capitalismo · economía · guerra de clases · pandemia

Comunismo o hambruna

… hasta un niño podría comprender
que nuestra paga era realmente demasiado pequeña.

 

En el poema “Demolición del barco Oskawa por su tripulación”, Bertolt Brecht nos explicaba magistralmente la contradicción fundamental del Capitalismo: que paga mal, lo bastante mal para que los y las trabajadoras, sin necesidad de ir a la huelga siquiera, se lo tomen como lo que es de hecho: una esclavitud que sabotear. Que se pudre la carne? Mala suerte, problema del empresario. Que el barco va al desguace y los obreros pierden su mierda de empleo? Mala suerte, problema del empresario, que hubiera pagado mejor.

El burgués se erige mediante su control de hecho del capital (recursos productivos: tierra, máquinas, etc.) en director, gestor, de la producción social, que, no sólo gestiona, directamente o a través de trabajadores-gestores, sino que parasitiza mediante lo que Marx llamaba plusvalía: el valor de la producción no convertido en salario (de supervivencia o peor). Esa extracción de plusvalía, esos salarios de hambre, esas condiciones de trabajo brutales… llevan a l*s trabajador*s a no tomarse su trabajo ni un ápice más en serio de lo que estrictamente necesitan para que no les echen. Bueno, miento, de hecho sí que se lo toman casi siempre mucho más en serio, sobre todo cuando las condiciones de explotación son menos extremas, pero hasta cierto punto, en general la persona trabajadora sabe que al final del día no tiene control alguno y que su trabajo, en especial si es precario, puede desvanecerse en cualquier momento por decisión arbitraria (y rara vez explicada) del empresario, se siente indefens*, alienad*, y por lo tanto no puede asumir, y por lo general no asume, la responsabilidad de la tarea productiva más allá del mínimo estrictamente necesario. Así son las condiciones de explotación: no las marca la persona trabajadora, sino la persona explotadora y quizá ni siquiera ésta, sino que es una dinámica, un “sistema”, que incluso a éstas les viene en algún grado dada y de la que no pueden evadirse sin perder mucho: estatus, poder y riqueza material.

En el mundo anterior a la crisis (histeria) pandémica, así era la normalidad… y funcionaba, mal que bien. De repente todo eso ha colapsado: no se permite viajar a las personas trabajadoras, o apenas, pero la burguesía es incapaz a su vez de subir los salarios o mejorar las condiciones laborales (quizá no pueda pero tampoco quiere: está muy mal acostumbrada a ganar siempre, a tener una oferta de mano de obra casi infinita a la que puede pagar miserias y mantener en condiciones de casi esclavitud, y a que, cuando hay problemas, “papá estado” venga a sacarles las castañas del fuego con leyes, policía y subsidios varios). Con la histeria del covid-19 eso ha tocado fondo y lo ha hecho de manera que a mí mismo me ha costado entender: las personas trabajadoras han llegado a activar huelgas en muchos sectores, empezando por Italia, demandando el cierre (temporal) de sus empresas hasta que se pueda garantizar una seguridad anti-vírica que difícilmente puede lograrse sin disparar los costes de producción. Naturalmente estos son l*s trabajador*s semi-privilegiados, aquell*s que tienen o tenían cierta confianza en su seguridad laboral y que son capaces de ejercer la lucha sindical clásica en mayor o menor grado; el proletariado más puro, el precariado, se ha visto por contra abocado casi siempre al paro, a menudo sin colchón social alguno, y por lo tanto al hambre y la miseria más extremas.

Aún así los costes de vida siguen siendo más altos que los salarios que estarían dispuestos a pagar los empresarios en demasiados casos: puede que la persona trabajadora tenga que venderse por un salario de supervivencia pura pero los costes de esta supervivencia están demasiado altos, y lo están porque la burguesía ha conseguido sabotear el propio mercado del que tanto alardean para conseguir mayores beneficios de los bienes más básicos, en especial la vivienda y la energía. Decía alguien que “hay personas tan retorcidas que son capaces de patearse el propio culo”, pues esto se aplica también colectivamente a la clase burguesa sin duda, sobre todo cuando encarece sus propios costes mediante el aumento artificial del coste de la vida. Este problema lo han paliado mediante la inmigración semi-forzada, una nueva forma de esclavismo “voluntario”, que les iba proveyendo de mano de obra desesperadísima y sin derechos que iba cubriendo esos puestos de miseria y chabolismo, esos trabajos extremadamente duros y muy mal pagados que nadie más quería. Ahora, con las fronteras cerradas y los desplazamientos internos limitadísimos, no encuentran quien recoja la fresa… o el ruibarbo.

