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La farsa de la “izquierda” española

El caradura de Pablo Iglesias (y caradura es lo más suave que puedo llamarle, visto lo visto) no ha tenido mejor idea, después de marear la perdiz durante dos años largos con conceptos como plurinacionalidad y derecho a decidir, que en la práctica ha negado sistemáticamente tanto dentro como fuera de su partido oportunista (que no populista), que echar la culpa del fascismo español a los independentistas catalanes.

Cuando el bravísimo Poble catalán se lo ha jugado todo, literalmente, poniendo en muchísimos casos sus propias vidas como escudos humanos para defender la democracia, la izquierda española, en lugar de aceptar que el movimiento revolucionario nacional catalán era la Plaza Tahrir del estado español y extender ese movimiento a todo el territorio bajo jurisdicción española, en particular ciudades que espontáneamente salieron en masa en solidaridad con Catalunya, como Madrid y Sevilla, lo que han decidido desde el primer momento es hacer lo de siempre de la falsa izquierda castuza: apagar el fuego. En vez de hacer la revolución, siguen pretendiendo que su utópica reformilla de mierda es posible.

Pues no: las reformas progresistas en el contexto tardo-capitalista thatcheriano son simplemente imposibles, y cada vez más imposibles si cabe. La única posibilidad es precisamente lo que han osado hacer los y las catalanas: romper la baraja e imponer desde abajo, desde los CDRs, las manifestaciones y las huelgas, nuevas reglas del juego, reglas que tendrán que ser estrictamente democráticas, reglas en las que esté escrito, con letras de sangre si es necesario, que manda el Pueblo y no cuatro caciques y sus gorilas mercenarios.

Lo del miedo a la derechona fascista, ahora que el fascismo es ridículamente Trumpetero, que no tiene más vigor que el de los votantes seniles (nostálgicos del New Deal desaparecido hace mucho) y el del aparato del estado, sería de chiste si no llega a ser porque estos cuadros pseudo-progres al servicio del régimen, auténtica casta cancerígena infiltrada en la izquierda sociológica creciente, nos llevan asustando con su “que viene el coco” desde hace meses. Mientras el Partido Pederasta y su satélite Cuñadanos se dedicaban a revitalizar a los cuatro gatos fascistas que aún pueden quedar, la pseudo-izquierda española no se dedicaba a organizar el combate antifascista sino a amedrentar a sus bases con exactamente el mismo argumento: portaos bien o van a soltar a los perros.

Y ahora que los perros andan sueltos, aunque sean pocos perros, sarnosos y pulgosos, que ladran más que muerden, dicen que la culpa es de quienes osaron votar y ejercer sus derechos fundamentales. Es alucinante.

Y qué hacen ellos? Pasearse por la moqueta del laberinto institucional, poner un recurso absurdo ante el Tribunal Constitucional que declaró a la propia constitución inconstitucional en lo que respecta a los derechos sociales (vivienda, trabajo, etc.) Sería de risa si no fuera un tema tan serio.

Y no nos creamos que son sólo los payasos de Podemos, los del PCE también andan con ideas de bombero esquizofrénico: se les ha ocurrido radicalizarse, quizá para marcar las diferencias con sus aliados morados, y ahora se declaran leninistas. Vamos a ver chavales: el leninismo corresponde a escenarios periféricos, semi-coloniales, en el contexto del fordismo (obrero masa, fábrica disciplinaria), una fase del capitalismo que terminó hace 50 años!!! Y para “modernizarse” no se les ocurre otra cosa que ejercer de conservadores?

La referencia hoy día es Kurdistán y Catalunya y ellos a miran a Venezuela en cambio: una socialdemocracia que en dos décadas no ha querido colectivizar las riquezas de la burguesía bananera (enemiga de clase y enemiga nacional, puesto que sirve al extranjero neocolonialista), no ha sabido desarrollar el Poder Popular, ha cedido todo el espacio de oposición a la burguesía extranjerizante, intencionalmente, para consolidarse como única alternativa posible, como el mal menor necesario, inevitable. Lamentabilísimo.

Hace 40 años Argala ya decía de los partidos de la izquierda española que: no entendían la cuestión vasca sino como un problema, un problema molesto que conviene hacer desaparecer. Siempre me pareció ver que la unidad de “España” era para ellos tan sagrada como para la burguesía española. Jamás llegaban a entender que el carácter nacional que adoptaba la lucha de clases en Euskadi fuese un factor revolucionario; por el contrario, no era para ellos sino una nota discordante en el proceso revolucionario español que aspiraban orquestar.

Y tanto monta Catalunya como Euskal Herria, ahora que la nación a la que nos hemos hermanado por compartir una opresión y una lucha por la libertad, ha despertado de esta manera tan poderosa y admirable.

Por desgracia en cuatro décadas no ha cambiado nada de nada: los españoles o gran-castellanos siguen a lo suyo. Podemos puede que reciba la mayoría de sus votos en los territorios periféricos, naciones sin estado más o menos conscientes de serlo, pero está dirigido por españolazos, nacionalistas españoles extremos, la mayoría de ellos afincados en Madrid, que no entienden o no quieren entender nada de nada.

Lo único bueno de todo esto es que España, el estado español, es un muerto viviente, lo malo es que todavía camina, gracias en gran medida a la vida que le insuflan los fantoches, los traidores de clase de la pseudo-izquierda española.

Imagen: protesta en Madrid contra la represión en Catalunya.

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