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Patriarcado: origen y decadencia

Cualquiera que lea la Biblia, el Corán o el Mahabaratha, o simplemente estudie un poco la historia antigua, sea la de Roma, la de China, la de Persia, la de Egipto, etc. se encontrará con el Patriarcado como algo omnipresente o casi desde el mismísimo comienzo de la Historia. La Historia es sólo la historia escrita sin embargo y no es sino la puntita del iceberg de la historia completa de la Humanidad, que comenzó hace unos 200.000 años en África, probablemente en la zona del Alto Nilo. 2-4.000 años de historia escrita no es más que el 1-2% de toda la historia humana, y aunque la historia escrita es mayormente la historia del Patriarcado, la historia humana no lo es.

Paleolítico: comunismo primitivo

Cazadore*-recolector*s khoisan

Durante cientos de miles de años la historia real de la Humanidad fue la historia de poblaciones más o menos dispersas dedicadas a la caza y la recolección sin propiedad privada alguna más allá de los objetos personales (los territorios eran del colectivo si acaso). Observando antropológicamente a los grupos que han llegado al presente o pasado reciente con esta socio-economía, que recordemos que es el contexto evolutivo humano por antonomasia, el 95% de toda nuestra historia como Homo sapiens, y el 99% de la del género humano en general (Homo sp.), no vemos nada que pueda decirse explotación, ni clase, ni patriarcado. Si acaso existiría una muy laxa división de tareas por sexos, de base biológica, es decir: los hombres tenderían a centrarse más en la caza mayor, las mujeres en otras tareas no menos importantes (caza menor, recolección y sobre todo los famosos «cuidados»: maternidad en especial). Quizá no había igualdad absoluta en absolutamente todo pero sí equidad absoluta y respeto total; al final en estas comunidades la única posesión real, si acaso, es la comunidad misma, la pertenencia a un grupo solidario que garantiza el bienestar y la supervivencia de cada persona y la continuidad de la comunidad misma, sus valores comunistas libertarios, sus leyendas, cantos y danzas, su existencia colectiva muy real y concreta, a través de las niñas y niños.

Por supuesto habría conflictos, y por eso mismo observamos una ideología anti-individualista (p.e. burlándose ritualmente del «gran cazador», por el peligro de debilitar al grupo si cualquiera, por bueno que sea, se cree más que los demás) y generalmente pacifista. El compartir la riqueza (siempre provisional) es absolutamente fundamental en estas sociedads: no se entiende que alguien quiera acaparar, que no comparta.

Neolítico

Neolítico

Esto nos lleva de cabeza al Neolítico, ya que en tiempos modernos, comunidades tradicionalmente cazadoras-recolectoras como los pueblos khoisan de África Meridional se han visto empujados a «modernizarse». P.e. Botswana repartió cabras entre muchos de ellos, forzándoles a convertirse en pastores, lo que llevó a conflictos tremendos: las comunidades querían comerse todas las cabras ya, no entendían la lógica de preservar el rebaño, ni mucho menos la de la propiedad privada del mismo, los nuevos pastores khoisán se enfrentaron a una crisis moral tremenda. Peor aún si cabe fue la degradación de la situación de las mujeres, que perdieron su rol socio-económico tradicional y se convirtieron en dependientes de los hombres, más móviles y por lo tanto a cargo de los rebaños.

Esta evolución no es de todas formas algo que veamos de manera clara en el neolítico prehistórico, quizá por la mayor importancia de la agricultura, tarea en la que las mujeres sí que pueden más fácilmente jugar un rol económico (trabajo «productivo») tan importante como el de los hombres, además de que en condiciones menos extremas que las del Kalahari, la misma ganadería no requiere de un nomadismo tan extremo, lo que de nuevo permite a las mujeres a menudo jugar roles «productivos» importantes así mismo.

Aunque el Neolítico quizá siente las bases que permiten la acumulación de riqueza (sea en forma de rebaños, sea en forma de tierras o almacenes de grano) no se observa una transición acelerada a formas clasistas y patriarcales aún, al menos no el primer Neolítico, ciertamente no en todas las sociedades. Pero sí que es posible que algunas sociedades empezaran ya en una segunda fase del Neolítico a desarrollar estos vicios clasistas y patriarcales.

Edad de los Metales: consolidación patriarcal y clasista generalizada

Típico patriarca guerrero batiendo pecho tras la dura lucha (de los demás) por el botín, en este caso todo un clásico: Oriente Próximo (Kadesh, Mayo de 1274 aEC).

