capitalismo · historia · Prehistoria

La evolución de la sociedad de clases

Demasiado a menudo leemos o escuchamos la atribución de todos los males al capitalismo, como si el feudalismo faraónico nos fuera a salvar de algo, como si el capitalismo hubiese inventado la opresión y la explotación… Eso es por falta de conocimiento de la historia y prehistoria, lo que es peligrosísimo.

No podemos culpar de ello al marxismo, Engels en particular hizo un esfuerzo de comprensión de la acumulación histórica y el surgimiento del patriarcado (quizá la primera forma de explotación y opresión), de la formación del estado mismo como entidad inevitablemente oligárquica a partir de las élites militares. A veces critico a quienes blanden «El Origen…» como verdad última (porque no es conocimiento actualizado sino de hace siglo y medio, y además el 90% del mérito no es de Engels sino del olvidado antropólogo Lewis Morgan, al que Engels cita una y otra vez a pesar de no ser explícitamente socialista) pero esta gente que al menos ha leído a Engels sabe mucho más en cualquier caso que quienes no saben salir del presentismo capitalista, como si nunca jamás hubiera existido otra cosa, como si el capitalismo hubiese inventado algo que no fueran instrumentos de contabilidad, como si el capitalismo tuviera enjundia y no fuera un episodio derivado, una fase quizá terminal de la era de la explotación que comienza aproximadamente en la Edad de Cobre o Bronce con la aparición de la civilización, la especialización profesional y la sociedad de clases (o castas). Ignoro aquí de momento, por simplicidad, el problema del origen del patriarcado, ya que es más oscuro, seguramente más gradual y casi sin duda con múltiples focos y no sólo uno.

Incluso el origen de la explotación, de la sociedad de clases es un tanto oscuro y probablemente tuvo cierta gradación en su formación. Así vemos como, en Europa, al neolítico igualitario, donde no se aprecia jerarquía alguna (aunque sí puntualmente violencia inter-grupal), se ve parcialmente reemplazado (en zonas de los Balcanes nada más) por una segunda oleada invasora (y violenta), aún neolítica (pre-metales) que establece una estructura jerarquizada de los poblados, con lo que es una especie de palacio fortificado en lo alto, clara señal de caciquismo, elitismo, clasismo…

Dimini
Dímini (reconstrucción, ·> fuente)

Y este proceso lo vemos una y otra vez a medida que avanza la, muy desconocida pero muy importante, prehistoria tardía. Por ejemplo se puede ver muy claramente en Iberia, donde a un neolítico igualitario sucede una Edad de Bronce netamente clasista (vide: Chilhood and death in Neolithic and Bronze Age Iberia). Es curioso observar cómo las culturas que eventualmente se hacen dominantes (indoeuropeos, semitas) no son necesariamente más clasistas pero sí que se manifiestan como más patriarcales (patriarcado extremo greco-romano, decretos misóginos de Sargón de Akkad, etc.), aunque cabe la duda de si este patriarcado extremista es producto de su rol como invasores (mayormente hombres guerreros) en las regiones correspondientes.

Sea como fuere en el detalle, el caso es que la Historia (escrita) amanece como un conjunto de sociedades clasistas y patriarcales, en las que los detalles de las formas de explotación de clase y de género pueden variar algo pero tienden a ser muy similares. Se trata de sociedades agrarias y por lo tanto netamente pre-capitalistas, aunque en algunos momentos pueden tener desarrollos que podemos considerar proto-capitalistas (p.e. la Atenas clásica y democrática, donde el partido oligárquico de base agraria se veía confrontado por los partidos comercial o «burgués», de base portuaria, y proletario, de base urbana (aunque por supuesto mujeres, inmigrantes y esclavos estaban excluidos). Se trata en todo caso de un proto-capitalismo mercantil como el que vemos en la Edad Media o en la antigua Mesopotamia incluso, no de un capitalismo industrial, que es un desarrollo único reciente pero no absolutamente separado del proto-capitalismo mercantil, que es su raíz sin duda, y del cual es una expresión peculiar y distintiva.

