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Es posible salir del euro y la UE?

Imposible no pero para un estado como el español es muy problemático por dos tipos de razones que son generalmente ignoradas en el discurso, en gran medida lógico y natural, dadas las circunstancias, anti-euro que líderes de izquierda como Julio Anguita promueven (véase Rambla: Salir del euro, salir de la Unión Europea…)

Las dos razones que impiden este desarrollo son: (1) la existencia de un conflicto con las naciones periféricas que es una debilidad intrínseca del estado español y (2) la necesidad incontestable de que una economía eficiente esté más o menos integrada en un área mayor que cualquier estado, al menos que cualquier estado no gigantesco.

El segundo punto, quizá sea el más fácil de entender porque, como el de Anguita, presupone una unidad del estado y una solidaridad entre los diversos pueblos atrapados en el mismo (mucho suponer, la verdad). Yo lo llamaría “el argumento Varoufakis” que es en definitiva un europeísmo socialista, ya que el ex-ministro griego de finanzas es muy consciente de este problema, no ya para estados pequeños como Grecia sino también para estados medianos como el español. Incluso Alemania no podría hacer eso sin pagar un altísimo precio en su opinión. Lamentablemente el socialismo o comunismo en Europa está de capa caída, con honorables excepciones, y lo que está capitalizando la crisis del sistema (UE incluida) son en general movimientos extremistas xenófobos y patrioteros de extrema derecha. Hay que decir que su recorrido es necesariamente corto porque, como variante del régimen capitalista, son incapaces de aportar soluciones funcionales, pero de momento es lo que hay y tiene pinta que va a durar aún algunos años, con consecuencias impredecibles y muy posiblemente terribles.

Varoufakis tiene toda la razón sobre el papel: las economías estatales se verían muy dañadas y la dinámica económica global y europea se vería negativamente afectada por semejantes “deserciones”. En principio, sería mucho mejor si la UE pudiera ser transformada en una entidad al servicio de los pueblos, y no de los banksters como ocurre ahora, el problema es que no hay visos de que eso vaya a ocurrir en el corto plazo y los pueblos no pueden esperar padeciendo este austericidio sin fin. Así que es esperable, más pronto que tarde, alguien rompa la baraja. No será una jugada maestra sin embargo, más bien una jugada desesperada por estar contra las cuerdas.

Es lo que pasa en los juegos multijugador, a diferencia de los cara-a-cara, que no juegas contra uno, sino con muchos (a veces amistosos, a veces hostiles) y, si todos están contra ti, no hay normalmente nada que puedas hacer: estás acabado.

Dicho esto, está por ver que pasaría, no es probable que España sea atacada con armas nucleares sólo por abandonar el euro, pero tampoco se puede ignorar el contexto como si se pudiera hacer lo que a uno le viene en gana sin que otros, en muchos casos más poderosos, se sientan ofendidos e inviertan en revertir la situación mediante presiones económicas, agitación interna o lo que sea.

Más aún teniendo en cuenta que salir del euro por sí solo no es ninguna panacea: con una economía tan débil como la española, lo más probable es que se inicie un ciclo de inflación (incremento de precios) acelerado y quizá extremo. Esto sólo puede ser contrarrestado si el estado se impone a las grandes empresas, nacionalizándolas quizá o por otros medios de “control de capitales”. En definitiva: no vale con salir del euro, hay que aplicar una planificación económica socialista muy en serio, no vale con medias tintas.

Y esto es algo que ni Anguita ni nadie que importe está defendiendo hoy por hoy. Navarro, p.e., el principal ideólogo económico de esta doctrina piensa que no es posible llegar tan lejos porque la gente no está mentalizada. Sin embargo, si no se llega tan lejos, si no se aplican medidas radicales de corte socialista al tiempo de crear la nueva moneda, el experimento “secesionista” español estaría abocado al fracaso inflacionario. Cierto que la inflación puede servir como mecanismo transicional pero por sí misma no es ninguna panacea. Se puede incluso llegar a extremos como los de la Serbia de Milosevic, que funcionaba en base a una hiperinflación sostenida, pero en realidad lo que allí funcionaba no era el dinar, sino el marco alemán, en el que incluso se fijaban los salarios (luego pagados en dinares, que se cambiaban en el mercado negro rápidamente y a pocos metros del palacio presidencial a plena luz del día) es decir, no se habría “salido del euro”. Otra cosa es que sí que se habría salido de las constricciones legales de la UE y la Eurozona (pero no de su vecindad ni su influencia real a través de la economía y las presiones de todo tipo).

