Asia Occidental · fascismo · guerra · megacrisis

Talibanistán: mapa actualizado

El avance de las fuerzas islamo-fascistas en Afganistán está siendo más devastador de lo que cabía imaginar: según escribo esto ya han capturado más de la mitad de las capitales de provincia (18 de 34), incluyendo la segunda y tercera ciudades (Kandahar y Herat), consolidando su dominio sobre el este y sur del país y también casi todo el norte. Sólo la zona urbana de Kabul (este), que parece ser donde se concentran las fuerzas gubernamentales, y el centro montañoso dominado por la etnia Hazara, así como dos zonas fronterizas resisten. El panorama es devastador y, a este ritmo cabe imaginar que las fuerzas totalitarias podrían llegar a controlar todo el país en cuestión de días.

Mapa topográfico base: Sommerkom (Wikimedia Commons, licencia CC), datos más actualizados: South Front, Al Jazeera. Pinturitas: yo.

Poco tengo que añadir a lo que decía en mi anterior entrada (incl. actualizaciones): un retorno al régimen talibán es una pesadilla, no tanto para el mundo, que puede ignorar a Afganistán mayormente, excepto por las oleadas inacabables de refugiad*s, sino para las y los afganos, sobre todo ellas — 32 millones de personas condenadas a malvivir en el monasterio patriarcal al aire libre más totalitario que podamos imaginar, cada día, cada hora, cada minuto bajo la amenaza de la Inquisición más extrema. El Infierno en la Tierra en el nombre de Dios.

Pero sí que estaba pensando que hay demasiados otros Talibanistanes, que cada vez se estilan más, que lleva siendo así desde Reagan y Wojtila y que no se limitan al Mundo Musulmán, donde abundan demasiado, sino que los hay también en Europa (Polonia, Hungría y Ucrania en particular), pero sobre todo que ese tipo de autoritarismo «cultural» reaccionario predomina más en todas partes y que es una amenaza creciente para la libertad y la esperanza de la Humanidad.

Al Capitalismo, sea estadounidense o chino, le da igual: lo mismo que en la ceguera reaccionaria de los años 20 y 30 del siglo pasado, que llevó a la proliferación de fascismos y a la Segunda Guerra Mundial, los grandes empresarios lo único que quieren es negocio, caiga quien caiga, y en consecuencia, mientras no desafíen su sacrosanto principio de propiedad privada, todo vale. Y ninguna reacción va a tocar eso: como bien apunta el Apoísmo, el Capitalismo no es tan diferente del Terratenientismo pre-burgués, del que emerge. No es que Afganistán o Arabia Saudita o Ucrania no tengan relevancia geopolítica, por supuesto que la tienen, sino que a nosotr*s comunistas nos da igual cuál de las potencias capitalistas obtenga ventajilla en su pelea de capos mafiosos (Imperialismo), lo que nos importa es la emancipación de la Humanidad, tanto en su vertiente socio-económica (colectivización de los medios de producción y subsistencia) como en su vertiente de empoderamiento popular (democracia real participativa).

Y, con excepciones muy limitadas y a menudo contradictorias (sobre todo en América, en algunos casos también en Asia), lo que estamos viendo y padeciendo en las últimas demasiadas décadas es justo lo contrario: incremento sostenido y cada vez más insoportable del autoritarismo o totalitarismo capitalista, sea con formulaciones de derechona reaccionaria, sea con pretextos de falsizquierda que nunca colectiviza nada pero sí que impone mandatos dictatoriales y censuras inaceptables.

La pregunta es incómoda pero ineludible: y si perdemos? Y si el capitalismo más totalitario se vuelve la norma? No es una pregunta absurda, es lo que parece estar aconteciendo y Afganistán sólo es un destello sangriento que ilustra este proceso de decadencia totalitaria pero totalmente capitalista, absolutamente no interesada en abordar los problemas reales de la Humanidad, mucho menos de solucionarlos de forma eficaz y sostenible (por ejemplo pero no sólo el calentamiento global que se nos echa encima en forma de incendios y plagas y sobre el que no se ha hecho nada de nada a pesar de hablarse mucho del mismo y que no tiene solución alguna dentro del Capitalismo, voracísimo depredador en esencia).

Y si perdemos? Y si Afganistán es el futuro de la Tierra, no en esa forma tan extrema y paleta, eso no es siquiera concebible, pero sí en una forma más orwelliana, más tecnológica y post-/transhumanista? Sé que no soy el único que teme eso: hay quien teme que el Capitalismo haya sometido quizá plenamente al proletariado y que en consecuencia ya no hay sujeto revolucionario. Yo no pienso así, por el contrario suelo opinar que el proletariado sigue ahí en formas «lumpenizadas» y fragmentadas, porque como clase en sí no puede desaparecer sin que desaparezca la civilización tecnológica moderna o sin que haya una revolución comunista que destruya las clases, la definición del proletariado es al fin y al cabo la de desposeíd*s urban*s, ni más ni menos. Pero podría ser quizás desarticulado, de hecho siempre ha sido así (si no, hace mucho que seríamos comunistas), atomizado e indoctrinado al servicio de la gran burguesía. El cacique de la prensa Rupert Murdoch opinaba hace ya muchos años que, si bien existe una guerra de clases, por supuesto, era su clase, la burguesía, la que la estaba ganando.

Desde un punto de vista marxista es difícil imaginar que esa victoria burguesa sea total e irremediable, al fin y al cabo la clase proletaria va a seguir existiendo y mientras exista tiene el potencial revolucionario de su lado, sólo tiene que cobrar conciencia y voluntad (organización) colectiva para marchar sobre las ciudades en las que habita y crear ese poder constituyente proletario, humano. Pero esa coordinación de clase es extremadamente difícil y, de momento al menos, el poder burgués es capaz de neutralizar casi toda (no toda) organización obrera revolucionaria (constituyente).

Lo más probable que ocurra, imagino, es que, a medida que el Imperio Occidental (NATOplus) pierde sus colonias una tras otra a fuerzas absurdamente reaccionarias como los talibanes, también pierda su capacidad de sobornar (lumpenizar) al proletariado metropolitano, creándose una crisis sin precedentes… en medio de otra crisis sin precedentes ecológica y civilizacional global. Esa será la ventana de oportunidad, quizá en una década, en la que se decidirá (nada está escrito) si la Humanidad sobrevive como eco-comunista o perece como chimpancés borrachos con armas nucleares.

A fecha de ahora mismo cabe dejarse arrastrar por el pesimismo y pensar que lo segundo es lo más probable, pero en realidad no lo sabemos, lo que sí que sabemos es que es un problema muy serio y es un problema de vida o muerte para la especie entera, sabemos que no podemos mirar para otra parte, que no podemos eludir el problema, que ya está aquí, que se nos cae encima en forma de múltiples calamidades y que si no lo enfrentamos de manera radical, si somos cínico-nihilistas (o estúpidos fanáticos como los talibanes), nos vamos al hoyo como especie humana.

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