Tenemos así quizá el siguiente proceso de «acumulación» (de formación de jerarquías clasistas y riqueza/poder en manos privadas), con estas fases:

  1. Militar: los guerreros y comandantes adquieren un poder en base a su monopolio creciente de la violencia. En paralelo puede ocurrir un desarrollo de la clase sacerdotal o propagandista, no siempre bien diferenciada.
  2. Agraria: las élites guerreras (y sacerdotales) se apropian de crecientes cantidades de tierra, anteriormente bien distribuida entre la población de manera más o menos equitativa o gestionada comunitariamente. Esta expropiación privada de la tierra es la injusticia primigenia y la base de toda explotación, incluso en el capitalismo.
  3. Mercantil: la clase burguesa aparece rápidamente en el contexto previo de privatización terrateniente, con dos formas distintivas aunque a veces solapadas: el artesano y el comerciante. En el primer caso se trata de gente que usa su habilidad (y probablemente la de otros trabajadores a quienes explota) para sobrevivir con cierta dignidad en un contexto ya económicamente desigual y privatizado en gran medida; en el segundo caso se trata de gente que usa su habilidad para viajar (de nuevo seguramente explotando a otros trabajadores como p.e. marineros), comprando barato y vendiendo caro, lo que en algunos casos genera grandes fortunas y (dependiendo del contexto) posible movilidad social hacia arriba, hacia la clase terrateniente.
  4. Capitalista: la clase burguesa mercantil es por fin capaz de usar esa riqueza acumulada no sólo para medrar en un contexto agrario-terrateniente, sino para convertirse en súper-artesanos industriales, no necesariamente por su capacidad personal, sino por su capacidad de organizar y movilizar a muchos trabajadores y, crucialmente, dar el salto tecnológico de la industrialización o mecanización de la producción.

De nuevo he tenido que obviar el problema del patriarcado/sexismo por simplicidad pero que quede claro que está presente en todos los niveles del desarrollo de la socio-economía explotadora. Analizarlo requeriría al menos un artículo separado, al que este esquema puede servir como base conceptual. Pero en cualquier caso debería quedar claro que los guerreros que se convierten en terratenientes son patriarcas y consolidan ese patriarcado con formas aún más duras si cabe en casi todos los casos.

Hay que decir también que el capitalismo, por su naturaleza mercantil, tiene un aspecto decodificador y tiende (según evidenciaron Deleuze y Guattari en su opus magna ‘El Anti-Edipo’) a destruir, mediante corrupción, los códigos heredados de la fase agraria o territorial, dejándonos sólo con la naturaleza humana desnuda (aunque en medio de la urbe industrial alienante), lo que a mi entender lleva a desarrollos que podemos considerar proto-socialistas o proto-comunistas: desde la democracia formal al feminismo (pasando por muchas otras cosas que son difíciles de juzgar, porque nuestra naturaleza es muy compleja y es fácil de corromper y confundir en la feria mercantil capitalista). Por supuesto el nudo gordiano del capitalismo, la propiedad privada, no puede ser cortado sin cambiar radicalmente de sistema socio-económico, y eso es un límite absoluto de la decodificación que es capaz de tolerar el régimen burgués, pero en otros campos, incluido el del feminismo o cuestionamiento de la tradición patriarcal y machista, el capitalismo puede (y quizá hasta debe) hacer concesiones perfectamente (no sin sufrir contradicciones pero no parecen ser contradicciones fundamentales — y corregidme con argumentos si me equivoco en esto por favor).

En definitiva: hay que entender bien el proceso de acumulación y explotación y no imaginar que el capitalismo es la raíz del problema: no lo es, es probablemente el desarrollo terminal de esa fase histórica socio-evolutiva que es el militarismo terrateniente (o latifundismo militarista si se prefiere). Y es una fase que en algún grado al menos es subversiva, aunque no deje de ser explotadora. No es que el capitalismo sea proto-socialista, sino que el proto-socialismo encuentra huecos y grietas donde manifestarse (como derechos humanos limitados, como libertad de manifestación y huelga, como feminismo, como pseudo-democracia incluso, etc.) pero de forma mermada, lo mismo que el proto-capitalismo encontraba formas de manifestarse en la era terrateniente.

Entiendo que, por la cantidad de contradicciones que genera, tanto de liberación parcial y muy incompleta de la naturaleza humana equitativa, libertaria, científica e igualitaria, como de devastación ecológica, así como de transposición urbana de la explotación y alienación humanas (formación de una única clase proletaria con plena capacidad de tomar las ciudades en las que habita, nodos económicos y políticos, una vez que la consciencia y voluntad de clase se manifiesten), el capitalismo es extremadamente inestable y que de hecho se aproxima muy rápidamente a su final ineludible. Aunque es un final que bien podría arrastrar consigo a la Humanidad entera (así como a muchas otras especies) si no somos capaces de crear algo mejor: ecosocialismo. Pero hay que entender que el capitalismo no es la raíz última de la explotación (tanto humana como ambiental) sino sólo su manifestación última y necesariamente terminal.

No colonizaremos Marte (un desierto mucho peor que el Sáhara y la Antártida juntos), los límites del crecimiento han sido alcanzados y sobrepasados, la disyuntiva de la supervivencia de la Humanidad, necesariamente a través de la superación de la explotación tanto humana como ambiental, es aquí y ahora.

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