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Tirando del hilo: elecciones vascas, crisis española y crisis europea

Estas son las encuestas que hay hoy por hoy de cara a las elecciones en la Vasconia Occidental bajo ocupación española:

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Fuente: Naiz Info

La más reciente, que no es una encuesta sino una estimación, daría muchos más escaños a los partidos de corte españolista moderado (Podemos-IU) y extremista (PSOE). Y digo extremista porque el PSOE “vasco” (es un decir) se ha subido con armas y pertrechos al carro del fundamentalismo nacionalista gran-castellano estilo C’s, atacando las políticas de décadas de promoción del euskera en la administración pública, no porque sean insuficientes sino porque, como a Franco, el euskera les sobra y les molesta.

A favor de esta estimación del sociólogo Domínguez estaría que acertó en algunos aspectos en su previsión de las elecciones de Julio en el estado español, pero sólo en un detalle: que Unidos Podemos y aliados no lograrían el sorpasso al PSOE, en todo lo demás se equivocó tanto o más como los demás pronósticos.

En contra estaría que la encuesta de Gizaker para EiTB focus clavó los resultados en la CAV sin apenas margen de error, y no es la primera vez que aciertan. Es posible que bailen algunas cifras, sobre todo entre Elkarrekin Podemos y su compleja frontera ideológica (PNV, PSOE y EH Bildu), pero, si he de mojarme, más bien me apunto a la tendencia reflejada por las encuestas que a la estimación de este señor.

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26-J: resultados de UP en la CAV (fuente)

Un problema muy serio con la previsión de Domínguez es que ambos Elkarrekin Podemos y PSOE subirían respecto a las otras previsiones, cuando en realidad comparten una base sociológica similar: Podemos ha ocupado en gran medida el antiguo nicho del PSOE en tierras vascas, tras un breve interludio (elecciones municipales y regionales) en el que fue el PNV quien se benefició de la implosión electoral del PSE de Fatxi López y su secuaz Mendia. Este reemplazo del obsoleto y cada vez más extremista en su nacional-imperialismo españolazo y españolizante PSOE por Podemos y aliados (en la CAV sólo la muy debilitada Ezker Anitza, es decir: IU) está muy clara en los mapas de las elecciones recientes, donde UP arrasó allá donde hace sólo unos años el PSOE obtenía buenos resultados. Municipio a municipio, barrio a barrio el patrón es clarísimo e innegable, a pesar de la bisoñez del partido morado y su excesiva ambigüedad de discurso: Podemos ha reemplazado casi totalmente al PSOE, sobre todo en sus feudos de la inmigración castellana y gallega (Podemos-CAV es un partido extremadamente castellano en lo étnico, con apenas apellidos vascos o gallegos en sus listas, algo que no se ve siquiera en el bipartito del régimen neo-franquista del 78, sólo UPyD andaba a la par en este desequilibrio que debería ser muy preocupante).

Otro problema serio es que la encuesta de Gizaker es de seguimiento o tracking, y que por lo tanto nos da referencias de la evolución de la intención de voto en los útimos meses:

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En estos datos no se aprecia en absoluto una tendencia al alza ni de Elkarrekin Podemos ni del PSOE, si acaso lo contrario. Incluso, si quizá pudiera haber una inflexión en esta última encuesta de Septiembre, es muy problemático deducir de ello la remontada doble del españolismo “progre” que Domínguez augura.

 

Muy improbable gobierno de izquierda

Lamentablemente el tirón de los, simpáticos pero despistadísimos, podemitas no parece que vaya a ser suficiente para formar un gobierno de izquierda en la CAV, como querría al menos un tercio de la población. La encuesta buena será dentro de diez días pero, con los datos disponibles, la hipotética coalición “de cambio” formada por Euskal Herria Bildu y Elkarrekin Podemos sumaría un máximo de 32 escaños, a seis de la mayoría absoluta (38).

Si en algún otros países o territorios Podemos puede aspirar a coaligarse con el PSOE (y de hecho así es en varias CC.AA.), eso es impensable en Euskal Herria, donde el partido social-liberal tiene como característica principal el nacionalismo español recalcitrante y como praxis política servir de muleta a los regionalistas de derecha, sean UPN o PNV. Si acaso Mendia y su campaña electoral contra el euskera lleva esta dinámica extremista un grado más allá, casi abrazando el lepenismo chetnik de forma muy peligrosa para la cohesión social y nacional, pero, por eso mismo, con muy dudosos réditos electorales en una sociedad que quiere mejorar la convivencia y no extender y amplificar el conflicto étnico latente.

 

PNV y PP

En ninguno de los pronósticos el partido por antonomasia, el PNV neo-carlista y sotista, el partido articulador del régimen del 78 en la comunidad autónoma, conseguiría mayoría absoluta, ni siquiera con su previsible muleta del PSOE. Lo más probable es que sumen unos 35 escaños, suficientes para investir lehendakari a Urkullu en segunda vuelta, pero claramente insuficientes para aprobar presupuestos y legislación. Esto quiere decir que Urkullu va a depender en algún grado del PP, por supuesto que puede intentar pactar medida a medida con partidos diversos, lo cual no sería una novedad, pero, sin una mayoría absoluta PNV-PSOE, le va a costar aprobar los presupuestos austericidas y anti-sociales que desean y que exigen desde Bruselas y Madrid.

Naturalmente cabría esperar que el PNV pida contrapartidas en Madrid, donde la suma de los cinco escaños del PNV a los 170 del pacto PP-C’s daría 175 votos, quizá suficientes para investir a Rajoy o a otro candidato conservador (es muy dudoso que Rajoy personalmente pueda cosechar esos apoyos u otros, ya que está muy marcado por la corrupción y el autoritarismo destructivo). Las matemáticas no engañan… o sí?