Y digo el ruibarbo porque es la verdura nacional de Inglaterra (apenas producida o consumida en ningún otro lugar) y lo que me ha motivado a escribir esto es que un tal Charles Tudor, que se hace llamar Príncipe de Gales y es heredero de una de las mayores fortunas del planeta (y que se parece extrañamente al carnicero de mi barrio), no ha tenido mejor idea que animar a sus súbditos a “hacer patria” trabajando en la cosecha. No, no se le ha ocurrido que el estado intervenga o nacionalice los campos y asegure salarios dignos, sino que pide a los y las inglesas que se auto-esclavicen por una miseria para que nada cambie en el orden capitalista, para que su inmensísima riqueza no se desvanezca. Naturalmente la respuesta popular es: “cosecha tú, principito principiante, que no has dado un palo al agua en tu vida”.

Pero esta situación, no nos engañemos, como la de las huelgas profilácticas, es una situación de tipo Oskawa: una demolición incontrolada de la economía que inevitablemente lleva a un desastre. Los y las trabajadoras no tienen por qué saberlo, no se espera de ellas que tomen decisiones, que hagan análisis sesudos, sino que respondan de forma relativamente sencilla al palo y la zanahoria, el problema es que la zanahoria no existe y el palo ahora se usa sobre todo para que no puedas salir a la calle a buscarte la vida. La burguesía se muestra súbitamente incapaz de mantener las condiciones de explotación, y por supuesto es incapaz de reformarlas (tampoco los burgueses son tan sesudos, les falta visión de campo en la gran mayoría de los casos, su zanahoria será quizá más gorda y sabrosa, su miedo al palo más escaso, pero tampoco se espera de ellos que hagan análisis macroeconómico, para eso tienen “economistas”, convenientemente degradados en lameculos profesionales incapaces por lo general de dar una mala noticia, mucho menos de promover el cambio radical de paradigma que es súbitamente urgente y necesario). Por eso entramos en la peor crisis jamás: porque no hay nivel, no lo ha habido en muchísimo tiempo; hace un siglo burgueses como Ford o Keynes eran capaces de comprender que cierto “socialismo” era necesario para que el Capitalismo sobreviviera, Keynes famosamente se propuso “salvar al Capitalismo de sí mismo” y durante un par de décadas o así, sus seguidores lo lograron. Pero entonces vino Margaret Thatcher con la idea opuesta: la de maximizar la plusvalía como fuera, reemplazando a “papá estado” por una absurda tarjeta de “crédito fácil”, creando la mayor burbuja especulativa jamás. Ha bastado un virus invisible para que ese esquema Ponzi de la infladora de helados colapse de la forma más catastrófica concebible.

Aunque, para ser francos, estábamos avisados: ya había colapsado hace 12 años pero, en vez de remediar los problemas, se apuntalaron; en vez de abaratar el coste de la vida, por ejemplo permitiendo que cayera el precio de la vivienda, se hizo lo imposible para mantenerlo alto; en vez de permitir que l*s reformist*s reformaran, se hizo lo imposible para reformarl*s en perritos falderos incapaces de exigir nada; en vez de aprovechar la crisis para hacer algo inteligente, se promovió la estupidez más absoluta y destructiva.

De aquellos polvos, estos lodos. En todo caso aquí estamos: sin salarios y condiciones dignas de trabajo que motiven a la mano de obra a recoger una cosecha que tiene toda la pinta de que va a pudrirse en los campos en gran medida porque nadie tiene las agallas de intervenir el sector a tiempo, arriesgando la ira de unos bancos al borde la quiebra. Por supuesto que habrá quien aún haga dinero especulando en cereales y verduras pero una hambruna de estas dimensiones son palabras mayores, si la clase obrera ahora está en “modo Oskawa”, simplemente dejando que la burguesía pague por sus maldades de forma casi pasiva, cuando haya hambre de verdad, y ya empieza a haberla en demasiados casos por culpa meramente de la “cuarentenitis”, del estado policial profiláctico e impráctico, la situación se volverá absolutamente incontrolable. Y no es un foco concreto que quizá pudiera ser apagado mediante violencia, es global.

