Europa · megacrisis

El colapso de Occidente

Brexit duro, guerra civil en ciernes en USA (o mero golpe de estado), colapso económico radical por histeria cuarentenista, conflicto franco-turco en el interior de una OTAN que no tiene ningún valor ya. Llamadme «pirado» si queréis pero esto se cae. Y cuando digo «esto», digo el sistema de estados occidental que, con apenas variaciones ha existido durante unos cinco siglos orquestando el saqueo global… y el las naciones sin estado de Europa Occidental así mismo.

Durante 500 años el sistema mundial se ha basado en tres estados: Castilla y su corona habsbúrgica, luego borbónica, ahora conocida como España, Inglaterra y su extensión a Gran Bretaña e Irlanda y el estado franco-romance llamado Francia, añádanse Holanda y Portugal, secesiones de proto-España bajo protección inglesa o francesa. Todo lo demás, incluyendo Rusia, Austria y Turquía era satélite o comparsa. Sólo en el siglo XX surge una colonial inglesa, Estados Unidos, como reemplazo ante la evidente pérdida de poder europeo. Pero incluso este sucedáneo criollo del Régimen Imperial Europeo ya muestra serias grietas. Es el fin de una era.

Hace 30 años grietas similares causaron el colapso de otro bloque: el articulado en torno a Rusia y sus extensiones leninista (URSS) y estalinista (Pacto de Varsovia). Pero aquél era un bloque muchísimo menos central (a pesar de sus promesas) para el orden global, el Bloque Occidental lleva siendo central a nivel planetario desde Colón y Vasco de Gama, desde que Elkano demostró con una carraca podrida y gran osadía que los terraplanistas estaban equivocados. Quizá el evento más decisivo de entonces fue la Batalla de Diu, cuando la flota portuguesa derrotó a la coalición liderada por Egipto y Venecia y bendecida por el Califa y Emperador Romano de Constantinopla, mostrando al mundo que plagiar y mejorar los inventos chinos (la pólvora en particular pero también otros como el timón de codaste) con el arma de la ciencia y la motivación de la más mezquina avaricia era más eficaz que aferrarse a ideas conservadoras, fuera la religión musulmana o la filosofía confuciana. Aristóteles, maestro de Alejandro, había derrotado a Platón y a Ciro, el nudo gordiano había sido deshecho de nuevo a base de artillería. La osadía individualista derrotaba a la disciplina ciega. Aún no era el capitalismo pero sí sus semillas.

El colapso del bloque occidental, que parece inminente, aunque aún podría languidecer durante algunos años, es una situación sin precedentes. Se puede comparar quizá con las varias caídas del Imperio Romano pero la realidad es que nunca antes de c. 1500 hubo un sistema global, ni siquiera bajo los mongoles. Sólo a partir del s. XVI ese sistema aparece y se consolida, siempre bajo hegemonía europea occidental (o más recientemente de un estado neoeuropeo: los USA).

Pero de qué estoy hablando? Sin duda China ha ganado mucho poder y desafía el orden mundial eurocéntrico de cinco siglos pero no es sólo el ascenso de China, es la tremenda debilidad interna de Occidente, que recuerda demasiado a la de la URSS en sus últimas décadas, con crisis que se acumulaban y que no recibían la respuesta necesaria de reformas radicales, reformas que sólo llegaron demasiado tarde. Lo mismo que la URSS brezhneviana estaba enquistada en la geronotocracia más esclerótica (conservadora o incluso reaccionaria, extremadamente ineficiente), el Occidente actual y muy en especial EE.UU. está igualmente estancado en un conservadurismo gerontocrático absolutamente lamentable que lo único que busca es más de lo mismo pero peor (opción azul) o más de lo mismo pero histriónicamente mucho peor (opción colorada).

Y no es sólo EE.UU., a punto de sufrir un golpe de estado o incluso quizá una guerra civil, es Europa, donde los mercachifles reinan supremos sin tener ni idea de lo que hacen y siempre mirando de reojo a Washington en busca de mandatos y a Moscú en busca de un enemigo que ni siquiera existe pero que valorizaría a Europa a los ojos del amo gringo quizá.

La Unión Europea hace al menos 12 años que no ilusiona y mucho menos cohesiona, la OTAN parece el congreso de los ratones, en la que nadie se atreve a poner el cascabel al gato turco y mucho menos al puma norteamericano. Es cierto que la muy autoritariaria República Francesa de Macron se enfrenta, con la única alianza de Grecia, a Turquía en Libia (y cada vez más en África Occidental, donde Ankara y sus aliados han organizado el Estado Islámico negro bajo un «emir» blanco como la nieve, y atacan los intereses neocoloniales franceses en Níger y otros estados de la zona CFA, la principal fuente de rapiña neocolonial francesa y la penúltima área de África sin caer bajo influencia china). Pero cualquiera que siga los acontecimientos en el interior del estado francés sabe que la legitimidad de Macron es prácticamente cero, que se sostiene desde hace dos años sólo por pura inercia represiva sin apoyo popular alguno. Y con esa base, o ausencia de la misma, no se puede ejercer política exterior alguna la verdad sea dicha.