Incluso concluida la cita electoral, para el PNV será un trago muy duro pactar con el gobierno ultra-nacionalista del PP, peor aún con C’s en el paquete, que son casi más extremistas en su nacional-imperialismo. Por supuesto que el PNV es un partido de derechas y abiertamente pactista pero hay dos grandes problemas que pueden hacer esta alianza insuperable:

  1. Rajoy: el actual líder del PP es un candidato inaceptable, marcado no sólo por la corrupción extrema sino por un autoritarismo inaceptable, que se ha notado mucho en Euskal Herria y aún se nota, incluso en época electoral y de negociaciones de gobierno, sobre todo por las intervenciones dictatoriales contra el autogobierno de la CAV y Nabarra. Al PNV no le molesta el autoritarismo en general, que ejerce con soltura, pero sí cuando va contra sus propios intereses y actuaciones.
  2. Catalunya: aunque el PNV claramente no está ni quiere estar en la línea independentista al estilo catalán, le resultaría injustificable para con sus bases apoyar a un gobierno que sin duda va a intervenir contra las instituciones de la nación amiga de forma represiva creciente (ya lo está haciendo) y que se niega a negociar nada con las fuerzas nacionalistas catalanas.

Ya se verá en Octubre pero da la impresión de que, por mucho que los números den (o casi), el talante del PP y sus aliados naranjas, es algo muy intragable para el PNV. Pueden acordar austericidio, privatización salvaje, leyes represivas… pero no pueden acordar nacional-imperialismo español extremista. Y no se ve que el PP se vaya a bajar del burro en ese aspecto y mucho menos lo harán Ciudadanos, para quienes el nacionalismo español ultramontano es su principal pilar ideológico.

España es un estado fallido

Sea por el caciquismo mafioso de Rajoy, sea por los intereses de Sánchez y muchos otros líderes del PSOE, que (muy razonablemente) no tragan con la demanda de que sea el partido social-liberal el que apuntale el desgaste de los conservadores aunque esto suponga su suicidio político, sea porque el estado es incapaz en forma absoluta de reconducir a términos “razonables” el desafío separatista catalán (en gran parte por el extremismo del PP y C’s, que tiene sin duda grandes apoyos en la Gran Castilla o España-propiamente-dicha), el caso es que el Reino Bananero de España tiene dificultades de gobernabilidad extremas, crecientes y que sin duda van a agravarse en los próximos meses y años, al margen de que se constituya gobierno o haya nuevas elecciones (que no solucionarán nada).

Imagino que se constituirá gobierno en Octubre pero no tengo ni idea de cómo será, ya que es verdaderamente muy difícil que el PSOE (o el PNV más una “ausencia”) faciliten la investidura de Rajoy o incluso de otro miembro del PP, digan lo que digan Susana Díaz, Fernández-Vara, Felipe González o el Papa de Roma. Está clarísimo que eso es lo que quieren los poderes fácticos (CEOE, Bruselas, etc.) pero es algo que se enfrenta a dificultades extremas. Por otra parte un gobierno “de cambio” articulado en torno a PSOE y Unidos Podemos tiene también dificultades extremas: dificultades extremas para constituir una mayoría de legislatura (o C’s o ERC serían necesarias y sus condiciones son difícilmente asumibles), dificultades extremas para gestionar las imposiciones austericidas de Bruselas (contrarias a los programas de ambos partidos principales) y dificultades insuperables para gestionar la crisis independentista catalana (no tienen mayoría suficiente para reformar la constitución).

Con esta lógica debería seguir el encadenamiento de citas electorales, en Diciembre y, visto lo visto, de nuevo otra vez en Junio de 2017 quizá. Porque realmente nadie es capaz, sea por falta de escaños, sea por una actitud prepotente y destructiva, de gestionar los inmensos desafíos a los que se enfrenta el régimen post-franquista del 78 en la hora de su crisis. La única opción más o menos viable sería un gobierno estilo Monti de concentración, con apoyo del tripartito del régimen, que es el mismo que el que apoya a la Comisión de las puertas giratorias en Bruselas o a Angela Merkel en Berlín. Pero tampoco podemos ignorar los problemas extremos que estas políticas ultra-capitalistas conllevan para los llamados “socialistas” (es un decir) sea aquí, en Grecia, en el estado francés o en general en toda la Unión Europea. Quizá, más que el ya manido caso griego, el ejemplo más paradigmático puede ser el del PS francés bajo Hollande y Valls, cuya gestión derechista de tendencias fascistoides, imponiendo incluso el estado de emergencia permanente al estilo de EE.UU., les coloca casi como cuarta opción en algunas encuestas, por detrás del Frente de Izquierda de Mélenchon. El centro-izquierda europeo no ha desaparecido aún pero está sin duda en una encrucijada dramática, que empezó en Grecia pero que continúa de forma muy intensa en los estados español y francés sobre todo.

Y estos dos grandes estados de la Europa Latina, que suman más de cien millones de habitantes, son cruciales para la estabilidad improbable de una Unión Europea que acumula crisis tras crisis bajo el liderazgo inepto de Angela Merkel y Jean-Claude Junker, con muchísimas más posibilidades de romperse en mil pedazos que de recuperar el pulso y reciclarse en una estructura viable. Porque una entidad política, sea estado español o francés, sea Unión Europea, que no atiende a las demandas y necesidades de sus ciudadanos está abocado al colapso.

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