La situación es ya desesperada y nadie quiere enfrentarla, sobre todo nadie en posiciones de poder, sea la clase burguesa, sean sus políticos de mierda. Por desgracia tampoco el escasísimo “liderazgo” obrero está a la altura en la gran mayoría de los casos: la postura es en general de reformismo, corto-placismo y falta de análisis en profundidad. El mensaje de Thatcher de “no hay alternativa”, de “es lo que hay”, ha cuajado demasiado profundamente, demasiada gente parece incapaz de ver la ineficacia extrema del Capitalismo terminal, la necesidad urgentísima de comunismo (o eco-socialismo o como se le quiera llamar) para salvar no ya a la clase obrera, sino a la mismísma Humanidad.

Aprenderemos a hostias… o nos extinguiremos por idiotas. Es lo que hay, esta vez de verdad.

2 comentarios sobre “Comunismo o hambruna

  1. Hola Luis, me alegra saludarte, aunque sea en medio de esta tormenta que está cayendo.

    “Por eso entramos en la peor crisis jamás: porque no hay nivel, no lo ha habido en muchísimo tiempo”

    No puedo estar más de acuerdo contigo con esta afirmación; el mundo está dirigido por mediocres, y es mucho decir que lleguen a la mediocridad. Ese es el problema de fondo, la clave, más allá de cualquier cuestión ideológica.

    Si el principal valor fuera la honestidad, llámame ingenuo, quizás incluso se podría encontrar un equilibrio en un sistema capitalista o globalizado, pero la humanidad hace tiempo que se desvió de su razón de ser, de su auténtica naturaleza, y desde entonces ha estado nadando contracorriente.

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  2. Aupa David. Encantado de verte por aquí.

    La verdad es que no puedo culpar sólo a los dirigentes políticos, ya que mucho me temo que, al menos en un grado amplio, responden a la realidad social, aunque por supuesto ésta está modulada por los medios de comunicación del régimen burgués. Supongo que es por eso por lo que les preocupa tanto a los líderes políticos mostrarse serviles con estos púlpitos del Partido Único en la Sombra, también conocido como La Patronal.

    Pero es que en general el mensaje de “esto es lo que hay” o “no hay alternativa” ha calado muchísimo, con la burbuja thatcheriana y post-thatcheriana y con la caída del “socialismo real” (sea el colapso total de la URSS, sea la reforma capitalista de China), se ha generalizado la idea de que “la izquierda” sólo puede aspirar a reformar, pero la realidad nos indica que esas reformas no existen, no llegan a cuajar, son frenadas y saboteadas, mientras que las reformas reaccionarias (regresivas, de destrucción de derechos, sean sociales, libertades o de protección ambiental) sí que ocurren y nunca son revertidas. Entonces se da una situación horrible, comparable en todo a la que se vivía en la Francia pre-revolucionaria: deuda pública masiva impagable pero privilegios oligárquicos intocables que impiden que se recaude dinero, cargando todo el coste sobre las clase productoras, intentos de reforma (Necker) abortados, lo que lleva inevitablemente, de una u otra manera, a una crisis del régimen mismo. Y por supuesto nuestra situación es más insostenible que la francesa de fines de siglo XVIII, porque la explotación humana no es una contradicción absoluta pero la catástrofe ambiental sí que lo es.

    También hay un problema en el entendimiento de lo que pasa asociado al problema de percepción de las curvas exponenciales: si la crisis se dobla cada década (pongamos), aún parece que estemos a muchas décadas de la catástrofe final cuando estamos al 50%, a mitad de camino, cuando en realidad sólo estamos a una década, casi al final. Eso nos cuesta comprender, nuestra mente no opera bien en escenarios exponenciales. Así que me temo que la catástrofe es inevitable y que sólo entonces se producirán los procesos revolucionarios que llevarán a soluciones. Espero que no sea demasiado tarde para evitar lo peor.

