológica pero que peca del mismo defecto «antipolítico» demasiado a menudo). Si lo que se logra es algo como una especie de Cuba-Suiza, con lo mejor de ambos modelos: socialismo (o comunismo) democrático radical pero no extremista, sino profundamente pragmático y ecléctico, pues creo que es a lo que podemos (y debemos) aspirar.

Al final la democracia, el poder popular, sólo puede existir de forma estable y genuina si todo el mundo goza de aproximadamente el mismo poder económico (comunismo) y mediático (no sólo libertad de expresión sino acceso a medios distribuidos de forma equitativa, algo de «gallinero» tiene que haber para que pueda haber poder popular, mejor que la propaganda brutal del régimen burgués OTANista). En última instancia el comunismo es una cuestión de democracia, aunque por su asociación como lavado de cara burgués, l*s comunistas, sean marxistas o anarquistas, tiendan a rehuir este concepto. Por supuesto que también exige de formas organizativas (polis, estado) que sean, que manifiesten, que canalicen, que sirvan a ese poder popular que anhelamos, pero sin democracia económica y mediática, no puede haber democracia política real.

Vivimos una época sin precedentes, una crisis civilizacional única que tiene una única resolución posible: comunismo… o extinción. Y es que la crisis, si no es resuelta de manera revolucionaria, lo será de manera nuclear muy probablemente (hay otras formas de extinguirnos en las décadas venideras pero no quiero extenderme demasiado). Esto exige repensar y reorganizarse y si la base para ello es la herencia marxista (con todas sus contradicciones, que son muchas) pues sea: no es una cuestión de banderas o etiquetas anticuadas, es una cuestión de logros revolucionarios, de cambiar esta mierda por algo que merezca la pena ser vivido.

Salud, comunismo y libertad.

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s