Para estabilizar la economía se necesita aplicar cierto grado de “autarquía” y proteccionismo, incluyendo un control férreo de las grandes empresas y capitales, bien a través de la nacionalización, bien a través de una legislación y control ejecutivo efectivo casi draconiano (o ambas). Eso es socialismo en lo concreto, o llámalo “capitalismo de estado” quizá (que viene a paliar la ausencia de una burguesía nacional propiamente dicha y lo han aplicado muchos estados capitalistas), y lo que pasa es que es un desafío directo a los grandes capitalistas locales pero sobre todo internacionales, que van a mover todos los hilos de poder que tienen (y son muchos) para ahogar semejante herejía en sangre si hiciera falta.

Pero no hay otra: si vamos a jugar a romper la baraja, esa es la única senda posible, no exenta de riesgos en absoluto, pero también con un gran potencial de desarrollo autónomo sostenible si se hace bien y la suerte acompaña.

La otra opción es esperar a que Europa madure y se tiña de rojas banderas — o del color que sean pero que vayan en esa misma línea socialista, sostenible y solidaria. Esta es la opción Varoufakis pero no parece que se pueda esperar: el sufrimiento es excesivo y se ha extendido durante demasiado tiempo, la gente está muy harta.

El problema nacional

En definitiva, España, como Grecia antes, parece tener dos opciones caribeñas: ser Haití o ser Cuba. En el lado positivo es cinco veces más grande que Grecia en población y más de seis veces en el peso de su economía. Además no tiene una espada de Damocles perpetua en forma de amenaza turca.

Pero España tiene sus propias espadas de Damocles en el hecho de que sectores crecientemente mayoritarios de sus naciones periféricas, en particular Catalunya y Euskal Herria, quieren separarse. De hecho estas dos naciones probablemente prefieran seguir en el euro y en la Unión Europea, no por amor masoquista a estas instituciones tan problemáticas, sino por temor a España, de la cual no parecen formar parte sino para lo malo. Entre lo malo y lo peor, lo menos malo, ya se sabe: y España es el mal mayor sin duda, lo ha sido hasta ahora y no hay atisbo de que vaya a cambiar e, incluso si lo hubiera, sería poco fiable dada la historia.

En este sentido tan crucial, España no es ya sólo como Grecia (en muchos aspectos lo es), sino como la malhadada Yugoslavia en su peor momento, cuando el nacionalismo gran-serbio de Milosevic y los suyos saboteó la solución constructiva de Tito hasta que el estado federal saltó en pedazos. Sé que hay otras versiones circulando por ahí pero yo conozco la ex-Yugoslavia y muy en especial la Serbia de Milosevic de primera mano, y sé que es así y no los cuentos de hadas pro-serbios y pro-rusos que algunos cuentan, generalmente en un intento desesperado de mantener a flote su burbuja maniqueísta pro-soviética. A Yugoslavia la destruyó el nacionalismo gran-serbio, que para empezar eliminó las autonomías de Kosova y Vojvodina para, entre otras cosas, garantizarse una minoría de bloqueo artificial en la presidencia colegiada, lo que eventualmente resultó en que las repúblicas del norte proclamaran su independencia una tras otra, etcétera.

El estado español no tiene ni remotamente ese equilibrio interétnico institucional, es y ha sido siempre la Gran Castilla, pero no olvidemos que la Yugoslavia de entre-guerras también era básicamente una Gran Serbia centralista y se rompió de todas maneras a la primera oportunidad. Lo mismo que le pasó anteriormente al Imperio Austro-Húngaro, al Otomano y en general a todas las cárceles de pueblos que ha habido en la historia: cuando se presenta la ocasión las naciones oprimidas se separan y no miran atrás. No es que no se arrepienta un país rico como Finlandia, es que tampoco se arrepienten los países pobres como Albania o Eslovaquia. Y eso sin salir de Europa: acaso India se arrepiente de haber dejado atrás al Raj británico?, se arrepiente Argelia de haberse escindido de Francia? No, en absoluto.