Por supuesto que la situación del bananero Reino de España es extrema por múltiples motivos, pero sin duda el más importante es el colapso de un modelo socio-económico prácticamente colonial basado en el turismo y la precariedad extrema, así como las tensiones étnicas, de momento apaciguadas en un consenson anti-Vox ultra-precario, que no encuentran una resolución adecuada y que sin duda volverán a resurgir. Como en el vecino francés, el régimen español, aún más precario si cabe, se sostiene sólo a base de represión y desmovilización. A ambos les ha venido aparentemente bien la histeria cuarentenista del covid-19, excusa para todo tipo de represión y desmovilización, pero no da más de sí y de cara a primavera nos encontraremos con el retorno de las revueltas (que ya apuntan sin duda), esta vez alimentadas no ya por el ahogo de meses y años anteriores sino por una auténtica oleada de miseria y hambre.

En Italia cabe esperar el retorno triunfal de Salvini y su xenofobia ultra-nacionalista… que paradójicamente no es pro-estadounidense sino pro-china y pro-rusa. En Gran Bretaña sólo cabe esperar lo peor a medida que se acerca un Brexit que va a ser muy duro aunque haya acuerdo (que probablemente no). Pero el mayor problema de Europa en el fondo es Alemania: una Alemania que no ha sabido liderar durante las casi dos décadas de gobierno de Ángela Merkel, que se somete gustosa a EE.UU. y no forja Europa alguna. Europa está plagada de mercachifles patéticos y lamebotas pero ningún país tanto como Alemania, que puede que haya creado el IV Reich postmoderno, parafraseando a Varoufakis, pero es incapaz de darle consistencia alguna mientras se le crecen los enanos de la Europa centro-oriental (Polonia, Hungría y ahora también Bulgaria), se le suben a las barbas y le llevan jodiendo el circo ya hace demasiado.

Y esta inconsistencia, esta crisis austericida, esta falta de rumbo y objetivos quizá puede extenderse durante unos años, una década… pero ese tiempo ya está atrás, ya ha pasado. Esta segunda e ineludible segunda crisis de un régimen capitalista ultra-financiariazado (capital muerto), cuyo único plan durante demasiado tiempo ha sido «saquea mientras puedas» va a ser brutal. Y va a serlo en particular porque el sistema de Europa Occidental lleva demasiado tiempo estancado y su inevitable desintegración va a combinar guerra de clases y conflicto étnico de manera explosiva. Hace ya medio siglo que Krutwig exigía la «descolonización interior» de Europa Occidental, no se ha logrado hacer de momento pero va a ser sin duda un factor tremendo en la decáda que se avecina. Austria-Hungría, Imperio Otomano, Yugoslavia, URSS… nos ilustran lo que va a ocurrir ahora cuando la triada occidental Castilla-Francia-Inglaterra implote catastróficamente. No será bonito, no.

Y una de las razones por las que no será «bonito» es porque no hay en este momento apenas proyectos revolucionarios en marcha. La ausencia de éstos prácticamente obliga a que la crisis se extienda de manera innecesariamente dolorosa, porque ningún proyecto burgués (ni mucho menos de los estados caducos realmente existentes) puede salvar a Europa. Y mucho me temo que se tardarán años en construir las alternativas, años que serán extremadamente duros y difíciles.

Hay esperanza? A veces yo mismo no la tengo, la situación es tan mala y las actitudes sociales y políticas tan horrorosas, tan carentes de rumbo, tan estancadas en sectarismos y dogmas en los casos más revolucionarios, o en el mero «esto es lo que hay» resignado e impotente en los demás. Pero por supuesto que la hay («quién aún esté vivo no diga ‘nunca jamás'») pero no se construye sola: no hay determinismo histórico excepto en que la situación se vuelve caótica, a partir de ese caos (en el que ya estamos) la elección de la senda está sólo determinada por la acción humana. Eventualmente habrá, por supuesto, una nueva estabilidad, pero esa nueva estabilidad puede ser incluso la de la extinción de la especie humana u otros escenarios similarmente indeseables (escenario Huxley, escenario Orwell, escenario Terminator, etc.), eso es mal consuelo. Es necesario construir algo mejor y para eso sin duda sólo vale la revolución comunista y democrática, porque ambos conceptos son lo mismo: poder popular absoluto en todas las esferas, sin distinción entre lo político y lo económico, lo legislatio y lo judicial, lo asambleario y lo militar incluso.

Los y las camaradas kurdas nos muestran el camino, de nosotras depende seguir su luz o agonizar en la oscuridad.

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