    No creo que la Humanidad haya estado “nadando contra su naturaleza” del todo. Hay una parte que sí que es así, porque se abandona el “comunismo libertario” natural de los cazadores-recolectores, pero eso es también de alguna forma inevitable al alcanzar grandes densidades, división del trabajo, ciudades, etc. En lo que no se ha desviado ni un ápice es en el expansionismo, en el buscar nuevas fronteras que explotar, que es también parte de la mochila del cazador-recolector. En el Capitalismo adopta formas particularmente exageradas (porque el desarrollo de las fuerzas productivas es exageradísimo) y choca directamente con los límites ecológicos planetarios en un momento dado. La solución instintiva es ir “más allá”, colonizar otros planetas, etc. Pero eso no es posible, al menos no en muy largo plazo, así que estamos condenados a entendernos con nuestros límites terrenales sí o sí. Esa es la naturaleza de la crisis global, más allá del coronavirus e incluso más allá de la lucha de clases, es una crisis de perplejidad, de desconcierto: lo que nos ha servido desde las primeras migraciones de los humanos arcaicos (o incluso antes) como forma de supervivencia para los grupos, la expansión a nuevos territorios (caiga quien caiga, preferiblemente los otros), ya no funciona.

    Tenemos otros recursos instintivos: el comunismo innato pero es un instinto que tenemos oxidado por milenios de explotación clasista (no sólo el capitalismo sino el “castismo” pre-capitalista, agrario) y que no tenemos bien desarrollado para grandes sociedades tampoco. Cuentan que una de los principales diferencias entre Marx y Bakunin era que Marx creía en la noción de la “pizarra en blanco” y en la necesidad de crear un “Homo novus” para una sociedad nueva, mientras que Bakunin en cambio defendía la idea de que la caja de herramientas comunista está en nuestros instintos tal y como se manifiestan en las sociedades primitivas (no sólo cazadores-recolectores, entonces menos estudiados, sino también en muchas sociedades agrícolas pre-urbanas). Yo creo que los dos tenían algo de razón y que los dos estaban parcialmente equivocados, que es necesaria una síntesis compleja y cuasi-evolutiva, pero que no es fácil, claro.

    Lo que sí que pienso es que en el propio Capitalismo se da una dialéctica de clases, que lleva por un lado a la des-agrarización urbana y amorfa, pero también educativa y conectiva, de la clase productora, que básicamente la convierte en cazadores-recolectores desarraigados en el entorno urbano (la jungla de hormigón?), que es un proceso que Marx reconoce y jalea como positivo (abole las distinciones internas de la clase obrera, aunque quizá genere otras que Marx sólo entrevé), y que lleva también a conquistas parciales que llamamos “derechos” (tanto los derechos laborales/sociales como los políticos/humanos son conquistas obreras pese a los leninistas, que tienden a considerar a éstos como baratijas “burguesas” sin importancia o incluso a eliminar). Por supuesto hay límites absolutos determinados por la propia naturaleza del Capitalismo que son intocables sin revolución, en concreto la propiedad privada, pero para evitar llegar ahí la burguesía es capaz de hacer otras concesiones menos centrales y eso no son nimiedades tampoco, sino pasos en la dirección correcta, aunque muy insuficientes. Esto y el fetichismo de “culto a la personalidad” (a Lenin o a Trotsky o a Stalin en su caso, o a Marx mismo) me separa de los “marxistas” (lo pongo entre comillas porque creo que el marxismo genuino consistiría en superar a Marx, incluso en criticarlo donde sea necesario, no en adorarlo como a un semi-dios. Pero por otro lado el pragmatismo político no-utopista, no purista, y la necesidad de organizar y tomar posiciones políticas reales de cara una futura toma de poder revolucionaria, la necesidad de un programa concreto que lleve a logros concretos, me lleva a repudiar el anarquismo, salvo quizá excepciones raras,

    En este sentido las posiciones mejores que veo hoy día son las del movimiento revolucionario kurdo (que ha adoptado el ecosocialismo de Bookchin como base ideológica aunque provienen del leninismo) y las de la CUP catalana. Ninguno de ellos acaba de tener demasiado eco fuera de sus respectivos ámbitos por desgracia. También miro con cierto interés lo que hacen los trotskistas españoles (sean los extraparlamentarios de varios grupúsculos, que ahora debaten unificarse pero desconfían los unos de los otros, sean los más integrados de Anticapitalistas, que acaban de formalizar la ruptura con Podemos), pero, como digo, encuentro en su fetichismo leninista un obstáculo quizá insuperable para la extensión, para la creación de un genuino movimiento revolucionario del siglo XXI. Por desgracia en EH también pesa demasiado el leninismo y eso nos retrasa, nos lastra.

    En fin, un abrazo virtual.

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