Catalunya · estado español · historia · política

Hablemos? De qué?

Hablamos de Catalunya? Hablamos de ese estado fallido torquemadista llamado “España”? Hablamos para estar seguros de que hay democracia (gobierno del pueblo) y que el mandato de 3 millones de catalan*s el 1-O se respeta? Hablamos de cómo desmontar el estado neofranquista: su constitución ilegítima bajo siete llaves, su aparato de in-justicia que aplasta a la gente común y protege a los ladrones encorbatados? De qué hablamos cuándo decimos “hablemos”?

Dentro de unos minutos habrá una concentración en Madrid, en la Puerta del Sol, bajo un lema mucho más interesante que el de la Mueca por la Paz 2.0. Dicen: “si no se respetan los derechos humanos, la democracia es una dictadura”.

Esto es hablar claro. A mí si me gustan est*s español*s, castellan*s, madrileñ*s. Con ell*s sí que puedo hablar.

Y puedo hacerlo porque, para empezar, ponen por delante de todo los derechos humanos, y, para seguir, quieren discutir el meollo del asunto: el hecho de que España es una dictadura de facto, que el régimen es una continuidad cutre y mal hilvanada del paradigma fascista-totalitario del asesino de masas, el cacique golpista Franco.

Hablemos pues de lo que hay que hablar, sin poner zancadillas al mandato democrático del Poble Catalan.

Hablemos primero de Catalunya

Catalunya emitió hace una semana, a pesar de una muralla de represión policial alentada por fascistas al grito de “a por ellos!”, un mandato democrático, transparente, inequívoco en favor de la independencia, de la República Catalana.

Ante eso, al PDeCat (ex-CDC), que sólo aceptó el referéndum porque lo impuso la CUP, le ha entrado el vértigo y estudia como maniobrar para hacer una estilo Ibarretxe y no quemar los puentes ni dejar el proceso de independencia ya únicamente en manos del Poble. Por desgracia para ell*s, al otro lado del puente que colapsa sólo hay un muro de policías y fascistas embozados en rojigualdas. Ninguno de ellos quiere hablar y, si quisieran, su discurso no pasa del unga-unga, así que poco diálogo puede haber.

Pero sobre todo, semejante maniobra sería sin duda una traición a la Nación Catalana y a su mandato inequívoco por la independencia. Ya se ha votado mucho, ya se ha agotado el tiempo del diálogo: es el tiempo de implementar esa independencia, ya que se ha demostrado que España no tiene policía suficiente para ocupar Catalunya (y el ejército no sirve de nada contra una fuerza noviolenta de millones).

No soy catalán pero creo que Catalunya tiene que seguir por la senda valerosa que l*s catalan*s han abierto frente a la cerrazón del estado fallido español. Es que no hay otra opción sensata, mucho menos democrática.

Hablemos de España entonces…

El estado español, España, está estancado en un régimen en el que, como dijo el dictador de un solo huevo, todo está atado y muy bien atado. La infame Constitución de 1978 se “consensuó” (entre algun*s, mayormente gente del franquismo) a puerta cerrada y se aprobó fundamentalmente porque había miedo a seguir atrapad*s en la dictadura fascista. A nivel de España propiamente dicha, sólo los más puramente fascistas pidieron el “no”. Hego Euskal Herria fue un caso aparte porque ganó la abstención, al haber sido excluidas todas las fuerzas políticas vascas de la negociación.

El texto tiene algunas cosas muy bonitas como el derecho a la vivienda y trabajo dignos, que no se cumplen ni se cumplirán jamás. Por lo demás básicamente dice tres cosas: (1) España es indivisible, (2) la constitución es prácticamente imposible de reformar y (3) el sistema electoral favorecerá abrumadora y anti-democráticamente a las provincias semi-vacías de carácter conservador y caciquil, casi todas ellas de nacionalidad castellana o asimilada.

En definitiva, se consagró un régimen nacionalista español o gran-castellano de carácter muy poco democrático. El 70% de la gente que votó aquello, por convicción, miedo o indiferencia, está muerta.

España se creó hacia 1716, tras la conquista de Catalunya y los demás estados aragoneses, opuestos a los Borbones y al centralismo de corte francés que representaban. Hasta entonces los estados de la Corona de Aragón, no sólo los cuatro que pasaron a formar parte de Castilla, rebautizada como “España”, sino también los de Italia, gozaban de amplísimo autogobierno en todos sus asuntos internos. Pero incluso antes la Corona Española (término no oficial para la dinastía habsbúrgica occidental-meridional) era ya un régimen con muy claras tendencias totalitarias, oscurantistas, militaristas y cruzadas.

En realidad el problema es España: cárcel de pueblos, incluido el castellano si me apuras. España ha ido perdiendo territorios y tropezando con innumerables crisis en su breve historia de 301 años, pero en lugar de hacer una revolución y reconstituirse sobre nuevos principios democráticos, ha caído una y otra vez en el abismo de la tiranía, que se presentaba como “solución”. Espadón tras espadón, con brevísimos interludios más o menos “democráticos”, España no ha querido resolver sus problemas y se ha aferrado a mitologías absurdas y el incluso más idiota “que inventen ellos” de mi difunto vecino españolista Unamuno.

Ayer leía a un filósofo español, castellano, preguntándose por qué no se siente cómodo con la idea de España como patria, a pesar de no tener otra nacionalidad. Y yo le respondía, aprovechando que la Internet permite estas bidireccionalidades, que es por la lamentabilísima historia sobre la que semejante “nación” está constituida, porque España se ha construido a golpe de invasión, represión y golpe de estado, a golpe de decreto totalitario, a golpe de intolerancia y desde luego sin un ápice de democracia. Nunca jamás se consultó a los pueblos sobre los que gobierna esa entelequia llamada España si querían formar parte de ella ni en qué condiciones. España es por definición una dictadura, lo que choca con los deseos de much*s español*s, lo sean por agrado o por fuerza.

No sólo la bandera rojigualda despierta odios e incomodidades, el propio nombre “España” lo hace, e incluso la bandera española republicana puede llegar a generar roces porque sigue representando al estado unitario-autoritario que tanto nos incomoda.

La única solución realista es destruir España y empezar de cero desde abajo, desde las naciones y demás comunidades naturales. Si se hiciera así, quizá se podría crear una Confederación Ibérica de pueblos libres. Pero esto es revolucionario y, se haga a nivel de Catalunya, separándose unilateral pero democráticamente, o se haga a nivel general, exige saltarse el sistema electoral de 1978 (el PP con sólo 7 millones de votos tiene la mayoría del Senado, lo que hace imposible cualquier reforma, el propio sistema judicial está intervenido políticamente, etc.) y exige sin duda ser muy valientes.

Como dicen en Castilla, “no se tomó Zamora en una hora”, pero, como dicen en China, “un camino de mil leguas comienza con un solo paso”. Es hora de ser muy valientes, es hora de, como dicen en Catalunya, no tener miedo, es hora de al menos intentar con todas las fuerzas posibles cambiar el opresivo orden de las cosas bajo el que nos ha tocado malvivir.

Vivienda para tod*s, trabajo para tod*s y libertad para tod*s!

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