Es realmente sólo con el desarrollo de la metalurgia (primero la del cobre, oro y plata, luego la del bronce, finalmente la del hierro y acero) cuando podemos observar la generalización de la sociedad de clases y patriarcal, porque son lo mismo en el fondo. A menudo cuando hablamos de la sociedad de clases pensamos en el Capitalismo, pero el Capitalismo no está en el origen de la sociedad de clases, sino al final de la misma, como discutiré luego; la sociedad de clases originaria corresponde al modo de producción que llamo Terratenientismo, que incluye tanto las formas esclavistas, las de mano de obra «libre» («capitalismo agrario»), así como las intermedias que llamamos generalmente «feudalismo». El mal llamado «modo de producción asiático» (cuyo arquetipo sería el antiguo Egipto, que irónicamente está en África) era también (o más bien «eran» porque se trata de muchos modelos no demasiado relacionados entre sí) una forma de Terratenientismo.

El Terratenientismo sería por lo tanto la forma económica post-Neolítica (agraria) en la que la propiedad y la riqueza se concentra en pocas manos, manos casi universalmente masculinas. Este proceso de concentración de la riqueza se ve reforzado mucho por el desarrollo de grupos de especialistas militares capaces de imponer su posición por la fuerza, especialistas invariablemente de género masculino, por supuesto. En algunos lugares juega un papel importante la clase (a veces casta) sacerdotal pero en otros ésta es sólo una forma accidental de la clase militar-terrateniente.

Véase para más detalles El inicio de la desigualdad.

Patriarcado

Rapto de las sabinas (S. Ricci), mito fundacional romano de extremo contenido patriarcal.

Este dominio por parte de algunos hombres de la totalidad de la economía y por lo tanto de la sociedad y del poder político produce la ideología patriarcal, que no es sólo una auténtica ideología de género por la que los hombres (en general) adquieren un status superior al de las mujeres (en general), sino que es también una ideología gerontocrática por la que los ancianos u hombres maduros adquieren poder, a veces absoluto, sobre los hombres de menor edad, en especial los niños, a los que obligan a servirles tanto en la producción (como trabajadores) como en la reproducción (forzando valores patriarcales en ellos mediante la zanahoria de la promesa de quizá acceder algún día a privilegios similares, y el palo, sobre todo mucho palo, incluyendo rituales cruentos como la circuncisión, totalmente comparable a algunas formas menos extremas de ablación genital femenina).

En todo caso el patriarcado se solapa de forma imposible de segregar con la sociedad de clases: la mujer del César está sometida al César pero no a los esclavos del César, aunque sean hombres. De hecho la mujer del César, o en general las mujeres de clase alta, obtienen muchos privilegios de clase, por mucho que estén a la vez discriminadas por su sexo respecto a los hombres de su misma clase (y en particular a su patriarca particular, esposo o padre por lo general).

Una de las consecuencias, a menudo no considerada, del Patriarcado es que, si los patriarcas (caciques) han de tener más mujeres (sea como esposas, concubinas o esclavas), entonces sobran hombres, hombres cuyo deseo hay que distraer con prostitutas y/o facilitar que mueran jóvenes en la guerra o en los trabajos forzados (esclavos) en las minas y plantaciones. Se establece de todas formas en el Patriarcado una competición entre hombres por el acceso a las mujeres, competición que a menudo toma la forma de «buscarse la vida», «hacer fortuna», ya que la riqueza y el estatus es lo que permitirá a un hombre el acceso a una o más mujeres. Casarse al final significa «establecer casa», tener algo de riqueza, aunque sea una poquita.

Nada de esto mejora la situación de las mujeres por supuesto pero me parece importante entender la lógica perversa intra-masculina del Patriarcado así mismo. No es sólo una ideología para dominar a las mujeres, es una ideología para que unos hombres dominen a otros hombres también. Y es una ideología de competición (ordenada) entre hombres, no de cooperación a no ser que sea jerárquica.

A las mujeres se las organiza en jerarquías de clase también de todas maneras en el Patriarcado/Terratenientismo. Y así es que la mujer se ve limitada a aspirar a acceder a un hombre con recursos, preferiblemente como esposa principal. Los detalles varían de sociedad a sociedad pero esa es la estructura general del Patriarcado.

Capitalismo y crisis del Patriarcado

F. Guattari y G. Deleuze

Un libro fundamental para entender la dialéctica entre Capitalismo y Terratenientismo es «El Anti-Edipo» de Gilles Deleuze y Félix Guattari. Aunque el texto es un poco laberíntico a veces por estar plagado de la teoría freudiana característica de la época (mediados del siglo XX), su hallazgo fundamental es que el Capitalismo no tiene ideología, ni tampoco instituciones más allá de las herramientas de contabilidad; es una praxis de beneficios, caiga quien caiga.

Ese «caiga quien caiga» incluye por supuesto a las clases trabajadoras, destiladas en su forma proletaria (desposeída y urbana) cada día más, pero también incluye a la ideología e instituciones del antiguo régimen terratenientista-patriarcal, que inicialmente hereda y que desde luego explota hasta sus límites. El Capitalismo es en esencia «la mafia», una pulsión «esquizofrénica» o descodificante en los términos de D&G, y, como tal, tiende a corromper, cual Midas escatológico, todo lo que toca, y así pudre radicalmente cada una de las instituciones heredadas del antiguo régimen terratenientista… en una especie de revolución cultural perversa, mercantil, mafiosa, dejando sólo una cáscara vacía que en última instancia debe desechar.