Si España quiere lanzarse a la aventura de desafiar a sus aliados o amos tradicionales del bloque imperial occidental, saliéndose del euro, de la UE y necesariamente aplicando drásticas medidas socialistas en consecuencia, tiene que estar preparada para esa situación. Una guerra la perdería en esas condiciones sin duda, así que tiene que estar absolutamente dispuesta a conceder la independencia a sus dos territorios más desarrollados. Quién sabe, quizá con muy buenas condiciones éstos apuesten por quedarse, pero yo no apostaría por ello, la verdad. Otra cosa es que estas naciones, lograda la independencia, apuesten por aliarse con la España residual por razones ideológicas y prácticas, pero eso es ya otro nivel: relaciones internacionales de igual a igual. No es en absoluto imposible pero es un nivel de generosidad que me cuesta extremos ser capaz de reconocer en la nacional-imperialista España que conozco.

Esto es parte, lo reconozco, el trasfondo del discurso nacionalista español del PP y sus aliados de régimen (PSOE, C’s) que prefiere sin duda la opresión y el chantaje de sus amos internacionales a la ruptura del estado. Al fin y al cabo ellos lo que realmente quieren no es sino saquear España, en palabras tristemente célebres de Lola Cospedal, reina de la peineta y el lapsus linguae. Y para saquear a España, tienen que chantajearla, y para ello nada mejor aparentemente que alimentar el perpetuo temor al secesionismo sea vasco o catalán. Ellos no ofrecen empleo de calidad, ni vivienda digna, ni siquiera ya los más básicos derechos humanos, pero ofrecen una bandera de amarillo chillón en la que embozarse y un grito de guerra contra quienes osan sentirse incómodos con la etiqueta, grabada a fuego en el carné de identidad, del orgullo patrio español.

Luego saquearan España una vez más, causando miles de muertos y desesperados anónimos más, y venderán el producto de su saqueo barato en el mercado negro internacional de los paraísos fiscales. Así es el nacionalismo mal entendido, el auténtico populismo, en el sentido negativo de demagogia, que padecemos sin remedio aparente: se trata de engañar al pueblo con artimañas, distraer su atención con temas secundarios pero de gran carga emocional, para que no vean su truco de trileros. Es tan viejo como el ilusionismo, como la magia real.

Es un falso nacionalismo, un patrioterismo cutre y macarra, pero cuela.

Cuál es el plan entonces?

Esto lo escribo de cara a los españoles propiamente dichos en especial, aquellos que no cuestionan su nacionalidad oficial impuesta, aquellos que como Anguita ven en el marco del estado español, entero o mermado, el marco de su acción política. Y lo digo con pleno respeto y sinceridad.

Primero: adoptar una postura constructiva, dialogante y absolutamente respetuosa con las naciones periféricas. No puede ser que Andalucía esté todo el rato mirando a Catalunya, debe primero de todo mirar a Andalucía. Y lo mismo para cada territorio y comunidad humana: igual descubren que tienen unos terratenientes que les chupan la sangre y poseen el 90% de la tierra (a ojo de buen cubero) y que eso es un problema muy serio que tienen que solucionar sí o sí. El internacionalismo empieza en casa.

Esto debe incluir necesariamente el reconocimiento del derecho de autodeterminación. España debe aceptar, si quiere salvarse a sí misma, que hay naciones agraviadas que están más que hartas de que les dicten demasiadas cosas desde el extranjero y que, muy probablemente, desean irse y no volver. Ese es un ejercicio de humildad pero no es el único y es sin duda muy necesario.