Ese vacío ideológico, «espiritual» si se quiere, es el mismo vacío con el que se enfrenta la clase proletaria, desposeída de todo y arrojada a la jungla urbana capitalista «a buscarse la vida». Qué lo rellena? Soy de la opinión que son sólo los instintos cazador-recolectores, humanos primigenios, los que sobreviven a esta descodificación masiva que se lleva por delante los valores (tiránicos pero más o menos funcionales) de la Humanidad histórica, estos valores se pueden sintentizar en la expresión «comunismo libertario». El Capitalismo se ve en consecuencia forzado a hacer concesiones, siempre menores, siempre controladas, a esta pulsión, a esta demanda comunista y libertaria. Le resulta por supuesto más fácil ceder a lo libertario, hasta cierto punto de todas maneras: no hay propiedad privada sin estado que la proteja, que en lo social (o «comunista») pero inevitablemente tiene que hacer concesiones porque la naturaleza aborrece el vacío y la lucha de clases lo demanda, la alternativa es para el Capitalismo extinguirse, y eso no lo va a hacer de motu propio.

Pero, como D&G apuntan en su libro, existe la pulsión «paranoica» o reaccionaria, que siempre pierde a medio plazo porque está atrapada en el juego de la propiedad privada y la jerarquía clasista-patriarcal, pero que puede ser usada una y otra vez (fascismos y similares) para retardar el cambio comunista (socialista) y libertario (democrático). Debemos entender esta «nostalgia» del antiguo régimen, porque es ley de guerra entender al enemigo, debemos entender que hay gente (más hombres que mujeres, más burgueses que proletarios, pero casi todo el mundo en uno u otro grado, de una u otra manera) que siente auténtico pánico ante el «vacío moral» de la descodificación capitalista y, en muchos casos, reacciona aferrándose a los valores terratenientistas-patriarcales e intentando restaurarlos. Es una tendencia reaccionaria en última instancia impotente, hay que subrayar, condenada a fracasar a medio plazo, pero que puede hacer y de hecho hace mucho daño a corto plazo. Y que al Capitalismo le sirve para retardar un poquito más su propio e ineludible final quizá, dirigiendo a la gente frustrada en la dirección equivocada.

Al final para el burgués lo que cuentan son los beneficios y si esas ideas anticuadas sirven para hacer dinero, para retener su propiedad y privilegios, pues lo mismo le da. Pero en general va a tender a vender lo que sea sin importarle sus «valores morales» y por lo tanto la tendencia general capitalista es descodificadora y destructora de la ideología terratenientista y patriarcal. Y esta ideología reaccionaria no puede contrarrestarla porque para ello tendría que luchar contra la propiedad privada, contra el clasismo y los privilegios, incluyendo los patriarcales, y eso es precisamente lo que no quiere.

Quosque tandem

8 de Marzo de 1917, Petrogrado y tal…

En eso andamos pues: el Capitalismo es el enemigo en la guerra de clases pero a la vez el territorio social en el que se desarrolla la guerra entre los valores terratenientistas-patriarcales (reacción, fascismo) y los instintos humanos «desnudos» (socialismo y democracia o «comunismo libertario»), uno de esos ejes, muy importante por las pasiones que desata, es el de la dialéctica entre feminismo y patriarcado, el Capitalismo ahí es «neutral»: no quiere pagar un salario social a las madres (por ejemplo) pero no quiere tampoco privarse de la mano de obra femenina «liberada», ni del mercado de las mujeres con dinero en la cartera o tarjeta bancaria. No quiere por lo general que las prostitutas tengan derechos laborales pero quiere seguir explotando ese nicho de monetización como proxenetas (ejem, «respetables empresarios del sector servicios»), no quiere que sus trabajadores pierdan productividad por adicción a drogas, legales o ilegales, pero no puede sino vender esas mismas drogas porque es un pingüe negocio al que no sabría decir que no.

Y así todo. Esta compleja problemática sólo tiene solución en la revolución comunista, más necesaria que nunca si cabe, aunque sólo sea por evitar la extinción humana bajo una montaña de basura. Eco-comunista por lo tanto.

Y desde luego anti-patriarcal, pero mucho más de lo que el Capitalismo permite. Al final, como hemos visto patriarcado y sociedad de clases son dos caras de la misma moneda, no hay feminismo sin comunismo, no hay comunismo sin feminismo. No olvidemos nunca que la mismísima Revolución Rusa comenzó un día como hoy, 8 de Marzo, hace 104 años. No fue por casualidad: fue porque son la misma lucha.

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