Segundo: entender que salir del euro y la UE sin algún tipo de socialismo, agresivo pero bien pensado, no es viable. Dejarse de simplismos demagógicos baratos y decir a la gente la verdad pura y dura. Esto no es un ejercicio de humildad sino de honestidad y valentía. Es peligroso electoralmente? Quizás, pero alguien tiene que hacerlo, no se puede tratar de salvar a un país de los embusteros con más embustes y medias-verdades. Hay que ser pedagógico, sí, pero también muy honesto si se quiere ser creíble.

Tercero: hay que hacer un ejercicio de humildad respecto a la historia, aceptando que está plagada de oscurantismo y maldades de las que no se puede sentir uno orgulloso. Habrá otras cosas de las que sí, claro, pero no se puede hacer tabla rasa narcisista de creerse que uno es heredero de una historia de colosos cuando en realidad más bien predominan los chupatintas mediocres y los terroristas de estado con un pretexto ideológico, a menudo patriotero y religioso. En el fondo los problemas de España derivan de una incapacidad casi absoluta para la autocrítica histórica: el país e imperio ha sufrido derrota tras derrota, humillación tras humillación, desde la independencia holandesa y lo de la Armada Vencible y nunca se ha planteado ni medio en serio por qué y qué hay que hacer para cambiar.

Incluso tras la guerra de Cuba, que parecía que era casi el último clavo en el ataúd de un imperio en perpetua decadencia, la intelectualidad española se planteó nada más que un lloriqueo y un nuevo abrazo absurdo a una bandera tan deteriorada. No hubo crítica, no hubo cambio, no se hizo nada más que dejarse llevar. Por algo muy comparable (derrotas contra Japón y Alemania), Rusia hizo una revolución en toda regla y lo mismo hizo Francia un siglo antes tras las derrotas contra Inglaterra. Pero España no: España ha perdido uno de los imperios más grandes que haya existido jamás y no hace más que dormirse en los laureles, ya resecos y sin hojas de hace 500 años. No se plantea nada, no muestra ninguna iniciativa, y uno se plantea: cómo narices una nación tan apagada, tan oprimida y aún así tan inerte, pudo, no ya conquistar a aztecas e incas, que al fin y al cabo estaban aún en la Edad del Cobre, sino incluso mantener ese imperio relámpago durante tres siglos, hasta que se cayó por su propio peso.

La verdad es que es difícil de explicar aunque, por otra parte, sí que soy capaz de producir varias explicaciones. Pero es ante todo una pregunta retórica, porque desde luego, el estado español y sobre todo el pueblo o pueblos españoles, no ha despertado de su letargo en los susodichos laureles patrios, que valen de muy poco cuando se trata de poner un plato de lentejas sobre la mesa.

Este es el otro ejercicio de humildad y autocrítica nacional que es urgente y necesario. Y es, claro, un ejercicio que va contra las élites, sean los marqueses olivareros neo-medievales o los caciques trapicheros paleo-liberales, que parecen sacados más bien de la Sicilia del Gattopardo que de un cuadro de Rembrandt. Porque en última instancia, cuestionar la historia es cuestionar a la oligarquía. Todo va de la mano y ese cuestionamiento radical, aunque pueda parecer en la superficie antipatriótico, es un ejercicio de verdadero y honesto patriotismo. Por contra el falso patriotismo de los caciques y sus lacayos, que epitomiza el PP, es un mero truco de trileros para seguir con el saqueo que tanto encandila a Cospedal, mientras se tiene a la población distraída con que si Catalunya por aquí, si las corridas de toros por allá, que si ETA nosecuantos o que si el Día de la Hispanidad tal y Pascual.

Lo más interesante es que, por fin se atisba al sur del Ebro hoy día algo de esa autocrítica profunda que es tan urgente y necesaria y, sin la cual, es imposible dar el salto hacia algo mejor. Porque el pasado está muerto, y, o bien es una buena base para el futuro, que no es el caso en absoluto, o bien hay que prescindir de él y atreverse a reinventarse.

Gracias por vuestra atención, creo que os parecerá bastante sensato lo que digo. Tanto si es el caso, como si no, hay está la sección de comentarios a vuestra disposición (troles y extremistas de derecha abstenerse).

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2 comentarios sobre “Es posible salir del euro y la UE?

  1. Me ha gustado mucho el artículo, muy completo y bien estructurado además de ambicioso al plantear un análisis introspectivo sobre cuestiones nacionales que son siempre tan delicadas, al pasar fácilmente del plano racional al ámbito sentimental.
    Quizá se podría poner como ejemplos los referendums realizados en Escocia o Quebec, como contraposición a la postura del gobierno español, no se debe que romper nunca la comunicación, estamos condenados a entendernos tarde o temprano.
    En cuanto a la evolución histórica de España, he echado en falta mención a lo que a mi juicio supone un punto de inflexión clave, que es el Tratado de Utrech de 1713. En especial, el diferente concepto de estado entre el conjunto de reinos existente en la monarquía de los Augsburgo y el centralismo absolutista de los Borbones y las guerras que se generaron por este motivo en los siglos xviii, xix y xx.
    Por último, creo que una hipotética salida del euro sería muy muy dura a corto plazo, pero quizá fuese beneficiosa a medio o largo plazo con unos buenos dirigentes y políticas proteccionistas y nacionalizando privatizaciones de los útimos 40 años, pero es muy dificil.
    Nunca dejes de escribir!!!

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    1. Aupa Patxi, gracias por comentar.

      Desde luego que siempre se puede expandir pero, bueno, al final es un artículo, no un libro ni una tetralogía concisa, así que es inevitable que queden cosas en el tintero (aparte de que la mente, la mía también, es limitada, qué le vamos a hacer!)

      Respecto al Tratado de Utrech, corrígeme si me equivoco, pero tengo la impresión de que de lo que realmente hay que hablar es de los Decretos de Nueva Planta, por los que los estados peninsulares de la corona aragonesa son anexionados a Castilla (rebautizada como “España”) entre 1707 y 1716 (y hasta 1719 en las colonias de ultramar). Aunque no es una fecha precisa (se puede usar 1716 pero es sólo una fecha conveniente), se trata sin duda de la fundación legal del Reino de España, que antes no existía como tal, por mucho que pese a los historiadores ultra-nacionalistas, que confunden sus deseos con la realidad, siendo meramente una unión personal de muchos estados. Existía una monarquía “española” a partir de Felipe II (que al ser también rey de Portugal gobernaba en toda España en el sentido tradicional, es decir: en la Península Ibérica) pero no un estado o reino español, sino varios (así como estados italianos como Nápoles o Milán, “alemanes” o de los Países Bajos o herencia borgoñona, etc.) Castilla era el más importante sin duda pero Castilla no era España, no aún. Claro que en aquella época los reyes eran muchísimo más poderosos, pero, si fuera como ahora, estaríamos hablando de la Commonwealth, por ejemplo, donde nadie cuestiona la independencia de los diversos estados, sea Australia o Jamaica, por el mero hecho de tener un jefe de estado tradicional en común.

      “… una hipotética salida del euro sería muy muy dura a corto plazo, pero quizá fuese beneficiosa a medio o largo plazo con unos buenos dirigentes y políticas proteccionistas y nacionalizando privatizaciones de los útimos 40 años, pero es muy dificil.”

      Totalmente de acuerdo. Sin embargo lo que asusta es el sabotaje que podría hacer la derechona, el partido de los caciques “bananeros”, en línea con lo que podemos ver en lugares como Venezuela. Porque a ellos no les importa el país, sólo “ganar” (pasta y poder). Es Rajoy con cara de niño travieso haciendo burla a la oposición y coreando el “hemos ganado”, es Cospedal en su lapsus linguae reconociendo que trabajan para “saquear” España, es la cruda realidad de unos impuestos a las rentas altas que para sí quisieran los aristócratas de Louis XVI en vísperas de la Revolución Francesa. Esa gente está perfectamente dispuesta a destruir el país o países para salirse con la suya, donde “la suya” es una silla permanente, con muy buen sueldo y sin obligaciones en el consejo de dirección de una gran empresa. No creo que dudarían en matar incluso a millones, como ya ocurrió en el golpe terrorista de Franco, si es “necesario” para satisfacer su ambición y la de sus jefes en la sombra, la Gran Patronal.

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